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sábado, 25 de agosto de 2012

Kin Sánchez: “Somos lo que nadie puede ser: la ciudad primada de América”


Gestor cultural, autor de Guía de anécdotas, cuentos, crónicas y leyendas de la ciudad colonial de Santo Domingo

Por Luis Martin Gómez

Kin Sánchez es un fantasma. Lo sé desde que yo tenía nueve años y lo veía deambular, con su cuerpo etéreo y su barba bíblica, por las manzanas cuadriculadas del ensanche Ozama. Hubo un tiempo en que pensé que era un personaje imaginario inventado por mi hermano Leopoldo, embebido del realismo mágico que por ese entonces García Márquez había elevado a la máxima potencia. Pero luego confirmé la condición espectral de Kin, sometiéndolo a la prueba irrefutable del espejo, frente al cual los fantasmas, según había aprendido en la serie animada Gasparín: el fantasmita amistoso, no se reflejan. (Debo decir, para más señas, que Kin tenía características distintivas respecto a los otros fantasmas: era vegetariano, tomaba agua a temperatura ambiente y prefería hablar animadamente a echar esos horribles gritos que el sindicato fantasmagórico incorporado exige emitir a sus temibles miembros).

Cuarenta y un años después, me he encontrado a Kin Sánchez en la zona colonial. Está exactamente igual, lo cual me indica que el vegetarianismo también tiene sus ventajas en el más allá. No me lo dice pero sospecho que ha preferido ser fantasma de la zona porque los monumentos, ruinas con palomas, pasadizos secretos y campanarios, amplían las oportunidades laborales para alguien de su condición. Además, sé por experiencia propia que en el Ozama la gente ha dejado de soñar, y allí donde no hay sueños, los fantasmas pierden el empleo.

En su nuevo universo, comprendido entre la Palo Hincado y el río, entre la Mella y el mar, Kin Sánchez fue apuntando datos y sucesos que ha reunido en una Guía de anécdotas, cuentos, crónicas y leyendas de la ciudad colonial de Santo Domingo, un texto ameno que mezcla oralidad e investigación bibliográfica para darnos una visión diferente de la zona colonial. Desde el arranque, agrada el efecto “inclusivo” de su narración, mediante el cual el lector siente que está junto al autor en el lugar que describe.

KS Busqué transmitir esa sensación, como si estuviera en un banco del parque contando las historias a mi hijo o a mis amigos. Y no me costó gran esfuerzo lograrlo porque lo único que hice fue repetir lo que he hecho toda mi vida: relatar esas anécdotas, esas leyendas.

Romeo y Julieta en el trópico
Kin inicia su paseo en la Casa de Tostado, que tiene la única ventana geminada, de estilo gótico-isabelino, del nuevo mundo. A ella se asomaba una hermosa joven, hija única del propietario de la vivienda, que se enamoró de un teniente  del ejército que había invadido la parte oriental de la isla. “Una noche sin luna, cuenta Kin, los amantes fueron sorprendidos por el padre y los servidores de la casa. Brillaron las espadas inflamadas de patriotismo y honor ofendido. No pudo la bravura del soldado contra la ira del padre y perdió el duelo. Cuando la joven vio a su amado darle la última mirada, corrió enloquecida de dolor hasta el pozo del jardín y se lanzó al fondo, para encontrarse con su amado en aquella región donde el amor no tiene barreras”.

En su caminata, Kin nos lleva por la plaza dedicada al padre Billini, que por su diminuto tamaño habría motivado el consejo de no afanar mucho como este filántropo, porque hizo mucho por los pobres y sin embargo le hicieron el parque más pequeño de la ciudad; por la catedral, en cuyo techo yace una bala de cañón disparada por Francis Drake y que no explotó, por milagro divino o por la mala puntería de los cañoneros del infame corsario; por el parque Colón, donde doña Dominga, habitante común de la ciudad, desafió a Tousaint  Louverture, general invasor que amenazaba con pasar a cuchillo a toda la población, y donde una vez instalaron un circo de fieras del cual escapó un tigre que se comió a su domador y provocó la estampida de los asistentes, habiendo generado la frase muy dominicana de “se soltó el tigre”; por el Callejón de las trinitarias, donde los invitados a las bodas, vecinos y curiosos ‘cencerreaban’ a los recién casados, hasta que un desposado malhumorado disparó  varios tiros a la multitud porque hacía mucho ruido con los cencerros; por la calle Las damas, que debe su nombre a las mujeres de la corte virreinal que se alojaron en ella y también a las primeras busca-fortunas del nuevo continente; o por el Panteón Nacional, que antes de serlo fue almacén, depósito de tabaco, teatro y oficinas públicas…

El libro de Kin Sánchez nos invita a ver la ciudad colonial con otros ojos, llamándonos  a descubrir más cosas que piedras y formas arquitectónicas. Si algo se le puede criticar es la ausencia de unidad gráfica en el diseño, que mezcla con pobre resultado buenas fotografías que simulan acuarelas con malas fotografías de archivo y caricaturas que desentonan respecto al conjunto. Salvando esto, que pudiera corregirse en una segunda edición mejor cuidada, esta obra es de gran utilidad para el turista, el interesado en la ciudad colonial y especialmente para los guías turísticos, algunos de los cuales llenan vacios en sus recorridos con datos inventados.

KS Ese es uno de los objetivos de este trabajo, fortalecer el entrenamiento de los guías, aumentar sus conocimientos sobre la zona colonial, sus monumentos, pero también sus personajes, lo que ocurrió aquí. Lo principal es que destaquen nuestra principal ventaja: somos lo que nadie puede ser, la ciudad primada de América. No hay que inventar nada, las historias ya existen, solo hay que sabérselas.

Como ésta que relaciona a Billini con Colón y que Kin repite con deleite: “Colón descubre América y lo entierran en la catedral. Billini, párroco de la catedral, descubre en ella los restos de Colón. Ambos tienen plazas dedicadas en la misma cuadra de Santo Domingo donde está la catedral, los dos son de ascendencia italiana y sus estatuas fueron hechas por el mismo escultor”.

Rio con esta curiosidad que me cuenta Kin y noto que unos turistas que atraviesan la Plazoleta de los curas me miran con asombro. No entienden por qué hace rato estoy gesticulando a solas, como si hablara con alguien inexistente, como si conversara con el viento.

El autor es periodista y escritor
Entrevista en video disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=c31YJH-YgIo&feature=share&list=UU4vT4tVlAkPGLbE80p9Mx2w

viernes, 16 de marzo de 2012

Miguel Reyes: “Vivimos de espaldas al mar”

Doctor en derecho, diplomático y escritor, autor de Océanos de tinta y papel y otras treinta obras

Por Luis Martin Gómez

La Yola amarilla nunca estuvo más en sus aguas que con este libro de Miguel Reyes: Océanos de tinta y papel, una historia de la navegación y del desarrollo marítimo dominicano, con el que Agencias Navieras B&R ha conmemorado su 90 aniversario.

Esta obra, excelentemente diseñada e impecablemente impresa, es una fascinante travesía que inicia hace 42 mil años en Australia con una balsa rudimentaria y atraca con un trasatlántico de última tecnología en los puertos dominicanos actuales.

Por la profusión de datos, fotografías, ilustraciones y mapas que contiene, este libro será un festín para los amantes de la navegación, y debería serlo también para todos los dominicanos, isleños que extrañamente miramos al mar con indiferencia, cuando se nos ocurre mirarlo.

MR Es que vivimos de espaldas al mar. Fíjate que en el malecón de Santo Domingo solemos sentarnos mirando hacia la ciudad y no al agua.

Miguel Reyes atribuye esta actitud a la falta de conciencia del dominicano sobre las riquezas marinas, asociada a la ausencia casi absoluta del tema en el currículo educativo nacional. “En Tuvalu, por ejemplo, conjunto de pequeñas islas localizadas en el Pacífico, sus poco más de 10 mil habitantes alquilan su mar para la pesca y en la escuela imparten materias relacionadas con el mar”.

Lo curioso es que, no obstante nuestro marcado desinterés por el mar, República Dominicana tuvo una de las más grandes flotas mercantes de Latinoamérica, que comenzó  en el siglo XIX con un puñado de goletas, bergantines y balandros, y llegó a tener numerosos buques, hasta mediados del siglo XX.

MR La flota fue abandonada gradualmente, en parte porque se asociaba mucho al nombre de Trujillo, le decían “la flota del dictador”. Finalmente, en la postrimería del llamado período de los doce años, la flota colapsó, pese a los esfuerzos del presidente Balaguer por reactivarla a través de incentivos y subsidios.

El yate Angelita

Océanos de tinta y papel “surca” cuatro grandes temas: Los precursores de la navegación, desde la balsa a las carabelas; Las rutas marítimas, circunvalaciones y grandes exploraciones; Vísperas de conquista y dominio de los mares; y Desarrollo marítimo de la República Dominicana. En esta vastedad temática,  desplegada amenamente a lo largo de 367 páginas de gran formato, algunos asuntos llaman especialmente la atención, como el Arca de Noé, la construcción antigua más famosa, sin dudas por la difusión bíblica de esta nave y su papel protagónico en un evento divino que revela la naturaleza vengativa de un dios irascible y poco paciente con el desempeño de su creación.

LMG ¿Crees que existió o es una recreación hebrea de un mito sumerio?

MR Para mí existió. En el monte Ararat, al Este de Turquía, se han encontrado fragmentos de lo que pudo haber sido una gran barcaza, con longitudes que se asemejan a las indicadas en la Biblia. Claro, hay que tomar en cuenta que la Biblia fue escrita por hombres que mezclaron hechos reales con sentimientos espirituales,  por lo que, aunque no se sostiene aquello de que Noé embarcó una  pareja de cada especie (el Arca medía, según el Génesis, 135 metros de largo por 22.5 de ancho y 13.5 de alto), sí es probable que un grupo humano construyera esta nave para sobrevivir a maremotos o inundaciones.

Una información que rompe dogmas históricos reseñada por Miguel Reyes en su libro es la hipótesis del descubrimiento de América expuesta por Gavin Menzies en su obra 1421, según la cual, el navegante chino Zheng He habría llegado al nuevo continente  71 años antes que Cristóbal Colón.

MR Menzies apoya su idea en el mapa realizado por Zheng He en el que se ilustraba la redondez de la tierra y se veía claramente lo que hoy es el continente americano. Este mapa fue comprado en la India por mercaderes venecianos que luego se lo facilitaron a Colón, lo que quiere decir que cuando el Almirante zarpó desde España ya sabía que la tierra era redonda y que existían nuevas tierras en dirección Oeste. La desventaja del navegante chino fue que no difundió su descubrimiento ni colonizó las tierras encontradas, como hicieron Colón y la corona española.

En Océanos de tinta y papel, que representó para Miguel Reyes la consulta de más de cien obras y la visita a varias bibliotecas en el extranjero,  hay muchos otros aspectos llamativos, como la habilidad marítima de los fenicios, el aporte de los piratas al avance de la navegación, los viajes de los vikingos a lo que sería América varios siglos antes que Zheng He y Colón, los primeros viajes de circunnavegación por portugueses e ingleses, la clasificación de embarcaciones y los sistemas de navegación. Pero hay un tema que pudiera ser más consultado que éstos, por el morbo que aún provoca todo lo relacionado con el dictador Trujillo y sus tropelías: el Yate Angelita.

MR Ese yate, construido en 1931 y adquirido por Trujillo en 1955, era muy usado por su hijo Ramfis para realizar fiestas desenfrenadas con actrices famosas y su grupo de camaradas conocido como La Cofradía. Es una embarcación lujosa, de 26 habitaciones, con manecillas, ducha y barandas en oro, y decoración en alabastro y mármol. En el Angelita se llevaron el cadáver de Trujillo y una gran cantidad de dólares con destino a Cannes, Francia, pero cuando la embarcación pasaba por las islas Azores, fue devuelta hacia República Dominicana.

Miguel Reyes señala que el Yate Angelita fue vendido en 1966 por el presidente Balaguer por la suma de 24 millones de dólares, dinero que se usó en la construcción de dos acueductos en Monte Cristi. El yate, ahora nombrado Sea Cloud, es utilizado con fines turísticos en el Mediterráneo.

LMG No puedo terminar la entrevista sin dejar de preguntarte, por razones evidentes, sobre el origen de la yola, ¿cuál fue su bisabuela?

MR La canoa, pero contrario a ésta, la yola no tiene quilla y por eso es tan peligrosa para viajes en mar revuelto.

Salvo para travesías literarias, diría yo, aunque en estos mares es inevitable, de vez en cuando, algún naufragio.

El autor es periodista y escritor
Entrevista en video disponible en www.youtube.com/yolayelou y 
http://vimeo.com/38527498