lunes, 3 de septiembre de 2018

Palabras de presentación del libro “Voces propias”, de René Rodríguez Soriano


Señores y señoras:

Agradezco al escritor y amigo René Rodríguez Soriano haberme invitado a presentar su libro “Voces propias: conversaciones”.

Debo decir que René “me puso esta multa” después que alguien le envió el video con mi presentación de esta misma obra realizada en el Banco Central de la República Dominicana, institución que la editó dentro de su prestigiosa colección bibliográfica y que la puso a circular el pasado 17 de julio.

Me pregunto si René me habría llamado para esta “re- presentación” si mi opinión sobre su libro hubiera sido desfavorable; probablemente no, aunque, por otra parte, nunca he aceptado presentar, o hacer una entrevista sobre, obras con deficiencias. En esos casos, prefiero, si el autor tiene un ego moderado y no tiene arma de fuego a la mano, darle mi opinión personalmente, por si le sirve de algo para la segunda edición o para animarlo a quemarla, si el texto es definitivamente insalvable.

No es el caso, por supuesto, de “Voces propias: conversaciones”, y creo que por eso José Alcántara Almánzar, director del Departamento Cultural del Banco Central, me pidió presentarla en la puesta en circulación de julio. Sabía que “iba en coche”, porque este libro es periodismo y es literatura, ámbitos en los que me muevo, con algunas pausas involuntarias.

Rodríguez Soriano, oriundo de Constanza, ha ido creando una numerosa obra de apreciable calidad, merecedora de varios de los más importantes premios nacionales, por lo que es considerado uno de los más notables representantes de la llamada “generación del 70” de la literatura dominicana.

A sus libros de cuento, poesía, novela y ensayo, suma ahora este de entrevistas a escritores, críticos literarios, artistas visuales y cantantes, logrando una obra en la que destacan la pericia técnica y el lenguaje poético.

No debe sorprendernos este balance positivo. Rodríguez Soriano estudió comunicación y ha ejercido el oficio durante muchos años, de manera que conoce y domina el género de la entrevista. Y es poeta, todo el tiempo, aún en la narrativa, donde no se permite una descripción simple, no importa que lo amenacen con excomulgarlo, sacando a cada palabra todas sus posibilidades lingüísticas. Créanme, nunca baja la guardia, cualquiera describe una letrina como lo que es, un cajón con techo y un agujero, pero René se las ingenia para descubrir la mariposa que se posa en la esquina del zinc que fosforece por el reflejo del avión en que llegaron los guerrilleros del 59.

Con su infalible arsenal técnico, con su pincel de letras que da colorido y brillo a las frases más pedestres, con el ritmo interno del texto propio de un maestro de jazz; el autor nos ofrece en “Voces propias…” una selección de sus mejores entrevistas, que se disfrutan tanto por las respuestas de los entrevistados como por la forma lúdica, desenfadada, en que el entrevistador formula las preguntas.

Sabemos por la periodista y escritora italiana Oriana Falacci que en una entrevista lo verdaderamente importante son las preguntas. Rodriguez Soriano está consciente de esto y recrea creativamente las mismas seis o siete cuestiones que, salvo algunas excepciones, soportan la estructura de estas conversaciones, a saber: por qué se escribe, para qué sirve la literatura, manías y rituales del escritor, quiénes le han influido, la lengua como instrumento artístico, y la promoción de la literatura dominicana en el exterior.

En otras palabras, a través de estos diálogos el autor muestra la tozudez de este grupo de tipos raros que insiste en un arte que pierde terreno, sus estrategias para sobrevivir, la palmada a los amigos que van contigo en el avión que se cae: “todo estará bien, todo estará bien”, dices, y todos sonríen sabiendo que en segundos quedarán hechos papilla y estadística oficial.

En manos de un periodista técnicamente puro, de un entrevistador clásico, estas cuestiones, repetidas de igual forma tantas veces, hubieran resultado aburridas, insufribles. Rodriguez Soriano, con su peculiar manera de formularlas, las hace interesantes, atractivas para el lector.

Lo mismo pasa con las respuestas. Rara vez son literales, es decir, una transcripción fiel de lo que el entrevistado dijo. El autor las “romancea”, es decir, las transforma sin traicionar la esencia de lo dicho, lo cual no es pecado, por el contrario, es un recurso legítimo, como bien señala el periodista español Miguel Ángel Bastenier en su obra “El blanco móvil”.

Me parece que estas entrevistas de Rodríguez Soriano están hechas a mano alzada, solo con lápiz, papel y nostalgia, es decir,  sin grabador, ni cámara de video, ni teléfono inteligente; por eso da la impresión de que las respuestas se completan con la imaginación, ficción que rellena la imprecisión documental, (como sucede con los guías no autorizados de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, que cuando les falta información, cuando les falla “la botella”, llenan los espacios con invenciones no detectadas por la ingenuidad del turista que escucha admirado la historia de un Santo Domingo poblado de reyes, condes y duques que nunca pisaron nuestras calles, o ve con ingenuidad cómo cambian de sitio los monumentos, que por la magia del “cicerone” caribeño se hacen flexibles, movedizos, como las fronteras en la novela “El viajero del siglo”, del argentino Andres Neuman).

Un detalle sobresaliente en estas entrevistas hechas por Rodriguez Soriano son las introducciones. El autor descarta el tradicional dato biográfico, la ubicación espacio-temporal, los detalles banales de peinado, vestido y diseño de las tazas de café, tan del gusto de los lectores de HOLA, y en cambio elige entradas contundentes que atrapan al lector desde la primera oración y no le dan tregua hasta que es momento de escuchar la voz del entrevistado.

Estas introducciones representan la oportunidad para que el entrevistador se deje ver de cuerpo entero, mostrando una singular originalidad, un acento propio, una marca de identidad que permite diferenciar estas conversaciones de cualesquiera otras que les hayan hecho y que quizás harán en el futuro a estos mismos entrevistados. Hay suficientes para mostrar pero comparto con ustedes solo un fragmento de la que el autor hizo para la entrevista a la escritora dominicana Martha Rivera; cito:

“A Marta la conozco casi desde siempre, desde un antes de ayer en que una paloma breve daba vueltas sin detenerse en la carpeta del pecho o en los aeropuertos de la ausencia. Pienso que la conozco y creo que sé de ella tanto o tan poco como el bombero sobre el fuego o el marino sobre el mar. No domino a plenitud los instrumentos del vuelo para llegar hasta donde ella oficia los enigmas del poema. Asumo que es poeta por los ramalazos de luz con los que me destella la palabra que encienden sus dedos sobre la página en blanco y me dejan sin habla la pericia y la gracia con las que cabalga sobre la lengua”.


(Quien haya leído otras cosas de este autor, sabrá que en ese fragmento de texto esta René Rodriguez Soriano en estado puro).

Estoy seguro de que, además del manejo exquisito de la prosa poética, ustedes habrán notado en ese botón de muestra otro elemento que caracteriza a estas entrevistas de René: la complicidad. Contrario a la mayoría de los entrevistadores, que actúan como gladiadores que buscan acorralar y derrotar al entrevistado, René se identifica con su interlocutor, poniendo en práctica una empatía que le permite obtener revelaciones e intimidades sin necesidad de golpes bajos.

Pero ojo: el entrevistador no es necesariamente complaciente; sucede que sabe ponerse astutamente al lado de su entrevistado, confundirse con él, para sacarle los recuerdos y emociones que en otras circunstancias no confesaría.

Truman Capote, el polémico periodista y escritor estadounidense, usaba esta técnica con excelentes resultados. Cuando el entrevistado se mostraba demasiado alerta o se negaba a abrirse a algunos temas, Capote confesaba primero cosas terribles de él mismo (reales o inventadas) y motivaba a que su interlocutor se sintiera confiado y admitiera cosas parecidas o peores. Marlon Brando, el famoso actor estadounidense, fue uno de los que cayó en esta trampa de Capote; al respecto, se quejó diciendo: “El pequeño hijo de puta se pasó media noche hablándome de sus problemas. Pensé que lo menos que podía hacer era contarle algunos de los míos”.

Christopher Silvester, en su obra “Las grandes entrevistas de la historia”, revela la técnica de Capote; cito:

“Si uno está pasando un mal rato con un entrevistado, hay que cambiar los papeles. El entrevistador comienza por hacer pequeñas confidencias más o menos del mismo tipo que las que uno espera sonsacarle al entrevistado. Este no tardará en decir algo como: “Tiene razón, mi madre también se fugó con cinco fontaneros” (...) o “Si, también mi padre se robó un banco y pasó diez años en la cárcel. No es extraordinario que nos hayan sucedido cosas tan similares a los dos”... A partir de ahí, no hay más que tirar del hilo”.


René Rodríguez sabe meterse en la piel del otro y “tirar del hilo” hasta que obtiene lo que anda buscando, con la diferencia respecto al sinuoso Capote de que René está del lado del entrevistado y su objetivo es que “los secretos” del autor y su obra beneficien a la literatura y a los lectores.

Por supuesto, René lleva la ventaja de que sus invitados consienten ser interpelados. No le ha tocado -o eso creo- alguien como el inglés Lewis Carrol, que sentía tanto horror por las entrevistas que nunca concedió una; o como el también inglés Rudyard Kipling, quien consideraba que ser entrevistado era una inmoralidad; o el checo Milan Kundera, que se queja del “fascismo de las preguntas”.

Le ha tocado, por el contrario, gente amable como Marcio Veloz Maggiolo, Juan Carlos Mieses, Roberto Marcallé, José Mármol, Sergio Ramirez, Casandra Damirón, Manuel Salvador Gautier, Manuel Garcia Cartagena, Fernando Valerio Holguin, y una treintena más de personas con plena conciencia de la importancia de la entrevista como una ventana por la que miramos hacia el interior del artista, y al mismo tiempo, vemos a la sociedad y sus afanes.

Es posible que no encuentren en estas entrevistas detalles curiosos como la necesidad de los escritores de perder el tiempo, de la soledad como requisito para crear, de manías singulares como la del estadounidense Ernest Hemingway de llevar una castaña y una pata de conejo en el bolsillo derecho del pantalón, o la del italiano Antonio Tabucchi de escribir siempre en un cuaderno escolar con tapa negra y lomo rojo, o la del belga Georges Simenon de ponerse siempre la misma camisa para escribir.

También es posible que lo que se pregunta y responde en este libro se haya dicho en otras ocasiones. Estas conversaciones son, como dice el autor, “Ecos de otras voces”, pero que en la caja de resonancia creada especialmente por René Rodríguez Soriano, adquieren otra sonoridad; es como el Boy Scout parado en la montaña de Constanza, que echa un grito para comprobar cómo rebota y su voz vuelve con trinos de aves y susurros del arroyo.

Adenda: Creo que este libro de René tiene el pedigrí, la denominación de origen, que lo hace merecedor de sumarse con orgullo a la obra de este autor, considerable en número, variada en su registro, y alta en calidad, que lo acerca cada vez más al máximo reconocimiento de las letras dominicanas.

Termino estas palabras aventurándome temerariamente con algunas predicciones “astrológicas”, haciendo, eso sí, uso de “códigos crípticos” para protegerme de las demandas legales o de maleficios preparados en San Juan de la Maguana. Intuyo que René no obtendrá el premio antes que NJ, EC, JCM o LD; pero sí es posible que lo logre antes, si bien por una cabeza- debido a lo cual habrá que hacer foto-finish- que AGR. PAV, con muchas posibilidades de alzarse con la presea, tiene la desventaja de la juventud (en realidad él es más viejo de lo que dice su cédula pero falsificó el acta de nacimiento para quitarse unos años y poder ingresar a un equipo triple A de béisbol cuando era adolescente y ahora está pagando las consecuencias); además, PAV es de las Aguilas Cibaeñas, y ya sabemos, está condenado a perder; le he recomendado cambiarse a las Estrellas Orientales pero no cree que éste, como siempre desde hace cuatro décadas, sea el año verde. Se cae de la mata que René ganará antes que MP; si sucede después, entonces habrá que cerrar el país o dejar que lo invadan los haitianos. Por cierto, ante esa potencial tragedia, tengo visto un sitio en Málaga donde un dominicano puede vivir a gusto: mismo clima, mar a mano pero sin basura plástica, gente simpática y solidaria igual que nosotros, que habla el español tan mal como nosotros; es más, tiene media docena de corruptos notables, o sea, es como para sentirse en casa, aunque con transporte público organizado. Lo menciono, digo, por si René, que vive en Estados Unidos, se harta de las sandeces de Trump y prefiere deambular por la calle Larios o comer pescaito en “El Pimpi”, vino en la mano izquierda, laptop en la derecha, la vista puesta en el remolino de luz y sonido que generan los trajes multicolores de las gitanas.

Muchas gracias.
 
Palabras pronunciadas en el Centro Cultural Banreservas, 15 de agosto de 2018

miércoles, 17 de enero de 2018

Canzoni agrodolci e sventati aquiloni: dal giornalismo all’invenzione letteraria

Danilo  Manera

Luis Martín Gómez è nato nel 1962 a Santo Domingo.

Ha lavorato a lungo come giornalista e annunciatore del telegiornale in una rete televisiva molto seguita. Più di recente, ha animato il programma culturale di interviste “Yola yelou”. Come videomaker ha realizzato prodotti di comunicazione per il PNUD, l’UNICEF, l’Agencia internazionale per lo sviluppo, e varie associazioni della società civile, fondazioni e Ong dominicane. Dopo aver partecipato negli anni Novanta ai concorsi di Casa de Teatro e Radio Santa Maria, ricevendo più volte premi, incoraggiato dal magistero e l’apprezzamento di due grandi narratori dominicani, José Alcántara Almánzar(1946) e Armando Almánzar Rodríguez (1935-2017), ha raccolto i suoi testi in Dialecto (Santo Domingo, El Arco y la Lira, 1998), che meritò il Premio nazionale per il racconto del 1999 e lo fece conoscere nell’ambiente letterario. Da questa raccolta traduciamo dieci racconti rappresentativi diun ventaglio di tematiche incisive e soluzioni tecniche complesse, sempre con uno sguardo acuminato e per niente convenzionale.

L’autore affronta anche problemi drammatici, non solo dominicani, come il mondo infantile che si difende con la fantasia dalla ferocia degli adulti (Santiago, Joselito, Luis) o la vicenda di una giovane donna che, nonostante la pazzia provocata dalla sua reazione alla violenza del padre, riesce a vendicarsi del proprio carceriere, il medico che l’ha in cura (Anita, la Principessa). C’è uno stupro anche nella storia di In transito, che va immaginato negli anni Ottanta, quando erano appetibili le borse di studio per l’Unione Sovietica o i paesi dell’Est. La narrazione è condotta su tre piani: la vittima con la sua testimonianza scombinata, il giornalista che vuole costruirci sopra una notizia bomba e il narratore onnisciente che un po’ puntualizza e un po’ rimescola le carte, tanto che il giornalista e gli assalitori finiscono per sovrapporsi. Altre volte spunta una dose di ironia tinta di tragico, come nell’aspirante scrittore ossessionato dal non commettere sbagli e non lasciare in giro brogliacci, che finisce per bruciare insieme alle sue bozze (Nessuna traccia) o nel pubblicitario che si infila gli auricolari per ascoltare i compositori preferiti e isolarsi dal lavoro e dal mondocircostante, fino a non rendersi nemmeno conto di un incidente fatale (Momenti di musica). Juke-box di sogni parte invece dal genere di canzone melodica dominicana più popolare, la bachata, musica di amarezza e disamore, di nostalgia e smarrimento, i cui testi sono spesso lamenti per l’abbandono di una donna che spezza il cuore. E il protagonista, in un bar malfamato, mischia alcol e brani di un grande musicista, Víctor Víctor (1948), per ricostruire nel ricordo l’amata perduta. Solo che alla fine, quando quasi ci riesce, rivela che è stato lui a ucciderla.

La tendenza dell’autore al microracconto e alla narrazione fulminea, già visibile nel suo primo libro, fiorisce compiutamente in La destrucción de la muralla china (Santo Domingo, Cole, 2003) da cui ricaviamo trentuno racconti fulminei o corti e uno più lungo, quello omonimo. Negli scritti brevi pulsa il senso del rovescio e del paradosso, la prospettiva a testa in giù del pipistrello, o delle valigie che si infilano dentro i passeggeri. Luis Martín Gómez ha una spontanea simpatia per chi si mette di sghimbescio a suo rischio e pericolo, per gli sfortunati e gli strampalati, come il bibliotecario che finisce in manicomio, ma anche lì “trasforma le foglie degli alberi in racconti e i fiori in poesie” o il Che Guevara che si smarca dall’uso indegno del suo ritratto; l’uomo invisibile geloso che cerca la moglie nei sogni degli altri o il pifferaio di Hamelin che fa annegare una turba di politici con motivetti popolari. Ciò gli permette di rilevare una ragnatela di manie e inciampi, meschinità e trappole, regalandoci con le sue storie un piccolo sistema d’allarme – che a volte canticchia e altre volte scortica – contro l’insulsaggine e la viltà.

La distruzione della muraglia cinese, è stato scritto all’inizio di questo secolo (i fatti di Piazza Tienanmen sono del 1989 e la spedizione del Mars Polar Lander è del 1999), quando la situazione dei diritti civili e il controllo su internet in Cina erano ancora più stretti e punitivi, ma il suo messaggio libertario è ancora ben attuale. Il paese più popoloso del mondo è visto da un remoto villaggio di frontiera di uno degli Stati più piccoli del pianeta e si mescolano tre voci: quella del dissidente cinese, quella dello scolaro rurale Toño e quella del giornalista che sta scrivendo un reportage. E alla fine forse tutto germina dalla tendenza di quel giornalista a trasformare tutto in letteratura.

Luis Martín Gómez vinse nuovamente il Premio nazionale per il racconto nel 2009, grazie a Memoria de la sangre (Santo Domingo, Mar de tinta, 2008), un libro che osa scendere con le sue storie nelle viscere di un’epoca terribile, i “Dodici Anni” del governo oppressivo di Joaquín Balaguer, durati dal 1966 al 1978. Balaguer (1906-2002) fu per lunghi anni uno stretto collaboratore del dittatore Rafael Leónidas Trujillo, suo ministro e presidente fantoccio quando Trujillo fu assassinato nel 1961. Il convulso periodo che seguì vide il governo democratico di Juan Bosch, abbattuto da un colpo di stato militare che lo costrinse all’esilio, poi la Rivoluzione dell’aprile 1965 dei costituzionalisti, soffocata dall’intervento statunitense. Balaguer vinse tre volte le elezioni, sostenuto dagli USA e in un clima di intimidazione e violenze contro gli oppositori. Il suo governo fu segnato dagli omicidi politici e la repressione, con un soffocante sistema poliziesco e spionistico. Furono anni di torture e sparizioni, abusi e terrore.

Attraverso la finzione, l’autore ci restituisce quell’atmosfera nell’episodio di un rivoltoso freddato durante una visita alla famiglia (Cantale “La cucaracha”, ispirato alla morte dell’attivista politico Amín Abel Hasbún nel 1970); nello schifo del giovane lettore di Balaguer (il tiranno era ormai cieco), che vorrebbe punirlo, o almeno toglierli il sonnifero perché lo tormentino le atrocità commesse (Dormicum); nell’attesa eterna e impaurita della fidanzata di un latitante, che ritira rocambolescamente le lettere dell’amato (Non piangere che dicembre arriva presto, racconto in cui si fa riferimento al sequestro del colonnello dell’ambasciata statunitense Crowley nel 1970, per la cui liberazione furono rilasciati numerosi prigionieri politici, ma che scatenò un’ondata di persecuzioni indiscriminate). E nel quarto e ultimo racconto che proponiamo, Memoria del sangue, un giornalista costretto ad abbandonare il mestiere proprio per le angherie e censure del regime balaguerista torna anni dopo al lavoro come innocuo reporter di eventi sociali e scopre in un ospizio l’ex capo della spietata polizia balaguerista, dimentico e dimenticato, ma in cui può ancora smuovere il ricordo dei cruenti delitti commessi.

Questo scavo all’indietro si accentua nel primo romanzo di Luis Martín Gómez, Rumor de río(Santo Domingo, Mar de tinta, 2016). Il protagonista-narratore si rivolge al padre, ormai smemorato per via dell’Alzheimer, rievocando la propria infanzia e prima adolescenza nel quartiere EnsancheOzama, sulla sponda orientale del fiume che bagna Santo Domingo, proprio in quei cupi e frustrati anni Settanta. “A te il ricordo è scappato via come una fidanzata infedele e me mi perseguita come un’amante ossessionata,” dice al padre. Ma i frammenti che via via recupera del passato sono come fermentati dalla distanza, un po’ alla maniera del grande maestro Marcio Veloz Maggiolo (1936), secondo il quale la memoria è come un mulinello che sposta e confonde, senza lasciare nulla di stabile e nitido, miscelando le fonti proprie e altrui. Alla fine una banda di ragazzini, cercando in un terreno incolto armi e cibi in scatola sotterrati durante la rivoluzione dell’aprile 1965, finisce per provocare involontariamente la cattura di un gruppo di guerriglieri, grazie all’intervento di un informatore della polizia di Balaguer, l’italiano Don Giácomo, appassionato di musica lirica e figlio di un riparatore d’organi innamoratosi d’una mulatta. Ma attorno a questo motivo centrale, che esplode come una bomba a orologeria causando il senso di colpa del protagonista, ruota uno sciamedi storie minime, umanamente bislacche, sotto il cielo torbido della Storia grande e sfuggente. Con in più la straordinaria abilità dell’autore nel riprodurre il linguaggio popolare e il gergo infantile, anche nei particolari scabrosi. La sua scrittura, che sapeva prima ridursi a gocce – di pioggia, di aceto o di miele –, scorre qui come un fiume, dragando le voci di un quartiere e trasformandole in finzione appena prima che l’oblio se le porti via.

Luis Martín Gómez ha anche scritto significativi libri per l’infanzia: Mamá, a aquellacaracola le está naciendo un mar (2004; Premio nazionale di letteratura infantile 2003), El hombregrama y otros cuentos verdes y pintones (2010) e Mami: Operación elefante (2014).

Dal 2005, è Direttore del Dipartimento di Comunicazione della Banca Centrale della Repubblica Dominicana. A vederlo un tempo leggere e commentare le notizie al telegiornale della sera, con la sua voce elegante e morbida, impeccabilmente vestito e infallibilmente pettinato, così come a vederlo ora dietro la sua scrivania o in una conferenza stampa, sempre pacato e diplomatico, con lo schietto sorriso delle sue origini mediterranee (padre spagnolo, madre d’ascendenza libanese), non si assocerebbe facilmente la sua immagine elegante e misurata con la sua narrativa, così inquieta e policroma, a tratti sperimentale e poetica.


Ma le apparenze ingannano: i suoi reportage brillano per coraggio e coscienza, imparzialità e rispetto. E come giornalista conosce da dentro la paradossale situazione che ci coinvolge un po’ tutti, sostanzialmente disinformati in mezzo a una valanga di informazioni, proprio come gli abitanti di La Notizia, che abitano fisicamente tra le lastre dei giornali, ma ritrovano memoria e dignità solo imparando a decifrarle. È così che il giovane Juan scopre sulle pareti delle catapecchie la verità che lo riguarda. E la letteratura è per Luis Martín Gómez un diverso modo di vedere, sentire e toccare, strettamente legato all’emozione. C’è forse dunque nelle sue pagine soprattutto un semplice ma caloroso invito a spingersi oltre, a sillabare con cura, a sognare senza telecomando, “come uno che guarda per la prima volta in un telescopio e si trova all’improvviso di fronte a una stella immensa”, meritando così di veder comparire la libellula fosforescente del tamarindo, che somiglia al “diamante che la luce disegna quando attraversa le lacrime".

Luis Martin Gómez: Non piangere che dicembre arriva presto. A cura di Danilo Manera. Robin Edizioni, Torino, 2017.

miércoles, 12 de octubre de 2016

El Rumor de río de Luis Martín Gómez

Por Fernando Casanova 

El uso de la primera persona, cuando se narra una historia en una novela o cuento, nos lleva irremediablemente a Marcel Proust. Específicamente a aquel momento en el que el protagonista moja un bizcochito en su té, con ello Proust recurre a la magia de un tiempo lento y moroso para traernos el olor y el sabor de un pasado recreado en líneas de escritura. “Recuerdas, padre, el canto de las aguas al amanecer?” Es la frase mágica que utiliza Luis Martín Gómez para llevarnos directamente al pasado cercano. El ensanche Ozama con su río homónimo como escenario en la que un trío de carajitos, Felo, Chago e Ito, le dan vida a los recuerdos y a la historia de un barrio que fue ensueño para ellos y que ya no lo es más, salvo en la memoria de éste “Rumor de río” de Luis Martín Gómez.

“En el ensanche Ozama, barrio de Santo Domingo, localizado a orillas del río Ozama, un grupo de niños inicia la búsqueda de unas armas enterradas durante la Revolución de Abril de 1965, incidiendo, sin proponérselo en el desenlace fatal de una célula guerrillera que luchaba contra el gobierno de los Doce Años…”. Así se describe la trama en la contraportada de la novela corta o cuento largo titulado “Rumor de Río” que acaba de publicar el escritor dominicano Luis Martín Gómez. Los temas de la literatura dominicana han sido más bien rurales, por ser la República Dominicana del pasado reciente muy rural. La caña y los braceros con Over, de Marrero Aristy, o la vida campesina y las revueltas civiles dominicanas del siglo XIX con La Mañosa de Juan Bosch, han sido las cimas de una narrativa muy costumbrista de estilo decimonónico, y escritores formados en la tradición costumbrista del criollismo latinoamericano.

En éstos tiempos, con una visión distinta de lo latinoamericano y sin tanta vida rural, ha sido en los barrios donde se han formado la mayoría de los escritores contemporáneos de nuestro país. Con Marcio Veloz Maggiolo, Andrés L. Mateo y ahora con Luis Martín Gómez entramos a los callejones y patios de nuestros barrios. Villa Francisca y ahora el ensanche Ozama, de los últimos años del siglo pasado reviven en las páginas de estos escritores. Un rumor de río o de callejón están dándole forma a la memoria nostálgica de quienes hoy tienen entre 50 y 70 años. Las naciones necesitan de la nostalgia igual que los individuos. Con ella, la nostalgia, es con la que se puede limar lo desagradable y que aflore lo que una vez fue presente y que ahora quiere permanecer para siempre en nuestro futuro.



Fuente: http://www.elcaribe.com.do/2016/10/12/rumor-rio-luis-martin-gomez

(Rumor de río está disponible en Amazon.com y en el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana).

martes, 4 de octubre de 2016

“Somos tierra de narradores, si fuera de poetas nos salvaríamos”

El escritor y periodista acaba de publicar su primera novela “Rumor de río”, la cual se encuentra a la venta en Amazon y en el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana.

Por Alfonso Quiñones

SANTO DOMINGO. Luis Martín Gómez (Santo Domingo, 1962) es un abuelo joven y atildado, amistoso y sonriente. Detrás de su buró, no se puede pensar que sea el escritor que es.
Ganó dos veces el Premio Nacional de Cuento (1999 y 2009); el Premio Nacional de Literatura Infantil (2003); en el 2002 obtuvo el Premio Virgilio Díaz Grullón de cuento; 1er Lugar en el Concurso de Cuento Radio Santa María, 1995. Ha publicado: Rumor del río 2016; Mami: Operación elefante, 2014; Mar adentro: entrevistas en Yola yelou, 2013; El hombre grama y otros cuentos verdes y pintones, 2010; Memoria de la sangre, 2008; Mamá, a aquella caracola le está naciendo un mar, 2004; La destrucción de la muralla china, 2003; Juke-box di sogni (Vellonera de sueños), 2002; Dialecto, 1999.


—¿Cómo surgió la idea de la novela? ¿Está basada en hechos reales?
La idea central es ficción pero casi todos los episodios que la soportan sucedieron más o menos así, con variantes deformadas por el recuerdo difuminado o la imaginación. La novela se me ocurrió mientras escribía Memoria de la sangre, colección de cuentos ambientados también en los 12 años de Balaguer.

—¿El cuento fue un cuento para luego saltar de género?
No, sigo sintiéndome cuentista, por lo menos, trabajo ese género con más comodidad. Pero quiero ver cómo me va con otros géneros. Esta novela es un primer atrevimiento. (Creo que tú manifestaste el deseo de que yo experimentara con un texto de largo aliento; te he complacido).

—¿Se presentó en la feria?
No, no se hizo acto de puesta en circulación. He anunciado la publicación con una nota y mis hijos se están encargando de la promoción por las redes sociales. El libro está disponible en Amazon y en el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana, a beneficio de esa institución.

—¿Seguirá de novelista?
Me ha gustado la experiencia y creo que intentaré otra más adelante; ahora empecé a escribir una obra de teatro (oye que riesgo estoy tomando); espero salir a camino.

—¿Qué novelistas le han aportado más?
García Márquez y Cortázar. Del primero he aprendido a encontrar temas insólitos, singulares, en los intersticios de la cotidianidad; el segundo me ha enseñado a usar el humor en la literatura, a jugar con ella.
 
—¿Esta es tierra de poetas o de narradores?
De narradores; si fuera de poetas, nos salvaríamos. Pero denunciamos demasiado y soñamos poco.

Fuente: http://www.diariolibre.com/revista/cultura/somos-tierra-de-narradores-si-fuera-de-poetas-nos-salvariamos-AM5097626

domingo, 2 de octubre de 2016

Comentario de José Alcántara Almánzar sobre Rumor de río

Un padre que ha perdido la memoria y se halla extraviado en los laberintos del olvido; un hijo que intenta reconstruir un pasado compartido; una memoria propia que en parte es también la del padre; un colectivo signado durante décadas por una represión feroz que llevó a muchos a la tumba, y más tarde por la contrainsurgencia con la que se pretendía aplastar los últimos vestigios de rebeldía popular. Todos estos elementos confluyen en el meollo deRumor de río, de Luis Martín Gómez, un texto que cabalga entre el relato extenso y la novela corta, sin que importe mucho la clasificación genérica, pues lo que en verdad cuenta es el aliento poético de la pequeña obra, como se advierte desde el principio con “Remolino” y en otras muchas páginas, incluido el final (“Recuerdos”).


Conmovido por la desmemoria del padre amado, el personaje-narrador lleva a cabo una ardua empresa que consiste en rehacer lo que ocurrió en su niñez y adolescencia: recomponer el mapa barrial del Ensanche Ozama, urbanización modélica construida por Trujillo para militares y asimilados, con sus amplios solares arbolados, sus jardines con flores, sus viviendas modestas tan similares, que eran albergues de aspiraciones y sueños comunitarios que quedaron anclados en el tiempo. Pero nada hay tan inconstante y mutable que la memoria, la cual cambia y reacomoda los recuerdos. Nada es fijo allí, en ese territorio de emociones, sentimientos e imágenes que uno lleva más en el corazón que en la mente, y que nos empujan a modificar, sin quererlo, sin advertirlo siquiera, hechos y datos asentados en ese reservorio particular e intransferible.


Para traer al presente el escenario barrial de los años setenta del siglo pasado, el narrador descarta el método tradicional, que no es otra cosa que la crónica de unos sucesos que marcaron a su generación y a su grupo de amigos, para decantarse por una prosa que desdeña la puntuación convencional y en la que se enseñorea un humor regocijante, irónico casi siempre, que no evade el morbo sexual ni la descripción de intimidades escabrosas. Los personajes se comunican en su jerga barrial, con sus procacidades y detalles peculiares, sin pretensiones heroicas. Se llama a las cosas con los nombres que el pueblo emplea, y el autor ha evitado edulcorar su ficción sin transformarla en una estampa de urbanidad al gusto de ciertos lectores puntillosos.

Numerosas historias personales se entrecruzan en la obra, y un capítulo se encadena al siguiente, no como una sucesión de cuentos aislados –tendencia que el autor, ducho cuentista, ha eludido- sino como piezas de un tablero que asumen sus papeles con mayor o menor intensidad para formar un conjunto heterogéneo pero verosímil. Algunos son típicos de la vida barrial, como Miel de Abejas, Don Giácomo, Luis su Alteza, entre otros, y el trio que forman Felo, Chago e Ito, inseparables del narrador, núcleo que crea la intriga en torno a la búsqueda de supuestas armas y una caja de alimentos enlatados que soldados norteamericanos enterraron durante la Revolución de Abril del 65. Son antihéroes anónimos, cuyas aventuras y hazañas, impulsadas por la curiosidad y el gesto cómplice, colorean la vida barrial, sacándola de la rutina e intrascendencia de los años setenta del siglo XX.

La tesis central de la narración la expresa el propio narrador: “Un grupo de niños, padre, es la unidad más solidad de la sociedad. No es el matrimonio, ni las oenegés, ni los partidos, ni el ejército. Es la pandilla infantil, ese colectivo ingenuo y unido monolíticamente alrededor de la amistad sincera, pura, solidaria, que actúa movido por la imaginación y los sueños”. Rumor de río, título que el autor ha elegido para su obra, alude a la presencia sonora del río Ozama, en uno de los límites del barrio, y a su carácter de mudo testigo del acontecer cotidiano en esa parte de la ciudad. La imagen del río como una sucesión dialéctica que se transforma sin cesar es también un acierto narrativo, ya que el Ozama ha sido, desde la fundación de la ciudad hace más de quinientos años, hasta nuestros días, una masa de agua que pareciera eterna y que lo arrastra todo hacia el mar: la basura y los sueños, lo atroz y lo inconfesable, renovando su piel cada mañana, como si la contaminación y las algas no le afectaran; como si el detrito humano que la destruye sin remedio pudiera diluirse con las lluvias torrenciales del verano.

Pese a su brevedad, la obra hace acopio de un sinnúmero de referencias que permiten trazar al perfil sociocultural de un momento histórico definido por la frustración y la amargura de un cambio politico abortado por la ocupación norteamericana y los Doce Años de Balaguer. Cada capítulo ofrece imágenes de una ciudad insomne y de un barrio ubicado en la margen oriental del río Ozama como una especie de enclave, con su propio código y prácticas sociales, con sus hábitos y costumbres inconfundibles, donde un grupo de niños crecía tejiendo sueños, bajo la mirada de adultos inmersos en el trabajo y las banderías políticas del momento.

La intertextualidad, las citas de canciones, filmes, refranes, comics, la mención de lugares y prácticas sociales, sirven de apoyaturas válidas que enmarcan la acción de los personajes hasta desembocar en un final anticlimático, con la muerte de los guerrilleros en el kilómetro 14 de la autopista Las Américas, y el cierre poético, con un enunciado triste y resignado que lo dice todo: “Tú quisieras recordar y yo olvidar, pero no podemos. El recuerdo se te ha fugado como una novia infiel y a mí me persigue como una amante obsesionada. A ti te ha librado el Alzheimer, yo sigo prisionero del recuerdo”.

(Rumor de río está disponible en Amazon.com y en el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana).

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Comentario de José Rafael Sosa sobre Rumor de río

Cuando un escritor de cuentos, acostumbrado a la mecánica relativamente fácil de la narrativa
corta, la de los 100 metros planos, la de un solo esfuerzo sostenido, decide incursionar en los 150 metros con vallas, que podría representar el largo esfuerzo de escribir una novela, no sabe, generalmente, en lo que se está metiendo. Y el asunto es mayor, cuando no se trata de un escritor profesional dedicado exclusivamente a la creación, ideal que tienen en el fondo de su alma, todo aquel (o aquella) que teniendo la literatura como un eje fundamental de vida, tiene que alquilar su tiempo para ganar el pan de cada día.
Y hacer eso, con esas dos dificultades cruciales, y lograr una carta de presentación en novela, de forma que nos deje sin el aliento para reposar lo leído, entonces nos encontramos ante un fenómeno literario que hay que atender.
Es el caso del periodista y escritor Luis Martín Gómez, quien publica – casualmente dos días antes del inicio de la XIX Feria Internacional del Libro, esta, su primera novela, ambientada en los tiempos tumultuosos, trágicos e inolvidables de los primeros doce años del gobierno del doctor Joaquín Balaguer.
No es una novela extensa, por lo que podría calificarse de noveleta (desde la perspectiva de la extensión), pero su trascendencia no la otorga su número de páginas, sino el perfume a buen oficio literario en una narración demandante de investigación, rica en detalles, perfecta en la delineación de sus personajes y fiel a la época a la cual se refiere, poco conocida por las actuales generaciones jóvenes de lectores y que tiene en Martín Gómez un constante continuador, tras la publicación de un manojo de cuentos, igualmente bien escritos, sobre el mismo período histórico.
El cuadro ubica a los lectores en el ensanche Ozama, barrio de Santo Domingo localizado a orillas del río Ozama, (hoy Santo Domingo Este y para entonces un barrio “de clase media alta” en el cual un grupo de niños inicia la búsqueda de unas armas enterradas durante la Revolución de Abril de 1965, incidiendo, sin proponérselo, en el desenlace fatal de una célula guerrillera que luchaba contra el gobierno de los doce años de Balaguer.
Resalta el uso del recuerdo como instrumento de narración, la visión subjetiva que desarrolla de cada uno de sus personajes y la gracia con que inserta detalles y el manejo del lenguaje popular.
La novela nos llegó y se nos ocurrió leerla en la noche. No pudimos despegarnos. Luis Martín es responsable de una noche perdida del sueño y ganada por la imaginación creativa, al entregar a la sociedad un trabajo que permite el ingreso de un nuevo novelista, género literario que – junto a la poesía- constituye el fuerte de nuestra creación literaria.
(Rumor de río está disponible en el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana y en Amazon.com)

viernes, 16 de septiembre de 2016

Rumor de río, primera novela de Luis Martín Gómez

El periodista y escritor Luis Martín Gómez publicó Rumor de río, su primera novela, ambientada en los Doce Años de Balaguer.

“En el Ensanche Ozama, barrio de Santo Domingo localizado a orillas del río Ozama, un grupo de niños inicia la búsqueda de unas armas enterradas durante la Revolución de Abril de 1965, incidiendo, sin proponérselo, en el desenlace fatal de una célula guerrillera que luchaba contra el gobierno de los Doce Años de Balaguer”, informa el autor, dos veces premio nacional de cuento y premio nacional de literatura infantil.
Añade que “el lector se entera fragmentariamente de esta historia a través de los recuerdos que, muchos años después, uno de los participantes en aquella búsqueda rescata para su padre, que ha perdido la memoria. En ese recorrido hacia el pasado, surgen recuerdos reales e imaginarios, algunos de los cuales el narrador-protagonista desea olvidar”.

Rumor de río fue editada por Mar de tinta, bajo el cuidado de Laura Patricia Gómez. Está a la venta en el Museo Memorial de la Resistencia Dominicaca y en Amazon.com. en el enlace:
https://www.amazon.com/Rumor-Spanish-Luis-Mart%C3%ADn-G%C3%B3mez-ebook/dp/B01M02UNLT/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1474049033&sr=1-1&keywords=rumor+de+r%C3%ADo

Sobre la obra, el escritor y crítico José Alcántara Almánzar dice que “hace acopio de un sinnúmero de referencias que permiten trazar el perfil sociocultural de un momento histórico definido por la frustración y la amargura de un cambio político abortado por la ocupación norteamericana y los Doce Años de Balaguer”.

De su lado, el escritor y catedrático de literatura hispánica Danilo Manera afirma que “la primera novela de Luis Martín Gómez es sobrecogedora. El autor nos tenía acostumbrados a una escritura en gotas –de lluvia, de vinagre o de miel. Ahora fluye como un río, draga las voces del barrio, con el recuerdo que se escapa hacia el olvido disfrazándose de ficción. Es una bomba de relojería cargada de sardinas. Son palabras apresadas en una redada de chichiguas”.

Luis Martin Gómez ha publicado los libros de cuento Dialecto, La destrucción de la muralla China, Vellonera de sueños y Memoria de la sangre; y los libros de literatura infantil Mamá, a aquella caracola le está naciendo un mar; El hombre grama y Mami: operación elefante.

Notas relacionadas:
http://www.elinformador.net/2016/09/16/rumor-de-rio-primera-novela-de-luis-martin-gomez/
http://www.diariolibre.com/revista/cultura/el-periodista-y-escritor-luis-martin-gomez-publica-su-primera-novela-JJ4957795
http://www.diariodominicano.com/cultura/2016/09/16/230733/rumor-de-rio-primera-novela-de-luis-martin-gomez
http://www.revistabanca.com.do/articulo/2978/Rumor-de-rio-primera-novela-de-Luis-Martin-Gomez
http://almomento.net/rumor-de-rio-primera-novela-de-luis-martin-gomez/244819
http://www.proceso.com.do/noticias/2016/09/16/luis-mart%C3%ADn-g%C3%B3mez-publica-su-primera-novela-%E2%80%9Crumor-de-r%C3%ADo%E2%80%9D/
http://eltitular.do/et/rumor-rio-primera-novela-luis-martin-gomez/
http://elnacional.com.do/libros-y-lecturas76/
http://www.lainformacion.com.do/noticias/sociales/70504/rumor-de-rio:-primera-novela-de-luis-martin-gomez
http://elnacional.com.do/luis-martin-gomez-publica-rumor-de-rio/
http://elnacional.com.do/cojanlo-2528/
http://www.elcaribe.com.do/2016/10/12/rumor-rio-luis-martin-gomez