sábado, 1 de mayo de 2010

Arturo Rodríguez: “Imagino a Dios como un director de cine”

Por Luis Martin Gómez


La madrugada de un viernes, Arturo soñó que moría; aún no despierta, pero cuando lo haga,terminará la película que veía antes de quedar dormido.


Mis compañeros de oficina no quieren tomarse fotos conmigo desde que supieron que insistí en fotografiarme con Arturo Rodríguez tres días antes de la muerte de este talentosísimo crítico de cine, escritor y dramaturgo.

Fue durante la puesta en circulación de cinco nuevos libros del Banco Central, en la sala de lectura de la biblioteca de esa institución. Por más que les he explicado que necesitaba la imagen para cuando publicara esta entrevista con Arturo en Vivir del HOY, ellos sospechan que tengo “boca de chivo” para la parca.

Pese a ese rumor de cónsul del más allá, me siento orgulloso de esta foto con un Arturo que en esa ocasión estuvo como siempre: sarcástico, mala leche e ilusionado por la puesta en circulación de la colección de sus deliciosos artículos de la revista Estilos, celebración salpicada con mojito y humor negro que resultó ser la última aparición pública de Arturo como escritor.

Similar orgullo tengo por la entrevista que tuviera el honor de hacerle en La Cafetera del Conde, el 7 de junio de 2008, acerca de su libro de cuento El sabor de las hormigas, la cual transcribo aquí en tiempo presente, como pequeño homenaje a su memoria.

LMG En la obra de todo escritor hay continuidad y ruptura; en tu caso, ¿qué permanece de La búsqueda de los desencuentros, tu primer libro de cuento, y cuáles cambios planteas en tu libro más reciente, El sabor de las hormigas?
AR Lo que queda es que sigo buscando los desencuentros, y lo que ha cambiado es el sabor de las hormigas; es decir, ha variado mi forma de mirar la vida, pero permanece mi búsqueda de lo que no se va a conseguir.

Así como sucede con el también crítico de cine y cuentista Armando Almánzar, los cuentos de Arturo Rodríguez están llenos de referencias cinematográficas. El señala que muchos de sus cuentos son visuales y que tienen posibilidades de convertirse en películas. Le indico que el cuento Culpables, con su excelente flashback, podría ser un buen candidato para saltar de la página al celuloide, pero Arturo opina que ese cuento no da para un largometraje porque de incluir en el filme los espacios deliberadamente anulados en el texto, se echaría a perder la esencia de la historia. “Hay otros que pueden ser adaptados y me gustaría realizarlos yo mismo”, dice imaginando quizás el sonido de una claqueta.

Citas en cines cerrados
Arturo Rodríguez siempre anda lleno de proyectos y muchos nos preguntamos cómo organiza el tiempo para llevar a cabo las muchísimas cosas que hace y al mismo tiempo tener serenidad para planear un montón de otras.

Uno de esos proyectos, pospuesto temporalmente, es escribir Citas en cines cerrados, una colección de cuentos cuyas historias ocurrirían en el Rialto, Olimpia, Leonor, Elite, y otras grandes salas de cine convertidas actualmente en tiendas comerciales o estacionamientos de vehículos. Este libro hubiera incluido el cuento Sesión privada, que refiere la experiencia de Arturo como administrador del bien recordado Cine Lumiere.

LMG El protagonista de ese cuento, Alberto Arévalo, eres tú, sin dudas.
AR Te voy a contar lo que pasó en realidad. Yo estaba en mi casa durmiendo y la policía fue a buscarme en la madrugada para que la acompañara al cine Elite, que yo manejaba, para buscar una pistola que un espectador había olvidado en alguna butaca. La situación, que me produjo mucho miedo, me inspiró el tema del cuento, al que agregué detalles inventados.

Arturo Rodríguez es un exitoso dramaturgo, con varios premios ganados, y también el teatro se cuela de vez en cuando en sus cuentos, como en Feliz año nuevo.
“En el caso de este cuento fue intencional el tratamiento teatral porque lo que cuento ahí es parte de una gran farsa, es casi un vodevil, y lo escribí en un momento en que no me había decidido abandonar el teatro por un tiempo para meterme de nuevo en el cuento”.

Cortázar lo premió
Poca gente sabe que un jovencísimo Arturo Rodríguez ganó la primera mención en un concurso de cuento organizado por la revista Hispamérica, cuyo jurado estuvo integrado nada más y nada menos que por Julio Cortázar, Augusto Roa Bastos y Mario Vargas Llosa. En esa ocasión, Arturo quedó por encima de muchos escritores que hoy son famosos.

“Lo tragicómico de ese premio fue que la noticia salió publicada el mismo día del ciclón David, y nadie se enteró”, recuerda Arturo y se muere de la risa.

LMG A propósito de Cortázar, se nota el rastro de su estilo en tu obra, ¿cuáles influencias admites?
AR La de Cortázar, por supuesto, aunque ya yo escribía cuentos cuando lo leí, pero este autor me marcó muchísimo; no te podría decir qué otro autor influye en mi literatura.
LMG Me atrevo a señalarte esto: Los niños no salen bien parados en algunos de tus cuentos, como en Desaparecidos, Olimpia, o Muerte en Sosúa; ¿no temes que Patricia García, oficial de comunicación de UNICEF y amiga común, te llame para protestar por eso?
AR No creo. Lo que pasa es que hay algo que siempre me ha molestado: si muere una persona, era la mejor del mundo; si hablamos de un niño, tiene que ser lo más bonito, lo más simpático. Yo creo que las cosas hay que verlas en su justo lugar, hay niños formidables, pero los hay insoportables, de la misma manera que hay muertos intragables. Existe un tabú con decir que un niño es inaguantable, pero no te preocupes, algún día escribiré sobre alguno que no sea insoportable, como el del cuento Los demonios del ángel.

Dios como director de cine
No quisiera incluir en este trabajo la siguiente pregunta, pues además de evitarme en las sesiones de fotos, los escritores podrían negarse a concederme entrevistas para Yola yelou. Pero sucedió así, y jamás sospeché que ese Arturo rozagante aunque un poco pasado de libras que me habló en La Cafetera, no despertaría de un sueño la madrugada de un viernes.

LMG ¿Desearías, como el protagonista de Sesión privada, seguir viendo buenas películas después de muerto, en una sala de cine bien grande, y rodeado de tus amigos más queridos?
AR Claro que sí, ese sería el cielo. Creo en Dios como director de cine, y en la vida como una película; es la única manera de poder concebir el interés de un Ser que está por encima de nosotros en esto que vivimos. Dios es alguien que está haciendo películas constantemente con la vida de nosotros.


*El autor es periodista y escritor

**Entrevista disponible en www.youtube.com/yolayelou

1 comentario:

amores rotos dijo...

¡Qué triste! Acabo de enterarme en este blog de la muerte de ese gran director y amante del cine... Paz a sus restos!!!
Estaré leyendo la entrevista varias veces y la buscaré en youtube.

Gracias amigo escritor.