viernes, 13 de agosto de 2010

Andrés Neuman: “Pienso en la imaginación de lector antes que en la rentabilidad del autor”


Por Luis Martin Gómez


Narrador, poeta y ensayista argentino, autor del poemario Décadas, el libro de aforismo El equilibrista, los libros de relatos El que espera, El último minuto y Alumbramiento, y las novelas Bariloche, La vida en las ventanas, Una vez argentina y El viajero del siglo, por la obtuvo del premio Alfaguara de novela 2009

No se toma muy a pecho lo de los libros publicados ni los premios obtenidos, “a un escritor sólo debe interesarle el libro que está escribiendo o el que tiene en mente, lo demás es una especie de territorio quemado”, dice con convencimiento. Tampoco lo afecta el comentario del destacado escritor chileno Roberto Bolaños, quien consideró que la literatura del siglo XXI “pertenece a Neuman y unos pocos hermanos de sangre”.

Lo que sí lo abruma son los libros que no ha publicado y la auto exigencia de tratar de hacer que cada libro sea mejor que el anterior, algo que parece haber logrado con su obra El viajero del siglo, premio Alfaguara de novela 2009.

Nacido en Argentina y residente en España, Andrés Neuman sufre en carne propia el síndrome de desubicación espacial que experimentan los personajes de Wandernburgo, una ciudad literaria de localización imprecisa cuyas fronteras, calles y monumentos, cambian de lugar continuamente.

LMG ¿Influyó tu dualidad geográfica en la invención de Wandernburgo, el escenario de tu premiada novela El viajero del siglo?
AN Seguramente que sí. Hay muchas formas de abordar la extranjería y una de ellas, la más clásica y personalizada, es contar directamente la experiencia de la emigración, lo cual ya hice en mis anteriores novelas. Con El viajero del siglo, en cambio, me interesaba buscar una metáfora un tanto más universal, un lugar que fuera fronterizo en sí mismo, la frontera de las fronteras, o la ciudad más extranjera posible. En Wandernburgo no hay forma de arraigarse, de aclimatarse, porque en esa ciudad las cosas cambian de lugar constantemente. Es un lugar que no se sabe dónde está y representa precisamente la experiencia de alguien que es esencialmente híbrido como yo, que siento que una parte de mi está siempre en otro lugar, no importa dónde me encuentre.

Wandernburgo podría ser, para el universo literario de Andrés Neuman, el Yoknapatawpha del norteamericano Faulkner, el Macondo del colombiano Gabriel García Márquez, o el Comala del mexicano Juan Rulfo. ¿Aparecerá esa ciudad en otra obra de Neuman o desaparecerá, como por arte de magia, en uno de esos vaivenes que la caracterizan?

AN En realidad, tenía la intención de trasplantar la experiencia propia del boom literario latinoamericano a un territorio todavía muy virgen como es el de la tradición latinoamericana en Europa. Wandernburgo es un lugar mítico que, salvando las enormes distancias en términos estrictamente narrativos, guarda relación con el Comala de Rulfo, específicamente cuando el viajero llega a Wandernburgo en un carruaje y encuentra que no hay nadie y percibe un silencio propio de una ciudad que estuviera conteniendo la respiración. Sí, yo tenía eso en mente; lo que no tenía en mente a priori era hacer otra novela que transcurriera en Wandernburgo, porque pienso que eso debería surgir de forma espontánea. Creo que el que escribe una saga deliberadamente está usando una maniobra que tiene que ver poco con la improvisación más genuina del acto de escribir. No creo mucho en el que premedita seis libros, creo más en el que se va asombrando a medida que escribe. Uno debe pensar en la imaginación del lector y no en la rentabilidad del autor.

Viaje de invierno

Andrés Neuman es hijo de músicos clásicos y quizás los lieder de Viaje de invierno, del vienés Franz Schubert, ensayados por sus padres y su hermano, le facilitaran la creación de El organillero, personaje que retrasa la partida de Wadernburgo del protagonista Hans y le permite vivir una historia de amor, aventura y debates filosóficos.

AN Bueno, Hans tiene realmente tres razones para quedarse en Wandernburgo: la primera es el organillero, la segunda es su relación erótica con Sophie, y la tercera es ese poderoso imán que tiene Wandernburgo, una ciudad horrible que no deja escapar a sus visitantes. Pero sí, con el organillero hago un homenaje a mis padres músicos, y al mismo tiempo, ese personaje actúa como un cordón umbilical con la música que me remonta directamente a mi infancia, y a una razón de vida, porque la música ha sido para mi familia una forma de vivir. Me gusta pensar que la manivela que gira el organillo es como el secreto de por qué el mundo sigue girando.

Andrés Neuman define El viajero del siglo como una novela futurista del pasado, una ciencia ficción rebobinada, un diálogo entre dos momentos históricos distintos, el siglo XIX y el siglo XXI, que sin embargo parecen tener temas comunes.

AN La novela se apoya en una maniobra literaria que es la de rebobinar la ciencia ficción, es decir, recrear una ficción que finge estar en siglo XIX pero que selecciona una serie de conflictos o de acontecimientos que más bien sirven para reflexionar sobre nuestro tiempo. ¿Significa que no hemos avanzado? No exactamente, porque en realidad ese supuesto pasado del que habla la novela tiene mucho que ver con los orígenes del presente; fíjate que el XIX no es cualquier siglo, es el siglo que da comienzo a la revolución industrial, el siglo de la caída de Napoleón y del escepticismo acerca de las revoluciones que produjo a su vez las revoluciones de izquierda; fue cuando se gestó el feminismo, cuando se inventó el ferrocarril que aceleró el ritmo de la vida, en fin, se trata de un pasado que tiene muchísimos puntos en común con el presente.

Alcalde de Wandernburgo

LMG Siendo por derecho propio el alcalde de la ciudad que has inventado, ¿cuáles tres cosas prohibirías y cuáles tres obligarías a hacer para que fuera una mejor ciudad?
AN Creo que Wandernburgo es una ciudad muy horrenda porque hay demasiadas prohibiciones y demasiadas obligaciones. Yo prefería levantar algunas prohibiciones en lugar de imponer otras. Por ejemplo, promulgaría el sexo libre, pondría mas teatros, porque Wandeburgo es muy aburrida y por eso los habitantes se desesperan y hablan y sueñan todo el tiempo; y quizás Wanderburgo necesite un poco más de carnaval y un poco menos de iglesias. Allí hay un cura muy divertido que lleva anotaciones en un libro que se llama Libro sobre el estado de las almas, donde por un lado lleva las cuentas de la iglesia y por otro el estado de las almas de los feligreses; yo le daría vacaciones al párroco para que la gente pueda divertirse un poco más.

El autor es periodista y escritor
Entrevista en video disponible en www.youtube.com/yolayelou

2 comentarios:

Víctor Manuel Ramos dijo...

Buenas preguntas, interesantes respuestas.

Elizabeth Quezada dijo...

Maravilloso escritor, el argentino Andrés Newman. Tiene mucho que dar. Me encanta, por otro lado, tu sagacidad como entrevistador...se nota que además eres muy buen escritor, LM.

Un abrazo.
Elizabeth Quezada