sábado, 5 de octubre de 2019

Presencia de Duarte en Vejer de la Frontera

Por Luis Martín Gómez

En Vejer de la Frontera, Cádiz, poco o nada se sabía del patricio Juan Pablo Duarte y de su padre español Juan José, quien nació en ese hermoso pueblo gaditano. 


Fue el vejeriego Pedro Duarte Mañas, descendiente de esta honorable familia, quien en los
Plaza España, Vejer de la Frontera, Cádiz
años ochenta descubrió durante una lectura que uno de sus antepasados había tenido un papel protagónico en la fundación de la República Dominicana.

Hizo contacto con el Instituto Duartiano, viajó a Santo Domingo en 1985, y luego relató a sus amigos en Vejer sus experiencias en la patria creada por el hijo del vejeriego Juan José Duarte.

Desde entonces, Juan Pablo Duarte y su familia tienen cierta presencia en Vejer de la Frontera.

Algunos escritos

Juan Pablo Duarte y su padre Juan José aparecen en varias publicaciones vejeriegas. En la sección “Vinculaciones históricas”, de la “Guía de Vejer. Historia, Arte y Etnografía”, de 2014, escrita por el político e historiógrafo Antonio Muñoz Rodríguez, aparece un texto titulado “Duarte de Vejer y la República Dominicana”, en el que el autor destaca el sacrificio “en vidas y haciendas” de los Duarte para fundar República Dominicana y los califica de “abnegados patriotas”.

Explora la genealogía de los Duarte desde mediados del siglo XVII, imagina lo que pudo ser la niñez de Juan José en Vejer y su viaje a América y se refiere a su actividad comercial en Santo Domingo y a su apoyo a la labor revolucionaria de su hijo Juan Pablo.

Igualmente, habla de nuestro Padre de la Patria, del impacto que provocó en su ideología el viaje a Europa, la creación de la sociedad secreta La Trinitaria, y las penurias que sufrió luego de la independencia dominicana.

Pedro Duarte Mañas (centro) durante su visita al Instituto
Duartiano, en 1997
Muñoz Rodríguez publicó otro texto similar a éste en el boletín de la Sociedad Económica Amigos del País de Vejer de la Frontera, de agosto de 2009, boletín en cuyo editorial se celebra la instalación en Vejer de la Frontera de un busto de Juan Pablo Duarte, en el marco del acto de hermanamiento de ese municipio gaditano con el municipio dominicano de Moca.

Por su lado, el profesor Francisco López Sánchez, en su artículo “Una familia vejeriega de patriotas en República Dominicana”, publicado en el referido boletín de junio de 2001, señala que a Juan José Duarte, siendo vejeriego, se le tenía por catalán, y destaca la cita del historiador dominicano José Gabriel García, quien dijo que “fue el único comerciante catalán que se negó a firmar el escrito (de adhesión) que sus compatriotas dirigieron (al presidente haitiano) Jean Pierre Boyer”, un gesto que lo retrata como “un hombre de conciencia recta y de sentimientos puros, que no quiso asociar su nombre a un acto censurable”.

En su artículo “Sangre gaditana en la fundación de la República Dominicana”, publicado en la revista Hades, 2013, un descendiente de los Duarte, Juan Jesús Cantillo Duarte, arqueólogo y actual director del Museo Arqueológico de Vejer de la Frontera, destaca la relación histórica entre Vejer y Santo Domingo a través del vejeriego Juan José Duarte y atribuye influencia de las cortes de Cádiz en las ideas de libertad de Juan Pablo Duarte.

Estos artículos, que tienen pequeñas imprecisiones históricas y geográficas fácilmente enmendables en publicaciones futuras, evidencian que entre historiadores y afines de Vejer de la Frontera se mantiene el interés en Juan José Duarte y su hijo Juan Pablo despertado por Pedro Duarte Mañas hace unas décadas.

¿Suficientemente conocidos?



Pero, ¿quiere decir esto que los Duarte son suficientemente conocidos en Vejer de la Frontera? Las opiniones difieren al respecto.

Juan Jesús Cantillo Duarte considera que "la figura de Juan Pablo Duarte es tan conocida en América Latina y República Dominicana como desconocida en Vejer, la tierra que vio nacer
Luis Martin Gómez
Iglesia del Divino Salvador, donde
fue bautizado Juan José Duarte
y crecer a su padre Juan José".


Carlos Gómez López, historiador y especialista en archivo, afirma que solo se sabe lo básico. "Tenemos una estatua, se hizo un acto de hermanamiento (con Moca), entonces la gente tiene cierta idea de lo que fue, pero tampoco puede profundizar mucho". 

A Juan Begines Galindo, ex-jefe de relaciones institucionales de la alcaldía de Vejer, le gustaría que se conociera más "lo que Juan Padrlo Duarte vivió, la fundación de la República Dominicana". 

En cambio, Antonio Muñoz Rodríguez, presidente de la Sociedad Económica Amigos del País de Vejer y descendiente de los Duarte, cree que Juan José y su hijo Juan Pablo sí son conocidos en Vejer, a partir de la labor de difusión que realizara Pedro Duarte Mañas y lo que se enseña al respecto en las escuelas. "Son ejemplos de ética, de honestidad política (...) que deberíamos apreciar muchísimo más". 

Un sobrino de Pedro Duarte Mañas, Francisco López Sánchez, también cree que el tema se conoce en Vejer. "Tuve alumnos dominicanos que se volvían locos cuando se enteraban que soy descendiente de los Duarte". 





Entrada a la Villa de Vejer de la Frontera, Cádiz
Aquí y allá

En todo caso, hay una oportunidad para fortalecer el conocimiento de los Duarte y República Dominicana en Vejer y de Vejer y los vejeriegos en República Dominicana.

Algunas acciones serían la inclusión del tema en el currículo escolar de ambos lugares; la organización periódica de un certamen estudiantil acerca de los Duarte y Vejer; el auspicio de investigaciones históricas y de publicación de textos; y la creación de espacios para conferencias de historiadores e investigadores dominicanos y vejeriegos.

Estas y otras actividades pudieran llevarse a cabo en el marco de un acuerdo entre las alcaldías de Santo Domingo y Vejer, que incluya el hermanamiento de los dos municipios, o bien entre el Instituto Duartiano y la Sociedad Económica Amigos del País de Vejer de la Frontera.

El esfuerzo personal de Pedro Duarte Mañas pudiera fructificar en interés colectivo que contribuya a acercar más a estos dos municipios con personajes históricos comunes. 

Fotografías:
1. Plaza de España, Vejer de la Frontera, Cádiz
2. Pedro Duarte Mañas (centro) durante su visita al Instituto Duartiano, 1997
3. Iglesia del Divino Salvador, donde bautizaron a Juan José Duarte
4. Entrada a la Villa de Vejer de la Frontera

El autor es periodista y escritor.

También disponible en:

sábado, 22 de junio de 2019

Vejer de la Frontera, el pueblo de Juan José Duarte

Por Luis Martin Gómez


Un dominicano que visite Vejer de la Frontera se enamorará de sus casas blancas, sus callejas de piedra, su gente amable.

Pero un motivo más poderoso lo atará a este hermoso lugar de Cádiz, España: Vejer de la Frontera es el pueblo donde nació Don Juan José Duarte, el padre de nuestro libertador Juan Pablo Duarte.
Vejer de la Frontera, Cádiz, España

Hasta los años 30’s del siglo pasado, había confusión sobre el lugar de nacimiento de Don Juan José. El mismo decía que era natural de “Vergera”, Sevilla; su hija Rosa Duarte afirma en sus “Apuntes” que su padre era sevillano; y su hijo Vicente Celestino Duarte solía agregar “de Berger” a su nombre y apellido.

Ante la duda sobre el verdadero terruño de Don Juan José, el académico dominicano Emilio Tejera hizo contacto, hacia 1933, con el sacerdote español Ángel Carballeiro y de Vera, párroco de la iglesia del Divino Salvador, en Vejer de la Frontera, quien confirmó que allí se encontraba la partida de bautismo del padre de Juan Pablo, copia de la cual envió a Santo Domingo, junto a copias de las partidas de bautismo de sus padres, Manuel Duarte y Ana María Rodríguez, y sus bisabuelos, Cristóbal Duarte y Catalina Rodríguez.

Esta gestión de Tejera y de Carballeiro fue una fortuna para la historia dominicana y vejeriega, pues unos años después, el 19 de julio de 1936, a inicios de la Guerra Civil Española, la iglesia fue incendiada, perdiéndose casi todos los documentos parroquiales, incluyendo los relativos a la familia Duarte.

No obstante, hoy pueden encontrarse testamentos de los Duarte en el Archivo Municipal de Cádiz, entre ellos, el de Manuel Duarte, padre de Don Juan José y abuelo de Juan Pablo, documento del añ0 1776 en el que se asignan sus bienes, setenta cabras machos y hembras y algunos muebles, a su mujer Ana María Rodríguez, con la que llevaba casado doce años, y a sus hijos legítimos Juan Joseph, de siete años, y Cristóbal, párvulo; se reconocen deudas en trigo a un vecino de Vejer y dinero a su cuñada por el alquiler de la casa donde vivía; y se especifica que a él “no se le debe cosa alguna”.

Pueblo sobre nubes

Desde la autopista que la comunica con Cádiz capital, Vejer parece flotar sobre la montaña
que acoge sus murallas e iglesias. Algunas mañanas con neblina, da la impresión de que las casas estuvieran edificadas en las nubes.

Un camino empinado, flanqueado por bosques tupidos, nos conduce hasta un tejido de callejas, de trazado libre, tan estrecho en algunos puntos, que los frentes de las viviendas casi se tocan entre sí.

Afuera, se repiten interminablemente fachadas blancas, de pañete rústico, formando un manto que ondula con los cambios de luz. Si atravesamos una puerta hacia el interior de cualquier vivienda, todo cambia. Encontramos patios frescos con fuentes de agua, rincones con arabescos multicolores y flores que estallan en jardines, escaleras y balcones.

Si miramos a lo lejos, veremos viejos molinos de viento que una vez sirvieron para moler trigo, y modernos molinos para producir energía eólica, símbolos del pasado y el presente de este pueblo al que se le considera, con toda justicia, uno de los más hermosos de Cádiz.

 Hazas de Suerte y el Cobijado

Juan Relinque, héroe popular de Vejer
Vejer tiene un héroe popular, Juan Relinque, quien encabezó la lucha de los campesinos para que el ducado de Medina Sidonia reiniciara la práctica de ceder terrenos para ser sorteados entre los lugareños.

Este sistema había sido iniciado por los reyes castellanos como atractivo para repoblar con españoles los pueblos en manos musulmanas reconquistados por Alfonso X en el siglo XIII.

Casi ocho siglos después, con modificaciones hechas en distintas transacciones, decretos y reglamentos, estas hazas o porciones de tierra siguen siendo sorteadas cada cuatro años entre los vejeriegos, constituyendo un modo de manejo comunal de la tierra único en el mundo, por lo que ha sido sometido por las autoridades de Vejer a la UNESCO como patrimonio inmaterial de la humanidad.
Otro elemento distintivo de la identidad de Vejer es el vestido tradicional femenino conocido como Cobijado, traje de manto y saya que cubre completamente el cuerpo y la cabeza de la mujer.

Estatua La Cobijada, parte de la identidad de Vejer
Aunque a primera vista pueda asociarse con la burka o el niqap mulsumán, historiadores afirman que se trata de una influencia castellana de los siglos XVI y XVII. En la actualidad, no se usa el Cobijado, el cual ha devenido en traje típico que solo se exhibe en fiestas populares.

Hermanamiento con Santo Domingo

En 2009, se produjo un hecho trascendental para el acercamiento entre República Dominicana, país creado por Juan Pablo Duarte, y Vejer de la Frontera, pueblo donde nació el padre del libertador dominicano, Don Juan José Duarte: el hermanamiento de ese municipio gaditano con el municipio dominicano de Moca, fruto de la gestión realizada por el ex ministro de cultura de República Dominicana, José Rafael Lantigua.

Busto de Juan Pablo Duarte en Vejer de la Frontera
El hermanamiento incluyó la firma de un acuerdo de colaboración técnica y cultural y la colocación de un busto de Juan Pablo Duarte en la avenida Andalucía, frente al barrio República Dominicana, en Vejer.
Este hermanamiento con Moca es celebrado por los vejeriegos, pero el alcalde de Vejer, José Ortiz, e historiadores y cronistas como Antonio Muñoz, Juan Jesús Castillo Duarte, Juan Begines, Francisco López y Carlos Gómez, algunos de ellos descendientes de los Duarte, ven con simpatía un hermanamiento con Santo Domingo, por ser este el municipio donde Don Juan José Duarte vivió e hizo labor comercial y patriótica.

Un hermanamiento Vejer-Santo Domingo sería un justo reconocimiento a un vejeriego honesto y emprendedor como Juan José Duarte y a sus aportes invaluables a la independencia dominicana, por la cual ofrendó desinteresadamente parte de su patrimonio y por la que sufrió la vejación y expulsión a perpetuidad de su valiente familia, especialmente de su excelso hijo, Juan Pablo Duarte.

Fotografias:
1. Vejer de la Frontera, el pueblo donde nació Juan José Duarte
2.Juan Relinque, héroe popular de Vejer
3. Estatua La Cobijada, parte de la identidad de Vejer
4. Busto de Juan Pablo Duarte en Vejer de la Frontera


viernes, 25 de enero de 2019

Comentario de Karina Castillo sobre Mamá, a aquella caracola le está naciendo un mar

La historia de Luis Martín Gómez tiene tanto que decir como el mar mismo. Cual poesía, evoca sentimientos de alegría, nostalgia y amor por la naturaleza

Karina Castillo - 7 de enero de 2019                         
                        
¿Cuántos de nosotros hemos escuchado alguna vez “al mar” a través de una caracola? Pues para el escritor Luis Martin Gómez, ésta nos trae un mensaje tan profundo como sus aguas, en la historia Mamá, a aquella caracola le está naciendo un mar, la cual está narrada con vívidos detalles cual si fuera un poema.

Luis Martin Gómez
Luis Martin Gómez
En ella nos habla de una niña quien no conocía esta masa líquida y salada “pero se lo imaginaba”, ya que su madre le había hablado de “esa agua azul atrapada en un hueco”, cubierta por “su piel hecha de espuma”. Ella disfrutaba poner la concha cerca de su oído y así soñar despierta con los peces y corales, las aves revoloteando y la arena. Lo que no entendía era como podía caber todo eso allí “dentro esa espiral”, mientras se preguntaba: “¿Sería que la caracola tuvo tanta sed que se lo bebió entero?”

Nuestro autor nos sorprende al mencionar a Barahona, que una vez estuvo cubierta por ese mar que “quizás era un pedazo de cielo desprendido”, vestido de “hilos de plata” a la luz de la luna y que se confundía en una “danza” con las montañas. En esta especie de oda, Luis Martín Gómez despierta el alma y los sentidos de sus lectores a través de hermosas metáforas, como la “del cielo, otro mar que nació al revés” o la de “ese caminito naranja construido al atardecer del sol”.

Ese mundo era ideal, hasta que unos hombres con “máquinas de fuego” “rasuraron bosques y pintaron los caminos con asfalto y llenaron los ríos de cólera”. Mientras, sus aguas se evaporaron, los peces “murieron de nostalgia” y los corales fueron cambiados por casas.
La niña de la historia, de nombre María, había hallado esa caracola al pie de un tamarindo, y a través de ella escuchó sus olas, aunque no sabía lo que eran, porque “cuando ella nació, el mar ya había muerto”. Entonces la pequeña dio rienda suelta a su imaginación: veía peces nadando en su habitación, conchas bajo su cama y algas gigantes en su jardín. “A la caracola le nacía un mar”. María pudo “probar” su agua salada y, en una mezcla de emociones, vio como todo se cubría con sus aguas.

Tuvieron que buscar a la Defensa Civil, a los bomberos y hasta a la policía para detener la inundación y volver la tierra a su anterior sequía. Todos prometieron hacer algo: El gobernador reconstruir las casas a cambio de los votos de los afectados, el sacerdote orar para evitar otro “castigo” como ese, y el policía llevar a la caracola “subversiva” al Museo de Historia Natural. Por su parte, el científico prometió que nunca iba a pasar algo así. Solo el artista se alegraba de tener otro motivo para pintar.

Pero estas promesas no fueron cumplidas, no pudieron con la imaginación de María, que soñó de nuevo con el mar que brotó con más fuerza sobre los árboles y montes como un lago inmenso y salado.

La historia de Luis Martín Gómez tiene tanto que decir como el mar mismo. Cual poesía, evoca sentimientos de alegría, nostalgia y amor por la naturaleza, presentando en sus imágenes situaciones reales de nuestro entorno e invitándonos a salir de la comodidad y accionar.

Escuchemos su “música” y demos rienda suelta a nuestra imaginación, porque con ella cualquier cosa es posible, hasta que de una caracola nazca todo un mar, lo suficientemente grande, como para cambiarnos el mundo.

Fuente: https://acento.com.do/2019/cultura/8640114-mama-aquella-caracola-le-esta-naciendo-mar-luis-martin-gomez/

lunes, 3 de septiembre de 2018

Palabras de presentación del libro “Voces propias”, de René Rodríguez Soriano


Señores y señoras:

Agradezco al escritor y amigo René Rodríguez Soriano haberme invitado a presentar su libro “Voces propias: conversaciones”.

Debo decir que René “me puso esta multa” después que alguien le envió el video con mi presentación de esta misma obra realizada en el Banco Central de la República Dominicana, institución que la editó dentro de su prestigiosa colección bibliográfica y que la puso a circular el pasado 17 de julio.

Me pregunto si René me habría llamado para esta “re- presentación” si mi opinión sobre su libro hubiera sido desfavorable; probablemente no, aunque, por otra parte, nunca he aceptado presentar, o hacer una entrevista sobre, obras con deficiencias. En esos casos, prefiero, si el autor tiene un ego moderado y no tiene arma de fuego a la mano, darle mi opinión personalmente, por si le sirve de algo para la segunda edición o para animarlo a quemarla, si el texto es definitivamente insalvable.

No es el caso, por supuesto, de “Voces propias: conversaciones”, y creo que por eso José Alcántara Almánzar, director del Departamento Cultural del Banco Central, me pidió presentarla en la puesta en circulación de julio. Sabía que “iba en coche”, porque este libro es periodismo y es literatura, ámbitos en los que me muevo, con algunas pausas involuntarias.

Rodríguez Soriano, oriundo de Constanza, ha ido creando una numerosa obra de apreciable calidad, merecedora de varios de los más importantes premios nacionales, por lo que es considerado uno de los más notables representantes de la llamada “generación del 70” de la literatura dominicana.

A sus libros de cuento, poesía, novela y ensayo, suma ahora este de entrevistas a escritores, críticos literarios, artistas visuales y cantantes, logrando una obra en la que destacan la pericia técnica y el lenguaje poético.

No debe sorprendernos este balance positivo. Rodríguez Soriano estudió comunicación y ha ejercido el oficio durante muchos años, de manera que conoce y domina el género de la entrevista. Y es poeta, todo el tiempo, aún en la narrativa, donde no se permite una descripción simple, no importa que lo amenacen con excomulgarlo, sacando a cada palabra todas sus posibilidades lingüísticas. Créanme, nunca baja la guardia, cualquiera describe una letrina como lo que es, un cajón con techo y un agujero, pero René se las ingenia para descubrir la mariposa que se posa en la esquina del zinc que fosforece por el reflejo del avión en que llegaron los guerrilleros del 59.

Con su infalible arsenal técnico, con su pincel de letras que da colorido y brillo a las frases más pedestres, con el ritmo interno del texto propio de un maestro de jazz; el autor nos ofrece en “Voces propias…” una selección de sus mejores entrevistas, que se disfrutan tanto por las respuestas de los entrevistados como por la forma lúdica, desenfadada, en que el entrevistador formula las preguntas.

Sabemos por la periodista y escritora italiana Oriana Falacci que en una entrevista lo verdaderamente importante son las preguntas. Rodriguez Soriano está consciente de esto y recrea creativamente las mismas seis o siete cuestiones que, salvo algunas excepciones, soportan la estructura de estas conversaciones, a saber: por qué se escribe, para qué sirve la literatura, manías y rituales del escritor, quiénes le han influido, la lengua como instrumento artístico, y la promoción de la literatura dominicana en el exterior.

En otras palabras, a través de estos diálogos el autor muestra la tozudez de este grupo de tipos raros que insiste en un arte que pierde terreno, sus estrategias para sobrevivir, la palmada a los amigos que van contigo en el avión que se cae: “todo estará bien, todo estará bien”, dices, y todos sonríen sabiendo que en segundos quedarán hechos papilla y estadística oficial.

En manos de un periodista técnicamente puro, de un entrevistador clásico, estas cuestiones, repetidas de igual forma tantas veces, hubieran resultado aburridas, insufribles. Rodriguez Soriano, con su peculiar manera de formularlas, las hace interesantes, atractivas para el lector.

Lo mismo pasa con las respuestas. Rara vez son literales, es decir, una transcripción fiel de lo que el entrevistado dijo. El autor las “romancea”, es decir, las transforma sin traicionar la esencia de lo dicho, lo cual no es pecado, por el contrario, es un recurso legítimo, como bien señala el periodista español Miguel Ángel Bastenier en su obra “El blanco móvil”.

Me parece que estas entrevistas de Rodríguez Soriano están hechas a mano alzada, solo con lápiz, papel y nostalgia, es decir,  sin grabador, ni cámara de video, ni teléfono inteligente; por eso da la impresión de que las respuestas se completan con la imaginación, ficción que rellena la imprecisión documental, (como sucede con los guías no autorizados de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, que cuando les falta información, cuando les falla “la botella”, llenan los espacios con invenciones no detectadas por la ingenuidad del turista que escucha admirado la historia de un Santo Domingo poblado de reyes, condes y duques que nunca pisaron nuestras calles, o ve con ingenuidad cómo cambian de sitio los monumentos, que por la magia del “cicerone” caribeño se hacen flexibles, movedizos, como las fronteras en la novela “El viajero del siglo”, del argentino Andres Neuman).

Un detalle sobresaliente en estas entrevistas hechas por Rodriguez Soriano son las introducciones. El autor descarta el tradicional dato biográfico, la ubicación espacio-temporal, los detalles banales de peinado, vestido y diseño de las tazas de café, tan del gusto de los lectores de HOLA, y en cambio elige entradas contundentes que atrapan al lector desde la primera oración y no le dan tregua hasta que es momento de escuchar la voz del entrevistado.

Estas introducciones representan la oportunidad para que el entrevistador se deje ver de cuerpo entero, mostrando una singular originalidad, un acento propio, una marca de identidad que permite diferenciar estas conversaciones de cualesquiera otras que les hayan hecho y que quizás harán en el futuro a estos mismos entrevistados. Hay suficientes para mostrar pero comparto con ustedes solo un fragmento de la que el autor hizo para la entrevista a la escritora dominicana Martha Rivera; cito:

“A Marta la conozco casi desde siempre, desde un antes de ayer en que una paloma breve daba vueltas sin detenerse en la carpeta del pecho o en los aeropuertos de la ausencia. Pienso que la conozco y creo que sé de ella tanto o tan poco como el bombero sobre el fuego o el marino sobre el mar. No domino a plenitud los instrumentos del vuelo para llegar hasta donde ella oficia los enigmas del poema. Asumo que es poeta por los ramalazos de luz con los que me destella la palabra que encienden sus dedos sobre la página en blanco y me dejan sin habla la pericia y la gracia con las que cabalga sobre la lengua”.


(Quien haya leído otras cosas de este autor, sabrá que en ese fragmento de texto esta René Rodriguez Soriano en estado puro).

Estoy seguro de que, además del manejo exquisito de la prosa poética, ustedes habrán notado en ese botón de muestra otro elemento que caracteriza a estas entrevistas de René: la complicidad. Contrario a la mayoría de los entrevistadores, que actúan como gladiadores que buscan acorralar y derrotar al entrevistado, René se identifica con su interlocutor, poniendo en práctica una empatía que le permite obtener revelaciones e intimidades sin necesidad de golpes bajos.

Pero ojo: el entrevistador no es necesariamente complaciente; sucede que sabe ponerse astutamente al lado de su entrevistado, confundirse con él, para sacarle los recuerdos y emociones que en otras circunstancias no confesaría.

Truman Capote, el polémico periodista y escritor estadounidense, usaba esta técnica con excelentes resultados. Cuando el entrevistado se mostraba demasiado alerta o se negaba a abrirse a algunos temas, Capote confesaba primero cosas terribles de él mismo (reales o inventadas) y motivaba a que su interlocutor se sintiera confiado y admitiera cosas parecidas o peores. Marlon Brando, el famoso actor estadounidense, fue uno de los que cayó en esta trampa de Capote; al respecto, se quejó diciendo: “El pequeño hijo de puta se pasó media noche hablándome de sus problemas. Pensé que lo menos que podía hacer era contarle algunos de los míos”.

Christopher Silvester, en su obra “Las grandes entrevistas de la historia”, revela la técnica de Capote; cito:

“Si uno está pasando un mal rato con un entrevistado, hay que cambiar los papeles. El entrevistador comienza por hacer pequeñas confidencias más o menos del mismo tipo que las que uno espera sonsacarle al entrevistado. Este no tardará en decir algo como: “Tiene razón, mi madre también se fugó con cinco fontaneros” (...) o “Si, también mi padre se robó un banco y pasó diez años en la cárcel. No es extraordinario que nos hayan sucedido cosas tan similares a los dos”... A partir de ahí, no hay más que tirar del hilo”.


René Rodríguez sabe meterse en la piel del otro y “tirar del hilo” hasta que obtiene lo que anda buscando, con la diferencia respecto al sinuoso Capote de que René está del lado del entrevistado y su objetivo es que “los secretos” del autor y su obra beneficien a la literatura y a los lectores.

Por supuesto, René lleva la ventaja de que sus invitados consienten ser interpelados. No le ha tocado -o eso creo- alguien como el inglés Lewis Carrol, que sentía tanto horror por las entrevistas que nunca concedió una; o como el también inglés Rudyard Kipling, quien consideraba que ser entrevistado era una inmoralidad; o el checo Milan Kundera, que se queja del “fascismo de las preguntas”.

Le ha tocado, por el contrario, gente amable como Marcio Veloz Maggiolo, Juan Carlos Mieses, Roberto Marcallé, José Mármol, Sergio Ramirez, Casandra Damirón, Manuel Salvador Gautier, Manuel Garcia Cartagena, Fernando Valerio Holguin, y una treintena más de personas con plena conciencia de la importancia de la entrevista como una ventana por la que miramos hacia el interior del artista, y al mismo tiempo, vemos a la sociedad y sus afanes.

Es posible que no encuentren en estas entrevistas detalles curiosos como la necesidad de los escritores de perder el tiempo, de la soledad como requisito para crear, de manías singulares como la del estadounidense Ernest Hemingway de llevar una castaña y una pata de conejo en el bolsillo derecho del pantalón, o la del italiano Antonio Tabucchi de escribir siempre en un cuaderno escolar con tapa negra y lomo rojo, o la del belga Georges Simenon de ponerse siempre la misma camisa para escribir.

También es posible que lo que se pregunta y responde en este libro se haya dicho en otras ocasiones. Estas conversaciones son, como dice el autor, “Ecos de otras voces”, pero que en la caja de resonancia creada especialmente por René Rodríguez Soriano, adquieren otra sonoridad; es como el Boy Scout parado en la montaña de Constanza, que echa un grito para comprobar cómo rebota y su voz vuelve con trinos de aves y susurros del arroyo.

Adenda: Creo que este libro de René tiene el pedigrí, la denominación de origen, que lo hace merecedor de sumarse con orgullo a la obra de este autor, considerable en número, variada en su registro, y alta en calidad, que lo acerca cada vez más al máximo reconocimiento de las letras dominicanas.

Termino estas palabras aventurándome temerariamente con algunas predicciones “astrológicas”, haciendo, eso sí, uso de “códigos crípticos” para protegerme de las demandas legales o de maleficios preparados en San Juan de la Maguana. Intuyo que René no obtendrá el premio antes que NJ, EC, JCM o LD; pero sí es posible que lo logre antes, si bien por una cabeza- debido a lo cual habrá que hacer foto-finish- que AGR. PAV, con muchas posibilidades de alzarse con la presea, tiene la desventaja de la juventud (en realidad él es más viejo de lo que dice su cédula pero falsificó el acta de nacimiento para quitarse unos años y poder ingresar a un equipo triple A de béisbol cuando era adolescente y ahora está pagando las consecuencias); además, PAV es de las Aguilas Cibaeñas, y ya sabemos, está condenado a perder; le he recomendado cambiarse a las Estrellas Orientales pero no cree que éste, como siempre desde hace cuatro décadas, sea el año verde. Se cae de la mata que René ganará antes que MP; si sucede después, entonces habrá que cerrar el país o dejar que lo invadan los haitianos. Por cierto, ante esa potencial tragedia, tengo visto un sitio en Málaga donde un dominicano puede vivir a gusto: mismo clima, mar a mano pero sin basura plástica, gente simpática y solidaria igual que nosotros, que habla el español tan mal como nosotros; es más, tiene media docena de corruptos notables, o sea, es como para sentirse en casa, aunque con transporte público organizado. Lo menciono, digo, por si René, que vive en Estados Unidos, se harta de las sandeces de Trump y prefiere deambular por la calle Larios o comer pescaito en “El Pimpi”, vino en la mano izquierda, laptop en la derecha, la vista puesta en el remolino de luz y sonido que generan los trajes multicolores de las gitanas.

Muchas gracias.
 
Palabras pronunciadas en el Centro Cultural Banreservas, 15 de agosto de 2018

miércoles, 17 de enero de 2018

Canzoni agrodolci e sventati aquiloni: dal giornalismo all’invenzione letteraria

Danilo  Manera

Luis Martín Gómez è nato nel 1962 a Santo Domingo.

Ha lavorato a lungo come giornalista e annunciatore del telegiornale in una rete televisiva molto seguita. Più di recente, ha animato il programma culturale di interviste “Yola yelou”. Come videomaker ha realizzato prodotti di comunicazione per il PNUD, l’UNICEF, l’Agencia internazionale per lo sviluppo, e varie associazioni della società civile, fondazioni e Ong dominicane. Dopo aver partecipato negli anni Novanta ai concorsi di Casa de Teatro e Radio Santa Maria, ricevendo più volte premi, incoraggiato dal magistero e l’apprezzamento di due grandi narratori dominicani, José Alcántara Almánzar(1946) e Armando Almánzar Rodríguez (1935-2017), ha raccolto i suoi testi in Dialecto (Santo Domingo, El Arco y la Lira, 1998), che meritò il Premio nazionale per il racconto del 1999 e lo fece conoscere nell’ambiente letterario. Da questa raccolta traduciamo dieci racconti rappresentativi diun ventaglio di tematiche incisive e soluzioni tecniche complesse, sempre con uno sguardo acuminato e per niente convenzionale.

L’autore affronta anche problemi drammatici, non solo dominicani, come il mondo infantile che si difende con la fantasia dalla ferocia degli adulti (Santiago, Joselito, Luis) o la vicenda di una giovane donna che, nonostante la pazzia provocata dalla sua reazione alla violenza del padre, riesce a vendicarsi del proprio carceriere, il medico che l’ha in cura (Anita, la Principessa). C’è uno stupro anche nella storia di In transito, che va immaginato negli anni Ottanta, quando erano appetibili le borse di studio per l’Unione Sovietica o i paesi dell’Est. La narrazione è condotta su tre piani: la vittima con la sua testimonianza scombinata, il giornalista che vuole costruirci sopra una notizia bomba e il narratore onnisciente che un po’ puntualizza e un po’ rimescola le carte, tanto che il giornalista e gli assalitori finiscono per sovrapporsi. Altre volte spunta una dose di ironia tinta di tragico, come nell’aspirante scrittore ossessionato dal non commettere sbagli e non lasciare in giro brogliacci, che finisce per bruciare insieme alle sue bozze (Nessuna traccia) o nel pubblicitario che si infila gli auricolari per ascoltare i compositori preferiti e isolarsi dal lavoro e dal mondocircostante, fino a non rendersi nemmeno conto di un incidente fatale (Momenti di musica). Juke-box di sogni parte invece dal genere di canzone melodica dominicana più popolare, la bachata, musica di amarezza e disamore, di nostalgia e smarrimento, i cui testi sono spesso lamenti per l’abbandono di una donna che spezza il cuore. E il protagonista, in un bar malfamato, mischia alcol e brani di un grande musicista, Víctor Víctor (1948), per ricostruire nel ricordo l’amata perduta. Solo che alla fine, quando quasi ci riesce, rivela che è stato lui a ucciderla.

La tendenza dell’autore al microracconto e alla narrazione fulminea, già visibile nel suo primo libro, fiorisce compiutamente in La destrucción de la muralla china (Santo Domingo, Cole, 2003) da cui ricaviamo trentuno racconti fulminei o corti e uno più lungo, quello omonimo. Negli scritti brevi pulsa il senso del rovescio e del paradosso, la prospettiva a testa in giù del pipistrello, o delle valigie che si infilano dentro i passeggeri. Luis Martín Gómez ha una spontanea simpatia per chi si mette di sghimbescio a suo rischio e pericolo, per gli sfortunati e gli strampalati, come il bibliotecario che finisce in manicomio, ma anche lì “trasforma le foglie degli alberi in racconti e i fiori in poesie” o il Che Guevara che si smarca dall’uso indegno del suo ritratto; l’uomo invisibile geloso che cerca la moglie nei sogni degli altri o il pifferaio di Hamelin che fa annegare una turba di politici con motivetti popolari. Ciò gli permette di rilevare una ragnatela di manie e inciampi, meschinità e trappole, regalandoci con le sue storie un piccolo sistema d’allarme – che a volte canticchia e altre volte scortica – contro l’insulsaggine e la viltà.

La distruzione della muraglia cinese, è stato scritto all’inizio di questo secolo (i fatti di Piazza Tienanmen sono del 1989 e la spedizione del Mars Polar Lander è del 1999), quando la situazione dei diritti civili e il controllo su internet in Cina erano ancora più stretti e punitivi, ma il suo messaggio libertario è ancora ben attuale. Il paese più popoloso del mondo è visto da un remoto villaggio di frontiera di uno degli Stati più piccoli del pianeta e si mescolano tre voci: quella del dissidente cinese, quella dello scolaro rurale Toño e quella del giornalista che sta scrivendo un reportage. E alla fine forse tutto germina dalla tendenza di quel giornalista a trasformare tutto in letteratura.

Luis Martín Gómez vinse nuovamente il Premio nazionale per il racconto nel 2009, grazie a Memoria de la sangre (Santo Domingo, Mar de tinta, 2008), un libro che osa scendere con le sue storie nelle viscere di un’epoca terribile, i “Dodici Anni” del governo oppressivo di Joaquín Balaguer, durati dal 1966 al 1978. Balaguer (1906-2002) fu per lunghi anni uno stretto collaboratore del dittatore Rafael Leónidas Trujillo, suo ministro e presidente fantoccio quando Trujillo fu assassinato nel 1961. Il convulso periodo che seguì vide il governo democratico di Juan Bosch, abbattuto da un colpo di stato militare che lo costrinse all’esilio, poi la Rivoluzione dell’aprile 1965 dei costituzionalisti, soffocata dall’intervento statunitense. Balaguer vinse tre volte le elezioni, sostenuto dagli USA e in un clima di intimidazione e violenze contro gli oppositori. Il suo governo fu segnato dagli omicidi politici e la repressione, con un soffocante sistema poliziesco e spionistico. Furono anni di torture e sparizioni, abusi e terrore.

Attraverso la finzione, l’autore ci restituisce quell’atmosfera nell’episodio di un rivoltoso freddato durante una visita alla famiglia (Cantale “La cucaracha”, ispirato alla morte dell’attivista politico Amín Abel Hasbún nel 1970); nello schifo del giovane lettore di Balaguer (il tiranno era ormai cieco), che vorrebbe punirlo, o almeno toglierli il sonnifero perché lo tormentino le atrocità commesse (Dormicum); nell’attesa eterna e impaurita della fidanzata di un latitante, che ritira rocambolescamente le lettere dell’amato (Non piangere che dicembre arriva presto, racconto in cui si fa riferimento al sequestro del colonnello dell’ambasciata statunitense Crowley nel 1970, per la cui liberazione furono rilasciati numerosi prigionieri politici, ma che scatenò un’ondata di persecuzioni indiscriminate). E nel quarto e ultimo racconto che proponiamo, Memoria del sangue, un giornalista costretto ad abbandonare il mestiere proprio per le angherie e censure del regime balaguerista torna anni dopo al lavoro come innocuo reporter di eventi sociali e scopre in un ospizio l’ex capo della spietata polizia balaguerista, dimentico e dimenticato, ma in cui può ancora smuovere il ricordo dei cruenti delitti commessi.

Questo scavo all’indietro si accentua nel primo romanzo di Luis Martín Gómez, Rumor de río(Santo Domingo, Mar de tinta, 2016). Il protagonista-narratore si rivolge al padre, ormai smemorato per via dell’Alzheimer, rievocando la propria infanzia e prima adolescenza nel quartiere EnsancheOzama, sulla sponda orientale del fiume che bagna Santo Domingo, proprio in quei cupi e frustrati anni Settanta. “A te il ricordo è scappato via come una fidanzata infedele e me mi perseguita come un’amante ossessionata,” dice al padre. Ma i frammenti che via via recupera del passato sono come fermentati dalla distanza, un po’ alla maniera del grande maestro Marcio Veloz Maggiolo (1936), secondo il quale la memoria è come un mulinello che sposta e confonde, senza lasciare nulla di stabile e nitido, miscelando le fonti proprie e altrui. Alla fine una banda di ragazzini, cercando in un terreno incolto armi e cibi in scatola sotterrati durante la rivoluzione dell’aprile 1965, finisce per provocare involontariamente la cattura di un gruppo di guerriglieri, grazie all’intervento di un informatore della polizia di Balaguer, l’italiano Don Giácomo, appassionato di musica lirica e figlio di un riparatore d’organi innamoratosi d’una mulatta. Ma attorno a questo motivo centrale, che esplode come una bomba a orologeria causando il senso di colpa del protagonista, ruota uno sciamedi storie minime, umanamente bislacche, sotto il cielo torbido della Storia grande e sfuggente. Con in più la straordinaria abilità dell’autore nel riprodurre il linguaggio popolare e il gergo infantile, anche nei particolari scabrosi. La sua scrittura, che sapeva prima ridursi a gocce – di pioggia, di aceto o di miele –, scorre qui come un fiume, dragando le voci di un quartiere e trasformandole in finzione appena prima che l’oblio se le porti via.

Luis Martín Gómez ha anche scritto significativi libri per l’infanzia: Mamá, a aquellacaracola le está naciendo un mar (2004; Premio nazionale di letteratura infantile 2003), El hombregrama y otros cuentos verdes y pintones (2010) e Mami: Operación elefante (2014).

Dal 2005, è Direttore del Dipartimento di Comunicazione della Banca Centrale della Repubblica Dominicana. A vederlo un tempo leggere e commentare le notizie al telegiornale della sera, con la sua voce elegante e morbida, impeccabilmente vestito e infallibilmente pettinato, così come a vederlo ora dietro la sua scrivania o in una conferenza stampa, sempre pacato e diplomatico, con lo schietto sorriso delle sue origini mediterranee (padre spagnolo, madre d’ascendenza libanese), non si assocerebbe facilmente la sua immagine elegante e misurata con la sua narrativa, così inquieta e policroma, a tratti sperimentale e poetica.


Ma le apparenze ingannano: i suoi reportage brillano per coraggio e coscienza, imparzialità e rispetto. E come giornalista conosce da dentro la paradossale situazione che ci coinvolge un po’ tutti, sostanzialmente disinformati in mezzo a una valanga di informazioni, proprio come gli abitanti di La Notizia, che abitano fisicamente tra le lastre dei giornali, ma ritrovano memoria e dignità solo imparando a decifrarle. È così che il giovane Juan scopre sulle pareti delle catapecchie la verità che lo riguarda. E la letteratura è per Luis Martín Gómez un diverso modo di vedere, sentire e toccare, strettamente legato all’emozione. C’è forse dunque nelle sue pagine soprattutto un semplice ma caloroso invito a spingersi oltre, a sillabare con cura, a sognare senza telecomando, “come uno che guarda per la prima volta in un telescopio e si trova all’improvviso di fronte a una stella immensa”, meritando così di veder comparire la libellula fosforescente del tamarindo, che somiglia al “diamante che la luce disegna quando attraversa le lacrime".

Luis Martin Gómez: Non piangere che dicembre arriva presto. A cura di Danilo Manera. Robin Edizioni, Torino, 2017.