Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de mayo de 2015

Rubén González:
“Veganos y Valdivianos es un homenaje a Bosch”


Escritor, profesor universitario y gestor cultural chileno. Compilador de “Veganos y Valdivianos", antología de cuentos dominicanos y chilenos



Por Luis Martin Gómez

En junio de 1955 (1), Juan Bosch, uno de los más grandes políticos y escritores dominicanos del siglo XX, arribó junto a su hijo León a un Santiago de Chile con 4 grados de temperatura. Llegaba a la capital chilena tras un largo periplo que comenzó en Cuba, donde estuvo preso por sospecha de haber participado en el asalto al Cuartel Moncada, encabezado por el aún imberbe Fidel Castro; siguió en Costa Rica, de donde debió partir por presiones del tirano nicaragüense Anastasio Somoza, quien lo acusó de organizar un atentado contra su vida; continuó en Bolivia y concluyó en el “largo pétalo de mar y vino y nieve” (2).

El periodista chileno Luis Alberto Mansilla afirma que Bosch viajó a Chile buscando paz para escribir sus libros, opinión que parece confirmarse con el hecho de que estando allí publicó tres de sus obras: “La muchacha de la guaira y otros cuentos”; “Cuba, la isla fascinante”; y “Judas Iscariote, el calumniado”; y trabajó en otras dos que se publicarían posteriormente fuera de Chile: “Póker de espanto en El Caribe”; y “David, biografía de un rey”. Pero, político medular como era, y en su condición de fundador y dirigente del Partido Revolucionario Dominicano, Bosch aprovechó su estadía en Chile para hacer contactos políticos, según relatara él mismo tiempo después, evitando, debido al acoso al que estaba sometido por organismos de seguridad de varios países, ser fotografiado o relacionarse con personas ajenas a su círculo (3), anonimato que no consiguió por el inusitado éxito literario obtenido (4).

Para sobrevivir, Bosch instaló un taller de baterías en Santiago de Chile, que luego vendió para viajar a Valdivia, más de 800 kilómetros al sur de la capital. El mismo lo cuenta: “vendí el taller (...) y me fui con León a la Bahía de Corral, en cuya orilla norte había un lugarejo llamado Molinos de Niebla (5). Allí, en una casa humilde habitada por una familia indígena, íbamos a pasar un mes, tiempo que yo ocuparía escribiendo “David, biografía de un rey”...” (6).

De niño escuché sobre Bosch

Muchas décadas después, el valdiviano Rubén González, narrador, profesor universitario y gestor cultural escuchó decir que Juan Bosch estuvo en Valdivia, dato sobre el cual mantuvo un relativo interés hasta que el Comité Chileno para la Celebración del Centenario de Bosch empezó a difundir la vida y obra del insigne dominicano que vivió unas semanas en aquel lugar.

Rubén González: Antes de esa acción, Bosch apenas se mencionaba en Valdivia, pero ahora, gracias al trabajo del Comité, la situación es diferente. Se ha nombrado la escuela de Niebla con su nombre, se ha creado la cátedra Juan Bosch, se convoca anualmente a un concurso de cuentos en su honor. En ese contexto, surgió la idea de la antología” Veganos y Valdivianos” (7).

“Valdivia huele a río,  a árboles, a lluvia,  llueve mucho,
su nombre original en lengua mapuche significa Lugar de la lluvia”.

La antología, compilada por Rubén González, reúne un total de 19 cuentos de cuatro narradores de La Vega, República Dominicana, y otros cuatro narradores de Valdivia, Chile. Los veganos son: Angela Hernández, Julio Adames, Pastor de Moya y Pedro Antonio Valdez; y los valdivianos: Pedro Guillermo Jara, Manuel Montolio, Daniel Carrillo y el mismo Rubén González.

RG: El propósito de este trabajo es que, teniendo como referente la figura de Bosch, recuperemos su presencia como puente desde uno de los terrenos más conocidos: la literatura, con la producción narrativa de La Vega, donde él nació, y Valdivia, donde vivió y escribió.

El libro, auspiciado por la Corporación Cultural Municipal Valdivia y  la Fundación Juan Bosch, fue puesto a circular en octubre de 2014 en la Feria del Libro de Valdivia, y en abril de 2015, en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo.

RG: Nos ha encantado el resultado porque, sin planearlo, los autores representan distintas generaciones, estilos y temáticas. Espero sinceramente que “Veganos y Valdivianos” contribuya a generar una relación productiva entre República Dominicana y Chile.

El deseo de González está representado gráficamente en la portada del libro, en el que una palma caribeña se entrelaza con un coigüe suramericano. Leyendo estos cuentos, quizás experimentemos la sensación de empezar a caminar por el bosque valdiviano y salir por Las Neblinas de Constanza, o viceversa.

Citas:
1. El periodista chileno Luis Alberto Mansilla establece esta fecha en “Los días chilenos de Juan Bosch” (Colección Banreservas, Santo Domingo, 2011), pero las cartas escritas desde Chile por Juan Bosch a su esposa Carmen Quidiello indican fechas anteriores.
2. Versos del poema “Cuándo de Chile”, de Pablo Neruda.
3. Carta de Juan Bosch a su esposa Carmen Quidiello, Santiago de Chile, 12 de enero de 1955. Archivo de la Fundación Juan Bosch.
4. La obra de Bosch fue elogiada por el temido crítico literario chileno Hernán Díaz Arrieta, alias “Alone”, cuya opinión autorizada podía encumbrar o destruir a un escritor.
5. Son dos lugares distintos: Los Molinos y Niebla, pero Bosch los fusionó en un solo nombre.
6. Texto de Juan Bosch incluido en “Los días chilenos de Juan Bosch”, obra citada.
7. “Veganos y Valdivianos”, ediciones Kultrún, Valdivia, Chile, 2014.

El autor es periodista y escritor

sábado, 29 de noviembre de 2014

Noticias del vampiro

Por Luis Martin Gómez


Una
El vampiro  desespera ante el dilema de morirse de hambre o chuparse al sidoso, última víctima de su reinado sangriento.

Dos
La bioanalista está desconcertada, no sabe qué tipo de sangre ponerle al vampiro promiscuo, chupador de doncellas, estudiantes y poetas, quien quedó anémico tras la rebelión popular.

Tres
El vampiro repartió tierras, donó casas, construyó carreteras, levantó edificios, y nadie entiende por qué tanta bondad, si a cambio exigió la sangre de todos los beneficiarios.

Cuatro
Habiendo masacrado al pueblo, libado a su madre y chupado a sus hermanas, el vampiro, ante la escasez de alimento, está pensando seriamente beberse su propia sangre, para lo cual está leyendo sobre autotransfusión.

Cinco
El vampiro se estremece cada vez que lee en la prensa “Hubo un baño de sangre” y ha pedido a sus generales que sean más sutiles en el ejercicio de sus funciones.

Seis
Como a todo vampiro, le molestaba la luz del sol, de manera que ordenó que le sacaran los ojos. Ahora es un tierno vampiro ciego que a toda hora “chupa bien sin mirar a quien”.

Siete
El Cardenal conoce bien los gustos del vampiro y cuando le toca comulgar moja la hostia con sangre, en lugar de vino.

Ocho
Al vampiro le gusta la parte de la misa donde el cura dice: “tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre...” Excitado, en lugar del abrazo de la paz, reparte mordidas.

Nueve
La peor tragedia para el vampiro fue es ser daltónico y no poder distinguir el color rojo. La sangre de niño no le sabe igual, por aquello de que la comida entra por los ojos.

Diez
Al vampiro le gusta el helado rojo, las banderas rojas, los autos rojos, los vestidos rojos, los caramelos rojos, las pañoletas rojas, el refresco rojo, y por supuesto, la sangre (roja). Los médicos no se explican cómo es que tiene las entrañas negras.

Once
Celoso de su oficio, el vampiro ordenó eliminar a las sanguijuelas, los jejenes y los mosquitos. La comunidad internacional está preocupada ante la posibilidad de que el susodicho clausure la Cruz Roja.

Doce
Para que le concediera la legalidad, la oposición aceptó que el vampiro se chupara una sola víctima por día. A las nueve, hora de la cena del vampiro, la gente sube el volumen de la radio o reza en voz alta, para no escuchar los gritos del sacrificado.


Luis Martin Gómez: Memoria de la sangre. Mar de tinta, Santo Domingo, 2008.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Mami: Operación elefante

Nuevo libro de literatura infantil de Luis Martin Gómez


El periodista y escritor Luis Martin Gómez ha publicado un nuevo libro de literatura infantil titulado “Mami: Operación elefante”, inspirado en Mami, la elefanta que vivió decenas de años en Santo Domingo y fue motivo de alegría de niños y adultos de varias generaciones.


El libro, editado por Mar de tinta, tiene 73 páginas y 14 ilustraciones a color realizadas por el reconocido artista visual Elías Roedán. Contiene dos canciones musicalizadas por Pedro Pagán.

“Mami: Operación elefante” es la segunda obra de literatura infantil escrita por Luis Martin Gómez, dos veces premio nacional de cuento y premio nacional de literatura infantil.

Argumento:
Mientras construían chichiguas, como cada febrero, Carlitos y sus amigos se enteran de que Mami, la elefanta del zoológico, ha sido encerrada en una jaula tan estrecha que apenas la deja moverse. Deciden llevar a cabo una operación para salvarla, pero las cosas no resultan fáciles. La ayuda de un payaso callejero y su perro y de un viejo radiotécnico, les permitirán cumplir con su misión, durante la cual se fortalecerá la amistad entre ellos y destacarán cualidades como el amor al estudio, la disposición para el trabajo, el uso de la imaginación y la práctica de la solidaridad.


El libro refiere al enlace en la web www.elafantamami.com, que contiene canciones, videos y fotografías relacionadas con esta historia y sus personajes.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Un milagro


Por Luis Martin Gómez

Aunque en nada intervino la fe, lo cierto es que salvó su vida gracias a la religión. Su corazón quedó intacto porque la bala penetró sólo hasta el Salmo 91, versículos 3 al 7, de la pequeña Biblia que portaba en el bolsillo izquierdo de la camisa cuando se inició el tiroteo.

De Dialecto, 1999

lunes, 8 de octubre de 2012

Zafar y buscar zonas más propicias

Por Luis Martin Gómez

(A la memoria de Ernesto Che Guevara)

Atrás quedó la anécdota, fermentada por el ron y el guaguancó, de que “buscaba por el visor y de repente surgió él y le disparé instintivamente 1, 2, 3, 4 tiros”. Ese instante histórico, que se reprodujo  como hiedra en universidades y sindicatos, languidecía entre testamentos de sospechosa autenticidad, en estériles combates legales, en lienzos desteñidos enarbolados sólo para acallar disidencias.
¿Quién lo iba a decir –pensó él desde su eternidad sonriente- comenzar como símbolo de rebeldía y terminar como fenómeno mercadológico? Estaba acostumbrado a estos contrastes. Su breve vida había sido una apasionada contradicción. También conocía las traiciones, las había sufrido y por ellas había muerto. Con su arrojo de suicida, con su voluntad esculpida artísticamente, con su asma inoportuna, esperó la noche y rompió a puro balazo este nuevo cerco. Al amanecer, su imagen había desaparecido de todos los afiches, de todas las camisetas, de todas las banderolas, de todas las boinas, de todas las paredes, de todos los billetes, de los célebres negativos fotográficos que de inmediato perdieron valor legal y monetario. Sonrió con media risa, encendió un tabaco y planeó tranquilamente la próxima emboscada.


Del libro La destrucción de la muralla China, 2003

lunes, 24 de septiembre de 2012

Cántale la cucaracha


Luis Martin Gómez
(A la memoria de Amín Abel Hasbún)
         Su instinto de trescientos veinte millones de años le indicó que debía huir y lo hizo en menos de un segundo hacia la esquina del peldaño. Sus sensores no se equivocaron. Alguien subía lentamente la escalera. Era Martín quien se preguntaba dónde comenzaba una escalera, si arriba o abajo. “Tal vez comience abajo, para el que sube. Pero para el que baja es obvio que comienza arriba”. Martín iba más o menos por la mitad de la escalera cuando vio a una cucaracha. Pudo aplastarla pero no lo hizo. Tenía sueño y estaba sucio después de su escurridiza caminata de tres días por montes y callejones. Mas cuando alcanzó el peldaño cuarenta y tocó la puerta, sintió revitalizarse. Una luz amarillenta se coló por las rendijas y le dejó ver sus botas rotas y húmedas. Del otro lado, alguien se acercó vacilante. Quién es. Soy Martín. La puerta se abrió. Una mujer se cubrió la boca tratando inútilmente de contener un grito de emoción. Era Irma y estaba embarazada. Se abrazaron sollozando. Víctor, el hijo de ambos, dormía.

            Que dónde están los compañeros, que quién denunció a Soto, que si Marino pudo asilarse, que cómo te sientes, amor mío, perdona tan larga ausencia, sabes que te amo pero antes está el compromiso con la patria, y el embarazo cómo va, estás comiendo, descansas suficiente, y qué opina Víctor del hermanito que viene, no te preocupes, amor, todo saldrá bien, el futuro nos pertenece, en primavera volverán las mariposas y los cuatro reiremos persiguiendo su vuelo de colores. Las preguntas, las promesas, los sueños revolotearon alrededor de sus cuerpos entrelazados en una danza de sudor y gozo. Apenas durmieron. Querían recuperar tantas caricias no dadas, tantos besos guardados. Levitaban en la laxitud del placer cuando golpearon la puerta.

            Qué hora es. Las seis. Quién será. Ha de ser uno de los compañeros que ya se enteró de que estoy aquí. Sólo se lo dije a Rafa, como acordamos. Ten cuidado, pide la contraseña antes de abrir. “Dulce y decoroso…”. No contesta. Quizás no te oyó, repítela un poco más fuerte. “Dulce y decoroso es…” ¡Abra la puerta, es la policía! Martín se vistió apresuradamente y trató de escapar por la puerta trasera pero no pudo pues tres agentes cubrían esa salida desde el techo de la casa contigua. Atisbó por la ventana de la sala y se dio cuenta de que numerosos agentes rodeaban la casa. Abreles, Irma, creo que no me harán nada, soy muy conocido y además estoy con ustedes. Irma abrió la puerta. Entraron dos cabos, un teniente y Teófilo, el ayudante del fiscal. Muéstreme la orden de cateo. Nadie respondió. Teófilo y el teniente sudaban copiosamente, miraban nerviosos hacia la escalera por la que subió Demóstenes, el jefe del servicio secreto. Muéstreme la orden de cateo, repitió Martín, o váyanse de mi casa. Tú siempre tan legalista, Martín, pero no te hagas el hombrecito que estás bien embarrado; revisen la casa. Por el ruido, Víctor se despertó, salió a la sala y se abrazó a sus padres. Irma lloraba. ¿Por qué lloras, mamá? Es que ella no es valiente como tú, dijo Martín; cántale La cucaracha para que ella vea que no tienes miedo. Víctor no cantó. Uno de los agentes regresó a la sala con una pistola que dijo haber encontrado en el baño de la casa. Ahora sí estás jodido, Martín, vas preso. No me venga con cuentos, esa arma la sembraron sus hombres ahora mismo, no soy idiota para andar armado en estas circunstancias. El teniente y Teófilo, el ayudante del fiscal, dijeron que se retiraban para consultar con sus superiores las acciones a tomar. No, no pueden irse, les gritó Martín, ustedes son mi seguro de vida, si se van mi familia corre peligro, no se vayan, no pueden irse. Se fueron. Bueno, Martín, ya no tienes quién te defienda, señaló Demóstenes; camina. No voy a ningún lado sin una orden judicial, sabe muy bien que es ilegal lo que está haciendo. Déjate de vainas legales, Martín, debiste pensarlo mejor antes de secuestrar al coronel gringo, con los americanos no se juega, tú lo sabes; camina, no te pasará nada, tú conoces al viejo, es incapaz de matar a nadie. ¿Y Soto, cómo explica lo de Soto? Eso fue un accidente, los policías que lo fueron a buscar eran pinos nuevos, estaban nerviosos y se le escaparon algunos tiritos; por eso me mandaron a mí a buscarte, yo soy un zorro viejo, no ves cómo te estoy tratando; camina, te digo. No, busque al ayudante del fiscal o al fiscal, sólo me entregaré a un representante de la justicia. Qué joder, quería que todo fuera por las buenas, pero no pones de tu parte; ¡llévenselo! Martín se abrazó a Irma y a Víctor pero los policías lo halaron y empujaron hacia la puerta.

            El destello se coló por la rendija e iluminó fugazmente el rostro de Víctor apoyado en el vientre preñado de su madre. Sin que pudieran llorar, sin que pudieran quejarse, los obligaron a bajar la escalera y pasar por encima del cadáver que yacía más o menos en el medio, los pies descalzos en el peldaño veinte, la cabeza destrozada en el doce. Víctor volteó la cabeza intentando no ver a su padre y descubrió a una cucaracha arrinconada en un peldaño. Recordó el encargo de su padre para que su madre fuera valiente como él y no llorara. “Porque le falta, porque no tiene, la patica principal…” murmuró apretando la mano de su madre. La sangre dibujaba un rastro escarlata que se perdía en la acera. Vista desde arriba, la sangre parecía bajar la escalera; desde abajo, daba la impresión de subirla.

Del libro Memoria de la sangre, 2008 


sábado, 25 de agosto de 2012

Kin Sánchez: “Somos lo que nadie puede ser: la ciudad primada de América”


Gestor cultural, autor de Guía de anécdotas, cuentos, crónicas y leyendas de la ciudad colonial de Santo Domingo

Por Luis Martin Gómez

Kin Sánchez es un fantasma. Lo sé desde que yo tenía nueve años y lo veía deambular, con su cuerpo etéreo y su barba bíblica, por las manzanas cuadriculadas del ensanche Ozama. Hubo un tiempo en que pensé que era un personaje imaginario inventado por mi hermano Leopoldo, embebido del realismo mágico que por ese entonces García Márquez había elevado a la máxima potencia. Pero luego confirmé la condición espectral de Kin, sometiéndolo a la prueba irrefutable del espejo, frente al cual los fantasmas, según había aprendido en la serie animada Gasparín: el fantasmita amistoso, no se reflejan. (Debo decir, para más señas, que Kin tenía características distintivas respecto a los otros fantasmas: era vegetariano, tomaba agua a temperatura ambiente y prefería hablar animadamente a echar esos horribles gritos que el sindicato fantasmagórico incorporado exige emitir a sus temibles miembros).

Cuarenta y un años después, me he encontrado a Kin Sánchez en la zona colonial. Está exactamente igual, lo cual me indica que el vegetarianismo también tiene sus ventajas en el más allá. No me lo dice pero sospecho que ha preferido ser fantasma de la zona porque los monumentos, ruinas con palomas, pasadizos secretos y campanarios, amplían las oportunidades laborales para alguien de su condición. Además, sé por experiencia propia que en el Ozama la gente ha dejado de soñar, y allí donde no hay sueños, los fantasmas pierden el empleo.

En su nuevo universo, comprendido entre la Palo Hincado y el río, entre la Mella y el mar, Kin Sánchez fue apuntando datos y sucesos que ha reunido en una Guía de anécdotas, cuentos, crónicas y leyendas de la ciudad colonial de Santo Domingo, un texto ameno que mezcla oralidad e investigación bibliográfica para darnos una visión diferente de la zona colonial. Desde el arranque, agrada el efecto “inclusivo” de su narración, mediante el cual el lector siente que está junto al autor en el lugar que describe.

KS Busqué transmitir esa sensación, como si estuviera en un banco del parque contando las historias a mi hijo o a mis amigos. Y no me costó gran esfuerzo lograrlo porque lo único que hice fue repetir lo que he hecho toda mi vida: relatar esas anécdotas, esas leyendas.

Romeo y Julieta en el trópico
Kin inicia su paseo en la Casa de Tostado, que tiene la única ventana geminada, de estilo gótico-isabelino, del nuevo mundo. A ella se asomaba una hermosa joven, hija única del propietario de la vivienda, que se enamoró de un teniente  del ejército que había invadido la parte oriental de la isla. “Una noche sin luna, cuenta Kin, los amantes fueron sorprendidos por el padre y los servidores de la casa. Brillaron las espadas inflamadas de patriotismo y honor ofendido. No pudo la bravura del soldado contra la ira del padre y perdió el duelo. Cuando la joven vio a su amado darle la última mirada, corrió enloquecida de dolor hasta el pozo del jardín y se lanzó al fondo, para encontrarse con su amado en aquella región donde el amor no tiene barreras”.

En su caminata, Kin nos lleva por la plaza dedicada al padre Billini, que por su diminuto tamaño habría motivado el consejo de no afanar mucho como este filántropo, porque hizo mucho por los pobres y sin embargo le hicieron el parque más pequeño de la ciudad; por la catedral, en cuyo techo yace una bala de cañón disparada por Francis Drake y que no explotó, por milagro divino o por la mala puntería de los cañoneros del infame corsario; por el parque Colón, donde doña Dominga, habitante común de la ciudad, desafió a Tousaint  Louverture, general invasor que amenazaba con pasar a cuchillo a toda la población, y donde una vez instalaron un circo de fieras del cual escapó un tigre que se comió a su domador y provocó la estampida de los asistentes, habiendo generado la frase muy dominicana de “se soltó el tigre”; por el Callejón de las trinitarias, donde los invitados a las bodas, vecinos y curiosos ‘cencerreaban’ a los recién casados, hasta que un desposado malhumorado disparó  varios tiros a la multitud porque hacía mucho ruido con los cencerros; por la calle Las damas, que debe su nombre a las mujeres de la corte virreinal que se alojaron en ella y también a las primeras busca-fortunas del nuevo continente; o por el Panteón Nacional, que antes de serlo fue almacén, depósito de tabaco, teatro y oficinas públicas…

El libro de Kin Sánchez nos invita a ver la ciudad colonial con otros ojos, llamándonos  a descubrir más cosas que piedras y formas arquitectónicas. Si algo se le puede criticar es la ausencia de unidad gráfica en el diseño, que mezcla con pobre resultado buenas fotografías que simulan acuarelas con malas fotografías de archivo y caricaturas que desentonan respecto al conjunto. Salvando esto, que pudiera corregirse en una segunda edición mejor cuidada, esta obra es de gran utilidad para el turista, el interesado en la ciudad colonial y especialmente para los guías turísticos, algunos de los cuales llenan vacios en sus recorridos con datos inventados.

KS Ese es uno de los objetivos de este trabajo, fortalecer el entrenamiento de los guías, aumentar sus conocimientos sobre la zona colonial, sus monumentos, pero también sus personajes, lo que ocurrió aquí. Lo principal es que destaquen nuestra principal ventaja: somos lo que nadie puede ser, la ciudad primada de América. No hay que inventar nada, las historias ya existen, solo hay que sabérselas.

Como ésta que relaciona a Billini con Colón y que Kin repite con deleite: “Colón descubre América y lo entierran en la catedral. Billini, párroco de la catedral, descubre en ella los restos de Colón. Ambos tienen plazas dedicadas en la misma cuadra de Santo Domingo donde está la catedral, los dos son de ascendencia italiana y sus estatuas fueron hechas por el mismo escultor”.

Rio con esta curiosidad que me cuenta Kin y noto que unos turistas que atraviesan la Plazoleta de los curas me miran con asombro. No entienden por qué hace rato estoy gesticulando a solas, como si hablara con alguien inexistente, como si conversara con el viento.

El autor es periodista y escritor
Entrevista en video disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=c31YJH-YgIo&feature=share&list=UU4vT4tVlAkPGLbE80p9Mx2w

jueves, 5 de julio de 2012

Palabras de presentación del libro Testimonios y profanaciones


Por Luis Martin Gómez

Uno de los inconvenientes que tenemos los ciudadanos dominicanos con nuestros políticos es que casi siempre se quieren quedar con el poder, y cuando por fin se van, el retorno se convierte para ellos en una cuestión de vida o muerte que refleja la veta obsesiva de su personalidad, regularmente afectada por otros problemas psicológicos, pero especialmente por la esquizofrenia paranoide, esa que según los manuales, potencia el egocentrismo y produce pérdida de contacto con la realidad. Sospecho que, politizados hasta los tuétanos como estamos, debemos estar haciendo asociaciones con el presente o el pasado reciente, en cuyo  caso propongo que retrocedamos veinte años atrás, para incluir a todas las preferencias partidarias dignamente representadas en este acto.
Ese apego pasional al poder viene de lejos y parece un mal hereditario. Escojo un ejemplo que me parece le viene muy bien al caso: el del presidente Horacio Vásquez en el primer tercio del siglo pasado. De acuerdo con el historiador Juan Daniel Balcácer en su obra Trujillo: El tiranicidio de 1961 (1), Horacio Vásquez, para forzar la prolongación de su mandato que concluía legalmente en 1928, maniobró para que el congreso de entonces no solo extendiera su cargo hasta 1930 sino también que restituyera la reelección presidencial, que ya había sido prohibida en la nueva constitución de 1924. Balcácer señala que algo similar había ocurrido con Santana en 1844, con Báez en 1865, con Lilís en 1887, y con un reguero de caudillos de menor importancia, durante el período comprendido entre la Independencia Nacional y la primera ocupación norteamericana a nuestro país.
Con Rafael Trujillo se produjo una larga pausa en esta práctica marrullera de desconocer los juramentos solemnes de “cumplir y hacer cumplir las leyes”, porque Trujillo, como todo dictador que se respete, impuso su voluntad a sangre y fuego, a dinero y sexo. Tras tres décadas de represión y abusos, murió –como sabemos- de causas naturales, es decir, a consecuencia de varios balazos, final naturalmente destinado a estos respetables señores, salvo a Fidel Castro, que da la impresión de que terminará sus días por vejez o por alzaimer, o ambas cosas a la vez.
Trujillo habría sido el último caudillo, según don Juan Bosch, pero Balcácer añade a la infame lista a Joaquín Balaguer, apologista del tirano mientras le fue conveniente, y luego reproductor oportunista de sus métodos, con variantes de inspiración propia que fueron conformando una antología de lo grotesco. Hay un mar de tinta disponible para describir, cuando alguna vez lleguen a su fin las colindancias políticas actuales, las tropelías del llamado “déspota ilustrado”; que baste, por el momento y para entrar en la materia que nos ocupa, mencionar algunos aspectos del régimen de los doce años que nos ayuden a recordar las características de este tiranuelo santificado gracias a las coyunturas electorales; a saber: debilitamiento intencional de las instituciones, porque es más fácil practicar el personalismo allí donde impera el caos y la burocracia se vuelve inoperante; clientelismo, como mecanismo de soborno para comprar favores y generar lealtades; corrupción generalizada, que facilitó la creación de grupos de poder amparados por la impunidad; y violación de los derechos humanos, que tuvo sus expresiones más evidentes en el encarcelamiento y asesinato de adversarios. Años después, y sobre la sangre derramada, los adversarios que sobrevivieron nombraron a Balaguer Padre de la democracia, porque no podía faltarle un título falso a este colega aventajado de Pedro Santana, El libertador de la Patria, de Buenaventura Báez, El gran ciudadano, de Ulises Heureaux, El pacificador de la Patria, y por supuesto de Rafael Trujillo, Generalísimo, Benefactor y Padre de la Patria nueva.
En 1978, último año de esa dictadura con sordina que fue el balaguerato, José Alcántara Almánzar publicó Testimonios y profanaciones (2), su cuarto libro hasta ese momento, tercero de cuentos, en el que trabajó en dos direcciones claramente diferenciadas y sin embargo intercomunicadas mediante el tratamiento del autoritarismo en sus diversas manifestaciones. Por un lado, el libro contiene relatos breves que presentan distintas situaciones de abuso de autoridad enfocadas desde los puntos de vista social y político; y por otro, ofrece cuentos que exploran el ejercicio de la autoridad desde el ámbito de lo íntimo, empleando una rica variedad de recursos expositivos, como la parodia, la introspección psicológica y el realismo, que aportan efectividad a las tramas y credibilidad a las historias  que se cuentan.
Los relatos breves, inspirados (según testimonio del propio autor) en unas piezas similares del libro Así en la paz como en la guerra, del cubano Guillermo Cabrera Infante, describen, como si se tratara de una cámara cinematográfica que registrara fríamente lo que se produce ante ella, escenas de un desalojo de un barrio, abusos contra cortadores de caña haitianos, represión contra obreros que reclaman prestaciones, el asesinato de un guerrillero que ha sido acorralado, casos de corrupción en una empresa pública, y la ejecución extra-judicial de ladrones comunes a quienes etiquetan convenientemente de comunistas. Dos cosas llaman la atención en estos relatos: primera, la toma de distancia del narrador sobre aquello que narra, ese situarse en la acera de enfrente a observar impasible lo que ocurre, sin mostrar emoción, sin tomar partido, pretendiendo una objetividad que es posible simular en literatura; y segunda, la referencia a la represión o el abuso de poder de manera contigua y no anecdótica o histórica, lo cual refuerza el carácter ficticio que distingue a la buena literatura, liberándola del anclaje de la realidad que la inspiró.
En su obra Seis ensayos sobre narrativa dominicana contemporánea (3), la profesora de literatura y crítica literaria belga Rita De Maeseneer considera que una de las limitaciones de muchas de las obras dominicanas que tratan sobre la figura del dictador es su dependencia directa del hecho histórico, provocando confusión entre literatura e historia. Al respecto, propone narrar lo histórico desde el ámbito privado, tomando en consideración la intrahistoria, así como trabajar el tema histórico de manera tangencial. Esta sugerencia es relativamente reciente, pero José Alcántara ya la aplicaba a finales de los setenta en estos relatos que, gracias a ello, más de tres décadas después mantienen la misma actualidad que cuando fueron escritos. Esa transcendencia, esa universalidad, es una de las características de la literatura de calidad, como la que escribe José Alcántara Almánzar.
Los otros cuentos que integran Testimonios y profanaciones, y que llamaremos cuentos largos para diferenciarlos de los relatos ya mencionados, echan una mirada crítica, mordaz, a la vida cotidiana de los individuos que componían aquella sociedad de los llamados “doce años” de Balaguer. En una dictadura, no sólo los adversarios declarados sufren los efectos del autoritarismo; también los padecen los ciudadanos comunes que intentan hacer su vida al margen de lo político y que sin embargo no pueden substraerse al miedo, la coacción, la amenaza, que permean hasta sus actividades más íntimas. Es en ese ambiente de asfixia social, de control visceral del Estado sobre las personas, que se crea un universo doméstico reprimido con sus propias historias de censura, traición, deslealtad, abuso, sumisión, envilecimiento y vejación. En estos cuentos largos, José Alcántara no menciona una sola vez al caudillo, pero sentimos su omnipresencia, por ejemplo, en “Crónica trivial de una fiesta íntima”, parodia sobre la clase media emergente, integrada por nuevos ricos maleducados e incultos, surgidos a golpe de oportunismo y malas artes. Usando una mezcla sucesiva de planos que van imbricando en ritmo creciente las estrambóticas  historias de un general y su esposa, un alto funcionario y su pareja, un industrial y su novia y una cronista y su perro pequinés; este cuento retrata la banalidad de un sector de la sociedad con tendencia al individualismo, al egoísmo, y que reproduce en su pequeña escala el culto a la personalidad que le llega por gravedad desde las altas esferas del poder, una pedantería que actualmente alcanza el paroxismo en las revistas sociales y de farándula.
El reverso de esta moneda es el cuento “Los demonios que habitan nuestros días”, una exploración desgarradora de la violencia en los barrios pobres de Santo Domingo, una visión cruda de la relación de dominación entre personas de las clases marginadas. Si en “Crónica trivial de una fiesta íntima” el autor muestra las miserias espirituales del nuevo rico, en “Los demonios que habitan nuestros días” presenta los vicios del pobre, su indiferencia ante el dolor ajeno, la propensión a disfrutar el momento sin medir las consecuencias de sus actos. Tal como lo amerita el tema, el tono utilizado es sobrio y el estilo empleado es el realismo, pero no el social-soez que gana premios internacionales y ha ido creando escuela entre seudo-rebeldes que no alcanzan a entender la rebeldía en su auténtica esencia, sino uno que permite que sean la historia y los personajes los que estremezcan la sensibilidad del lector. El cuento se desarrolla en dos planos paralelos que, aunque independientes, dialogan entre sí, y siembra pistas o símbolos que hay que descifrar para comprender cabalmente lo que se cuenta. Sin darle más vueltas, este cuento es una pieza maestra, una joya de la técnica de este género literario, que curiosamente no ha recibido tanta atención de la crítica ni ha sido tan antologada como el cuento “Con papá en casa de madame Sophie”. En éste, José Alcántara lleva la metáfora del autoritarismo al plano más íntimo y personal posible: el momento de la iniciación sexual de un adolescente fruto de la imposición de su padre. La simbología del tema llega a su punto más alto en el papel dominador del padre, quien decide el momento, el lugar y la prostituta con que deberá ocurrir esta primera fornicación cuyo objetivo, para más señas, es que “el hijo se haga un hombre”; y en la actitud de sumisión del hijo, quien obedece, no protesta y al final debe auxiliar al padre, paradójicamente impedido, por la edad y el alcoholismo, de demostrar su virilidad. Este cuento, con el que Alcántara demuestra cabalmente su magistral manejo de la psicología de sus personajes, remite a la tirante relación del escritor Franz Kafka y su padre, que el célebre autor checo recreó en su obra literaria y de la cual dejó doloroso testimonio en su copiosa correspondencia.
De vivir en nuestros días, Kafka hubiera sido un fanático usuario de las redes sociales, sobre todo del e-mail, pues escribía muchas cartas y muy largas. Tal era su afición a la correspondencia, que escribió 90 cartas a una misma mujer en un período de solo 2 meses (carta y media por día, en promedio) y a otra mujer le llegó a enviar 130 cartas en 5 meses (casi una carta diaria) (4). Muchas de esas cartas revelan interesantes aspectos de la compleja personalidad de Kafka, pero una en particular muestra claramente el terrible drama de su relación con su padre y explicaría muchos de sus problemas de inseguridad, temor y angustia: se trata de La carta al padre (5).
En 100 páginas manuscritas, 45 mecanografiadas, Kafka reclama a su padre la forma autoritaria en que condujo a su familia, especialmente a él, a quien recriminó todo el tiempo por su oficio de escritor, su profesión de abogado y hasta las parejas que eligió y con las que no llegó a casarse. “Era suficiente sentirse feliz por cualquier cosa, absorto en ella, llegar a casa y expresarla, y como respuesta obtener un suspiro irónico, un movimiento de cabeza, un golpeteo de los dedos en la mesa (como diciendo) “he visto cosas mejores” o “ya quisiera yo que esos fueran mis problemas”, escribe amargamente Kafka en su carta, confesando que eran tantos los vejámenes que recibía de su padre, que decidió no hablar, y que tartamudeaba cuando finalmente se atrevía a hacerlo.
Esa traumática experiencia familiar de Kafka se percibe en algunas de sus obras, por ejemplo, en su novela El proceso, donde el protagonista es acusado y llevado a juicio sin que nunca se sepa por qué ni por quién; y en la novela El castillo, en la que el personaje principal nunca logra entrar a la fortaleza, repelido por una fuerza oculta que no ve ni comprende. Según Peter Watson, en Historia intelectual del siglo XX, esa sensación de sometimiento ante un poder abarcador e invencible presente en los textos de Kafka habría prefigurado el fascismo y el nazismo, las más sangrientas manifestaciones de autoritarismo de los últimos cien años.
La literatura, entonces, puede anticipar el surgimiento de sistemas criminales a partir de actitudes cotidianas de dominación o de señales de autoritarismo oficial consentidas y celebradas por masas fascinadas con los símbolos de poder; o puede evocar esas señales y actitudes, dando testimonio sobre la barbarie y alertando sobre su malignidad, mediante el impacto que la obra de arte y sus cualidades estéticas puede provocar en la sensibilidad del lector. Esto último es lo que hace José Alcántara Almánzar en Testimonios y profanaciones: retratar desde la ficción, con uso impecable del lenguaje y utilización de recursos técnicos y creativos novedosos, el autoritarismo y sus odiosas secuelas en lo público y lo personal durante una etapa ominosa de nuestra historia reciente, logrando que sus textos superen el marco que les sirvió de referencia y se mantengan tan actuales que parecieran haber sido escritos esta misma tarde, que parecieran renacer cada vez a los ojos del lector, fieles a esa magia que sólo posee la literatura excepcional, a un tiempo comprometida y trascendente, valiente y maravillosa.
Muchas gracias.

Referencias:
1. Juan Daniel Balcácer: Trujillo, el tiranicidio de 1961. Taurus, Santo Domingo, 2007, segunda edición.
2. José Alcántara Almánzar: Testimonios y profanaciones. Editorial Santuario, Santo Domingo, 2012, segunda edición.
3. Rita De Maeseneer: Seis ensayos sobre narrativa dominicana contemporánea. Banco Central de la República Dominicana, Santo Domingo, 2011, primera edición.
4. Peter Watson: Historia intelectual del siglo XX. Editorial Crítica, Barcelona, 2010, tercera impresión.
5. Franz Kafka: Carta al padre. Editorial Concepto, México, 1989, primera reimpresión. 


viernes, 29 de junio de 2012

José Alcántara Almánzar: “Retraté la realidad atroz de los doce años”


Educador, escritor y crítico literario. Ha obtenido los más importantes premios literarios del país, incluyendo el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra.

Por Luis Martin Gómez

En 1978, último año de esa dictadura con sordina que fue el régimen de los doce años de Joaquín Balaguer, José Alcántara Almánzar publicó Testimonios y profanaciones, en el que trabaja en dos direcciones claramente diferenciadas y sin embargo intercomunicadas mediante el tratamiento del autoritarismo en sus diversas manifestaciones. Por un lado, el libro contiene relatos breves que presentan distintas situaciones de abuso de autoridad enfocadas desde los puntos de vista social y político; y por otro, ofrece cuentos que exploran el ejercicio de la autoridad desde el ámbito de lo íntimo, empleando una rica variedad de recursos expositivos como la parodia, la introspección psicológica y el realismo, que aportan efectividad a las tramas y credibilidad a las historias  que se cuentan.


LMG Profesor, me llamó la atención en los relatos cortos la distancia que toma el narrador de los episodios violentos que narra, dejando que sea el lector quien juzgue esos hechos. ¿Cómo logró esa objetividad, tomando en cuenta que el contexto en que escribió esos trabajos fue el de los doce años de Balaguer?

JAA En todo cuento debe haber la mínima intromisión del escritor en lo que dice. Opinar, enjuiciar, moralizar, comentar, es lo peor que puede hacer un narrador de cuentos. Por el contrario, es el lector quien debe hacerse una idea de lo que se cuenta, a través de las palabras y no porque el narrador se lo sugiera o diga. En el caso de estos relatos, hay un antecedente ilustre que me sirvió de modelo, el libro Así en la paz como en la guerra, de Guillermo Cabrera Infante. Sus viñetas se refieren a la dictadura de Batista, y son así: breves, incisivas, objetivas. Yo quise hacer lo mismo con la realidad política dominicana de entonces, que era una realidad atroz, caracterizada por la represión política, para lo cual empleé un enfoque que fuera como una cámara moviéndose delante de un hecho, sin enjuiciar lo que se cuenta. ¿Cómo lo logré? Creo que ayudó mi formación de sociólogo, profesional que debe ser lo más objetivo posible cuando estudia una realidad.

Otro aspecto que llama la atención en estos relatos breves de José Alcántara es la referencia a la represión o el abuso de poder de manera contigua y no anecdótica o histórica, lo cual refuerza el carácter ficticio que distingue a la buena literatura, liberándola del anclaje de la realidad que la inspiró. En su obra Seis ensayos sobre narrativa dominicana contemporánea, la profesora de literatura y crítica literaria belga Rita De Maeseneer considera que una de las limitaciones de muchas de las obras dominicanas que tratan sobre la figura del dictador es su dependencia directa del hecho histórico, provocando confusión entre literatura e historia. Al respecto, propone narrar lo histórico desde el ámbito privado, tomando en consideración la intrahistoria, así como trabajar el tema histórico de manera tangencial. Esta sugerencia es relativamente reciente, pero José Alcántara ya la aplicaba a finales de los setenta en estos relatos que, gracias a ello, más de tres décadas después mantienen la misma actualidad que cuando fueron escritos.

Autoritarismo íntimo

Los otros cuentos que integran Testimonios y profanaciones, y que llamaremos cuentos largos para diferenciarlos de los relatos ya mencionados, echan una mirada crítica, mordaz, a la vida cotidiana de los individuos que componían aquella sociedad de los doce años de Balaguer. En una dictadura, no sólo los adversarios declarados sufren los efectos del autoritarismo, también los padecen los ciudadanos comunes que intentan hacer su vida al margen de lo político y que sin embargo no pueden substraerse al miedo, la coacción, la amenaza, que permean hasta sus actividades más íntimas. Es en ese ambiente de asfixia social, de control visceral del Estado sobre las personas, que se crea un universo doméstico reprimido con sus propias historias de censura, traición, deslealtad, abuso, sumisión, envilecimiento y vejación.

En estos cuentos largos, José Alcántara no menciona una sola vez al caudillo, pero sentimos su omnipresencia, por ejemplo, en “Crónica trivial de una fiesta íntima”, parodia sobre la clase media emergente, integrada por nuevos ricos maleducados e incultos, surgidos a golpe de oportunismo y malas artes. O en “Los demonios que habitan nuestros días”, una exploración desgarradora de la violencia en los barrios pobres de Santo Domingo, una visión cruda de la relación de dominación entre personas de las clases marginadas. Este cuento, una pieza maestra, se desarrolla en dos planos paralelos que, aunque independientes, dialogan entre sí, y siembra pistas o símbolos que hay que descifrar para comprender cabalmente lo que se cuenta.

JAA Es un cuento que me costó mucho trabajo escribir porque las dos historias que corren paralelas tienen relación, por los personajes que se mueven en una y otra; no es fácil escribir una historia tan larga donde el párrafo único es opresivo, y en ese cuento hay mucho de eso, el estilo llama a una sofocación, a una asfixia. Pienso que esta atmósfera opresiva quizás haya sido llevada a un extremo por el narrador, pero no es insólita, podía encontrarse en ese momento, ya que había mucha gente que llevaba una vida desesperanzada, donde la única alternativa que le quedaba al individuo era escaparse a través de esas prácticas: sexo, alcohol, prostitución, drogas.

LMG ¿Pudiera decirse que en el cuento “Con papá en casa de Madame Sophie”, además de la historia de tirantez entre un padre y su hijo, hay una denuncia al abuso de poder, una rebelión contra la autoridad, representada en el padre pero también en el Estado que asesina, el muchacho que viola, la ciudad que devora con su caos a los menos pudientes?

JAA Yo he estudiado muy a fondo a ese “ogro filantrópico” que es el Estado, como lo llamó Octavio Paz, sus implicaciones, su fuerza, que se impone más allá de cualquier voluntad individual, doblegándola, sometiéndola, en cualquier sistema, hasta en el más democrático, incluso. Sí, hay una crítica implícita no solo a la figura del padre sino a todo poder opresivo que nos hace hacer cosas que no queremos.

La literatura puede anticipar el surgimiento de sistemas criminales a partir de actitudes cotidianas de dominación o de señales de autoritarismo oficial, consentidas y celebradas por masas fascinadas con los símbolos de poder; o puede evocar esas señales y actitudes, dando testimonio sobre la barbarie y alertando sobre su malignidad, mediante el impacto que la obra de arte y sus cualidades estéticas puede provocar en la sensibilidad del lector. Esto último es lo que hace José Alcántara Almánzar en Testimonios y profanaciones: retratar desde la ficción, con uso impecable del lenguaje y utilización de recursos técnicos y creativos novedosos, el autoritarismo y sus odiosas secuelas en lo público y lo personal durante una etapa ominosa de nuestra historia reciente, logrando que sus textos superen el marco que les sirvió de referencia y se mantengan tan actuales que parecieran renacer cada vez a los ojos del lector, fieles a esa magia que sólo posee la literatura excepcional, a un tiempo comprometida y trascendente, valiente y maravillosa.

El autor es periodista y escritor


viernes, 4 de mayo de 2012

Pablo Jorge Mustonen: “Atrévanse a jugar con las palabras, con la vida”


Economista y escritor, autor del libro de cuentos Mar de recuerdos

Por Luis Martin Gomez

Igual que Funes el memorioso, inolvidable personaje de Jorge Luis Borges, Pablo Jorge Mustonen lo recuerda todo; por ejemplo, un cuaderno de su infancia, el dibujo de la portada, si el lomo era cosido o en espiral, el nombre de la empresa que lo fabricó, el tramo donde estaba almacenado en la tienda de su abuelo en Santiago, el color del almacén, su olor… Con esa memoria prodigiosa, Pablo fue construyendo lentamente, tal vez con demasiada lentitud, su primer libro de cuentos, que lleva un título que simboliza la cualidad memoriosa de este autor: Mar de recuerdos. Aunque ficcional, esta obra bordea lo autobiográfico, y quien tenga, como yo, una mínima información sobre Pablo, llega a confundir al autor con el personaje-narrador. Ese pasado tan presente en su memoria le permite recrear, con perfecta filigrana tempo-espacial, cuentos entrañablemente nostálgicos como Solamente nosotros.

PJM Ese cuento es del 1994; después de leer la que se cree fue la única entrevista concedida por William Faulkner, en la que dijo que un escritor, para transmitir una emoción,  debe escribir sobre lo que realmente conoce, decidí trabajar sobre mis recuerdos.

Pablo no sólo recurre a sus recuerdos de infancia y adolescencia sino también a la memoria de sus muchas lecturas y películas. Se sabe que el escritor, el artista en general, vive la realidad y también la imaginación, y ésta muchas veces le provoca estímulos más ricos que aquélla. Es probable que así naciera la idea del cuento Cartas al mar de tu recuerdo, poético homenaje a Francois Truffaut, uno de los grandes del cine.

PJM Siempre mantuve en secreto de quién se habla en ese cuento. Recuerdo que un amigo, gran pintor dominicano, me advirtió que ese texto era un plagio de la Tregua, de Mario Benedetti; pero luego, el ingeniero Luciano López, a quien dedico este trabajo, descubrió que el personaje a quien se refiere el cuento es Truffaut.

Pablo indica que en todo lo que escribe busca que el lector participe de alguna manera, completando la obra con sus propias lecturas, con su cultura o con su experiencia. “Ahora se hace fácil esta interacción porque basta meter una frase en google para dar con un dato, pero yo no quiero que la gente vaya a google para descubrir que hablo de Truffaut, prefiero que vea sus películas.

Los muchachos de Alcántara
Pablo Jorge Mustonen es fruto, junto con Luis Toirac y Aldo Iván Rodríguez, del Círculo Literario de la universidad INTEC que animaba José Alcántara Almánzar. Ellos tres, de hecho, parecen formar un grupo, no explícito, no formal, con una estética similar y temas comunes. Los distingue, entre otras cosas, el profundo conocimiento de la lengua, la pasión por la lectura y el amor por la música.

PJM Empezamos a escribir juntos.  Aldo y Luis ya se conocían desde la primaria y yo conocí a Luis en INTEC. Básicamente, nos reuníamos para leernos nuestros trabajos, para pulir nuestros textos.

En las obras de estos tres autores suena la música, a veces a todo volumen, en ocasiones de fondo: Keith Jarrett, Pat Metheny, Charlie Parker, Art Tatum, Cat Stevens… También es común en ellos, casi un signo de identidad, el uso de epígrafes o citas como aperitivo al texto que anteceden, como homenaje a algún autor, o como guiño cómplice entre ellos o a amigos con los que comparten libros y vivencias.

Toirac y Rodríguez ya me han contado por separado cómo influyó el Círculo de INTEC en su vocación literaria; es el turno de Pablo:

PJM Me ayudó con la lectura y me proporcionó un espacio para lo que realmente yo quería hacer, que era literatura.

Pablo cuenta que en una prueba psicológica que le hicieron en el Colegio de la Salle, para orientarlo sobre cuál carrera universitaria le convendría cursar, le sugirieron que su primera alternativa era filosofía y letras y que la segunda era economía. “Pero pensé que sería descabellado estudiar literatura en aquel tiempo y me incliné por la economía, también un poco para complacer los deseos de la familia. Y un día, en INTEC, vi un letrero (que diseñaba Otto Coro) invitando a integrarse al círculo, y entré”.

Pablo se confiesa cortazariano. La influencia de este escritor argentino se nota en textos como Temblor, La señorita Sal Azar, Oscuridad y Sesión de noche. Sin embargo, se inspiró en un recurso de Umberto Eco para construir ese testamento sentimental titulado The First Kiss, en el que se insinúan con iniciales los nombres de personas reales.

PJM En El péndulo de Foucault , Eco propone un alfabeto con el que si uno quiere referirse, por ejemplo, a una persona cuyo nombre comienza con la letra “f”, utiliza la letra inmediatamente anterior, o bien, la inmediatamente posterior. En base a esto, empleé iniciales para referirme a personas de carne y hueso, pero en mi caso usé las iniciales reales, de manera que cada persona sugerida puede reconocerse al leer mi cuento. 

Tal vez por esa y otras complejidades, y sin dudas por su perfeccionismo, a Pablo Jorge Mustonen le tomó mucho escribir este libro, y varios años más decidir su publicación. ¿Qué lo impulsó a darlo finalmente a imprenta?

PJM  Mi siempre querido amigo Luis Toirac me dijo: “Pablo, ya casi cumples 50 años, y cuando llegues a esa edad vas a querer hacerlo todo a la vez y no te va a dar tiempo”… Además, yo conocía aquel epígrafe utilizado por Borges en uno de sus libros que habla de que publicamos los libros para no pasarnos la vida corrigiéndolos.

Impactado por esta experiencia, Pablo se anima a aconsejar a los nuevos escritores. “No sean tan severos consigo mismos, disfruten el acto de escribir como se disfruta el acto de leer, atrévanse a jugar con las palabras, con la vida”.

Es probable que esta primera obra le dé a Pablo la confianza  para sacar en menos tiempo su próximo trabajo. Porque él ya tiene los demás elementos a su favor: sensibilidad artística, conocimiento de la lengua, disciplina, y sobre todo memoria, una extraordinaria memoria que, como Ireneo Funes, posee “más recuerdos que todos los hombres desde que el mundo es mundo”.

El autor es periodista y escritor
Entrevista en video disponible en www.youtube.com/yolayelou y 
http://vimeo.com/41207820

sábado, 25 de febrero de 2012

Armando Almánzar: “En nuestro país se lee muy poco”

Crítico de cine, cuentista y novelista. Ganador en tres ocasiones del Premio Nacional de Cuento. Premio Nacional de Literatura 2012.


Por Luis Martin Gómez

Con su habitual desenfado, Armando Almánzar desobedeció el consejo del ministro de cultura, José Rafael Lantigua, de que “se fuera comprando un saquito” para la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Literatura 2012 que acababa de ganar. Prefirió rescatar del armario uno de los veteranos, ése que lo ha acompañado desde hace décadas a las entrevistas, puestas en circulación de libros, retransmisiones de las ceremonias de entrega de los premios Oscar, y que de tanto disimular su endeble figura, a veces llega primero que él a los estudios de televisión o a los salones de acto. En honor a los servicios prestados, Armando quiso que su saquito fiel viviera con él la satisfacción de recibir el pergamino y el millón de pesos del galardón a una obra llena de cuentos y películas.

El reconocimiento, que es el más prestigioso que se entrega a un escritor en República Dominicana, pudiera generar presión creativa a otro artista, provocarle episodios de sequía, insomnio por el futuro de su reputación; pero no a Armando, quien es como es y dispara palabras como metralla.

AA Tengo muchos textos esperando turno para ser publicados.  Este año, por ejemplo,  sale la precuela del capitán Cardona, y el ministerio de cultura va a publicar para la feria del libro un tomo con tres de mis novelas cortas.

Con éstos, la obra de Armando sumará once libros de cuento y seis novelas, cantidad con calidad digna de un escritor de alto calibre como él que, sin embargo, sigue siendo más conocido como crítico cinematográfico.

LMG ¿Te afecta esa ignorancia sobre tu obra literaria?

AA Profundamente, porque me doy cuenta de que en nuestro país se lee muy poco. He estado en librerías de México, Madrid y Barcelona, y he visto a las personas hacer largas colas para pagar los libros que han comprado. Es decir, que allí se compra y se lee libros, aun a pesar de la crisis económica. En cambio aquí, periodistas, gente del medio y hasta intelectuales, no saben que soy escritor y se sorprenden cuando se enteran.

Cuentos en 35 milímetros
Ese desconocimiento sobre su labor literaria no ha afectado, sin embargo, la elevada valoración que tienen los entendidos sobre su obra. Armando ha ganado en tres ocasiones el Premio Nacional de Cuento, por sus libros Marcado por el mar, Ciudad en sombras: Los casos del capitán Cardona, y Thanksgiving day. Comenzó su carrera obteniendo el primer lugar en el Concurso de cuento organizado por el grupo La máscara, en el que fue jurado nada más y nada menos que Juan Bosch, maestro dominicano del cuento; y luego ganó el primer lugar en el reputado Concurso de cuento de Casa de Teatro. El Premio Nacional de Literatura, que le han concedido a unanimidad, no es un hecho fortuito, por tanto; descansa, como se ve, en una fructífera carrera narrativa que en los últimos años ha incluido la novela.

LMG Cuento y novela sí, pero poesía parece que nunca

AA Ni siquiera cuando yo era un muchachón de quince años, edad propicia para enamorarse y piropear a las muchachas con un “yo soy tu Neruda, mamacita”... nada, nunca he podido escribir ni dos estrofas poéticas.

LMG ¿Quizás un ensayo sobre el cine?

AA Tal vez, aunque pienso que ya no voy a profundizar más mis conocimientos sobre cine. La forma en que hago crítica de cine está basada sobre todo en lo que yo pienso de una película, y elaboro el comentario sin mucho preámbulo, sin darle muchas vueltas; claro, me refiero a algunos elementos técnicos, como la fotografía o el montaje, pero lo esencial para mí es que la película te haga pensar.

El cine se metió temprano en la literatura de Armando y convive con ella en armónico maridaje. Ya he dicho en otra parte que sus cuentos, más que leerse, se ven, son imágenes en movimiento, sucesión de planos, conjunto de secuencias, cuentometrajes, en fin.

Con más de cincuenta años haciendo crítica cinematográfica, Armando está plenamente facultado para evaluar el cine dominicano, al que considera le siguen faltando buenos guionistas. “Pero se avanza poco a poco. Comenzamos bien con Pasaje de Ida y Nueva York, pero después nos caímos con Para vivir o morir y un reguero de comedias tontas. Aunque hay que decir que no tenemos la exclusividad de los disparates; los americanos hacen películas idiotas por docenas todos los años. Desde Forrest Gump, que fue una gran película, todos los imbéciles norteamericanos triunfan, incluyendo a Bush”.

Armando ha fundido magistralmente el cine y la literatura, y de uno y otro oficio, le han ido quedando amigos de ficción que lo acompañan y que, como dijo en sus palabras de agradecimiento por el Premio Nacional de Literatura, lo hacen un hombre feliz. Cito esta parte de su discurso que me conmovió particularmente: “Tengo un gato todo despeluñado que no me deja olvidarlo, tengo un niño de feliz infancia y su martillo, tengo a un tal Chichí Salsa lleno de agujeros negros, a un Arquímedes que se sale con la suya gracias a un Trujillo acribillado, a un buen señor que pierde la memoria y se cree asesino despiadado, a un capitán Cardona demasiado honesto para ser un héroe y mucho menos rico...”

Le faltó mencionar a su saquito, leal compañero de batallas que la noche de la ceremonia del premio lució –yo estuve allí- más elegante que nunca. 

Entrevista en video disponible en www.youtube.com/yolayelou y http://vimeo.com/36863895

jueves, 23 de febrero de 2012

Presentan Umbral de milenio, una antologia de cuentos dominicanos

Durante la XXI Feria Internacional del Libro Cuba 2012, la editorial cubana Arte y Literatura puso en circulación Umbral de mileniouna antología de cuentos de autores dominicanos, compilada por la poeta y narradora Chiqui Vicioso.

La presentación de la obra se realizo en la sala Nicolás Guillén, de la Fortaleza San Carlos de la Cabana, con la presencia de Abel Prieto, ministro de Cultura de Cuba, y los vicepresidentes del Instituto Cubano del Libro, Aida Bahr y Juan Rodríguez Cabrera.

Angela Hernandez, Emelda Ramos, Chiqui Vicioso, Jeannette Miller y Maria Luisa Sanchez (recientemente fallecida), fueron las cuentistas seleccionadas, abarcando las provincias de Salcedo, Jarabacoa, Santiago y Santo Domingo.  Por otra parte, el maestro Marcio Veloz Maggiolo, Jose Alcantara Almanzar, Luis Arambilet, Cesar Zapata y Luis Martin Gomez, componen la seleccion masculina de la antología.

En el volumen no existe un orden cronológico, ni tampoco tendencias narrativas y cuenta con un excelente prólogo de Vitalina Alfonso. En este libro los lectores tendrán la oportunidad de encontrarse con un abanico de temas y configuraciones propias de las diferentes promociones de narradores surgidos desde la década de los sesenta hasta bien avanzada la de los noventa del siglo pasado en República Dominicana.

La lectura de los relatos logrará establecer la necesidad del encuentro con una mayor cantidad de escritores de otros registros narrativos, si se parte de la historia literaria de esta nación, de donde han llegado aires de buena literatura.

La presencia de cuatro mujeres le da a la selección esa nota que hace creer en las notorias vivencias llevadas a la escritura, en la que se multiplican y se convierten en el centro de un universo, donde solo pueden habitar las mujeres.

Chiqui Vicioso, haciendo honor al carisma que la caracteriza, no quiso dar por terminado su contacto con el público, sin antes leerle uno de los textos, que como es lógico, no leyó hasta el final, para dejarlo en suspenso con el objetivo de despertar mayor interés de los lectores.


Fuente:http://feriadellibro.cubaliteraria.cu/noticia.php?idnoticia=800