viernes, 29 de julio de 2011

Fausto Leonardo Henríquez: “La mística es vivir lo cotidiano con apertura al misterio”

Luis Martin Gómez

Autor de siete poemarios, ganador del Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo


“La característica más sobresaliente de la mística es el júbilo, el gozo, la alegría, la comunicación íntima con Dios”, asegura Fausto Leonardo Henríquez, y yo creo hacer encontrado entre sus escritos una prueba de esta certeza:

Me crece el flamboyán por dentro,
y la ciudad. Todo mayo me florece dentro.
Me crecen las calles que limpia el sol,
me crecen los árboles
lavados por la lluvia; me crece el verde
de las frondas y el aire
que zarandea la niñez…

Es un fragmento del poema Me crece el grito, de su más reciente libro, Arca de amasar diluvios, exquisito poemario presentado a cuatro manos por Juan Miguel Domínguez Prieto, Teonilda Madera, Bruno Rosario Candelier y José Acosta.

FLH Este libro contiene no sólo poesía mística sino que también aborda el sufrimiento humano, la muerte, la esperanza, vivencias que se amasan en el arca, que presento como el lugar de la poesía.

Así ve el autor su obra; los presentadores, por su parte, encuentran en ella otras cosas que el autor tal vez no contempló: un viaje al pasado del cual el poeta regresa cargado de nostalgias, un compromiso del autor con la estética interiorista de la que es compromisario, una pugna entre lo sacro y lo profano (hallazgo significativo tomando en cuenta que el poeta también es cura), “el más acá entrañado hasta las transfiguraciones”. Yo, que miro las cosas con ojos ignorantes, encuentro asombrado colores y olores que me conducen a mi niñez en aquel Ozama pre urbano donde tuve una laguna y un bosque antes que los bordes del barrio fueran tomados por el asfalto. Camino, con pantalones cortos y tenis Campeón, por los versos de Fausto, y me topo con el flamboyán florido del parque: “La ciudad se desangra por tus ramas/ ¿a qué se deben las heridas que te pueblan/ el cuerpo? Ríos de arterias/las llamas que arden/ en tu fronda”. O llego, junto con Armando, Santiago y Francisco, sudorosos y hediondos tras la carrera en la que “el que llegue de último es un burro”, hasta el charco sobre el que rebotan las hojas, el cielo y nuestros rostros azorados: “La única fuente que me salva/ es esta tina, boca de la peña, que aún mana/ en mi niñez”.

Arca de amasar diluvios, que incluye haikus (Instante de luz) y poemas sobre pinturas famosas (de Da Vinci, de Monet) sale primero que Gemidos del ciervo herido, poemario ganador de la XXIX edición del Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo. El jurado del premio destacó que la obra de Fausto expresa, "con dominio y destreza literaria, la superación, la esperanza y el gozo de lo divino en lo humano, y de lo humano en lo divino".

FLH Este libro es el punto de llegada de un camino que comencé con mi primer libro, Claridades, de 1994, donde esbozaba mis inquietudes poéticas que luego definí mejor con La otra latitud, obra de 1999 que obtuvo una amplia acogida en el movimiento interiorista, porque era ya una propuesta consciente de esta estética.

Fausto Leonardo abunda sobre la temática de la mística y dice que en ella confluyen los sucesos de la vida diaria, la fortaleza de la fe y la vida de oración, potenciados por la alegría experimentada en grado sumo. “La mística es vivir lo cotidiano con apertura al misterio. Tiene que ver con el gozo, pero también, como dijera San Juan de la Cruz, es noche oscura, momentos de duda, de dolor, de prueba, de dificultades, momentos en que te sientes cansado, agobiado, cuando no ves una salida; pero todo eso produce un júbilo equivalente al amor que los esposos se expresan afectivamente, carnalmente, a través de la comunión sexual”.

En estos tiempos, hablar con un sacerdote provoca cuestionarlo sobre su papel en la sociedad actual, así que no desaproveché la oportunidad.

FLH El desarrollo material de los pueblos contribuye a que, en cierta medida, la gente se vaya desentendiendo de lo espiritual, y el sacerdote se ve afectado por esto. Pero entiendo que hay gente que está consciente del papel del sacerdote en la sociedad, porque así como hay buenos médicos, buenos periodistas, buenos abogados, hay sacerdotes que juegan un papel clave creando armonía, evangelizando, humanizando. Estoy convencido que el evangelio de Jesús es un medio excelente para que el mundo sea mejor, para crear sentimientos nobles en las personas.

LMG Has sobrellevado tu doble condición de sacerdote y poeta, pero si se te presentara una bifurcación en el camino, ¿cuál senda eligirías?

FLH Desde que yo era seminarista y estudiaba con los Paúles en el ensanche Ozama, venía experimentando la presión de las dos vocaciones, el sacerdocio y la literatura; en distintas épocas, he tenido momentos de contradicciones, situaciones tensas, porque por un lado me debo al sacerdocio, que es muy exigente, y por otro, en la parte más íntima, más personal, deseo cultivar la poesía. Ante esos momentos, he tenido que hablar con mis superiores, preguntarles qué hago, y ellos me han aconsejado: “Tú sigue adelante”. Pues eso he hecho y ahora sé que no traicionaría ninguna de las dos vocaciones.

El autor es periodista y escritor
Entrevista en video disponible en
www.youtube.com/yolayelou

domingo, 24 de julio de 2011

Carmen Imbert Brugal: “Mi literatura no busca la corrección ideológica”

Por Luis Martin Gómez

Ha publicado el poemario Palabras de otro tiempo y de siempre, el libro de relatos Infidencias,y las novelas Distinguida señora, Volver al frío y Sueños de salitre

Su matutino radial tiene toda la dignidad que le falta a otro vecino. El suyo es un ejemplo de buena comunicación: sobrio sin ser ceremonioso, entretenido sin llegar a lo chabacano, crítico pero no injusto. Quizás no tenga el rating que reporta el chantaje, pero la calidad de su audiencia tiene fuerza de multitud. Recuerdo que me atrapó una mañana, cuando aun no construían los elevados y el trayecto al trabajo era tortuoso, con su voz cuatro-cuarenta y un comentario manejado con la ironía que solo permite una aguda inteligencia como la suya. Desde entonces, me despierto con ella, radiofónicamente hablando, por supuesto, y a veces duermo con ella, en sentido literario, leyendo alguna de sus obras. Volver al frio, por ejemplo.

LMG ¿Es una novela psicológica o una sobre la inmigración?

CIB Volver al frío ha tenido múltiples interpretaciones, lo que ratifica que la literatura siempre va más allá de lo que se propone el autor. Supe qua el escritor y crítico Diógenes Céspedes la calificó de novela sobre la migración, y hasta que él lo dijo no tuve conciencia de qué tanto mi obra aborda la vida del dominicano en el exterior, específicamente durante la década del 60; pero también es una novela sobre el maltrato infantil, sobre la soledad, y la complejidad de las relaciones humanas.

Confieso que leer Volver al frio me dolió, me dejó preocupado por la suerte del personaje David Winter, un niño no deseado, fruto de un matrimonio disuelto, rechazado por la madre, abusado por sus familiares cercanos, que debe sobrevivir en un ambiente de promiscuidad sexual y de discriminación racial. La gradualidad con que Carmen va adentrándose en la mente atormentada del protagonista, la forma velada en que nos va mostrando las miserias humanas de su entorno, la resignación con la que él asume su desgarrador destino; me dejaron sin aliento y me marcaron profundamente.

LMG Llama la atención la pasividad del protagonista, pues ante los maltratos, él responde con el “silencio o la fuga”; coméntanos esa particular estrategia de supervivencia.

CIB En efecto, David Winter es manso. De niño, respondió al abandono o a la agresión metiéndose en la tina del baño para jugar con sus barquitos. Y ya más grande, recorrió los callejones del vicio, prostituyéndose incluso, como si eso estuviera previsto para él, como si fuera un castigo que merecía.

Dalida y René

En Volver al frío se produce una relación confusa entre Dalida, la madre de David Winter, y René, un personaje de sexo indefinido que en cierta forma representa la libertad para David, la compañía, ternura, alegría, que el protagonista no puede encontrar en su mamá.

CIB Esa fue la parte más delicada de la obra, porque la relación no tradicional de estas dos personas pudo caer en el panfleto, de lo que ya sufrí con la poesía de los 60, y de ninguna manera quiero que mi literatura sea un instrumento de corrección ideológica al estilo de “ama al negro, ama al blanco, ama al gay…”. Más bien, con la relación de esas personas quise subrayar la soledad de Dalida, el rechazo de su marido y su familia, su fracaso como madre. Por otro lado, para ella, en sus circunstancias, la única forma de afecto posible era la no permitida.

Mala poeta

Le recuerdo a Carmen Imbert sus años de poeta, cuando compuso Palabras de otro tiempo y de siempre, y le pregunto si entre los programas de radio y televisión, los artículos y las novelas, todavía queda un pequeño espacio para los versos, pero ella admite que no es buena poeta, aunque reivindica la prosa poética, “que se me da bien”. Carmen Imbert Brugal también ha escrito una colección de cuentos: Infidencias, “que tiene cuentos buenos y cuentos fallidos”; y otras dos novelas, además de Volver al frio: Distinguida señora y Sueños de salitre. “Volver al frío es, estilísticamente, un intermedio entre Distinguida señora y Sueños de salitre. Distinguida señora tiene de todo; es- si se quiere- , un desorden escritural. Con Volver al frío me dije: voy a hacer algo al estilo de Marguerite Duras, con frases cortas, avance lento, algo que puedas leer en un vuelo de Santo Domingo a Madrid y te deje mal, pensando… Creo que lo logré”.

Carmen mencionó Distinguida señora y me atreví a repasar una crítica a esta obra con la seguridad de que ella, valiente como pocas, no la iba a esquivar.

LMG El escritor y crítico italiano Giovanni di Pietro dijo una vez que Distinguida señora no era una novela; si no lo es, ¿qué es entonces?

CIB Aunque estoy segura de que Giovanni lee, estudia y analiza las obras que comenta, me sorprendió que hiciera a Distinguida señora una crítica tan de tertulia dominicana. Creo que él me vio retratada en la novela, y como no le gustó el personaje, pues tampoco le gustó la obra. Es posible que la inmortalidad no encuentre a Distinguida señora, pero ya está escrita, a mi me gusta y es parte de la literatura dominicana.

El autor es periodista y escritor
Entrevista en video disponible en www.youtube.com/yolayelou

sábado, 16 de julio de 2011

José Mármol: “El compromiso del escritor debe ser con el lenguaje”

Por Luis Martin Gómez

Poeta y ensayista, representante sobresaliente de la generación del 80, creador de la poética del pensar

José Mármol es poeta y banquero, insólita combinación que representa uno de los insondables misterios del universo. ¿Cómo pueden convivir un verso metafísico y un certificado a plazo fijo? El, sin embargo, sabe conciliar esta antítesis gracias a su talento extraordinario, un sentido del honor caballeresco y una disciplina espartana. Para remate, sigue siendo el tipo buena gente e ingenuo capaz de aprobar préstamos a los poetas, a pesar de su bien ganada fama de malapagas y fulleros. También es tímido a morir, algo de lo que no lo ha librado el arte de las relaciones públicas que maneja con maestría, y por eso se sonroja al escuchar el piropo de que se le tiene como el poeta más sobresaliente de su generación.

LMG ¿Cómo sobrellevas la carga de ser la figura principal de los poetas de los 80?

JM Es un compromiso, aunque debo decirte que yo nunca pretendí llevar esa condición, y mucho menos presumir de ella. Lo que sucedió fue que estando en el taller literario César Vallejo, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, creado hace más de 30 años por el poeta Mateo Morrison, entendí que era necesario imprimirle algo distinto a la poesía dominicana, que en ese momento estaba fuertemente matizada por la concepción heredada de la generación del 48, la del 60 y la llamada poesía joven o de postguerra.

José señala que desde su primer libro, El ojo del arúspice, buscó deliberadamente crear una nueva órbita textual para mostrar que había otra forma de hacer poesía, diferente a la poética social, llena de disparos y con olor a pólvora, que se producía en los años setenta y principios de los ochenta. “Empecé a trabajar con los jóvenes del César Vallejo distintas concepciones de la poesía, a estudiar los manifiestos de los distintos movimientos poéticos universales, y eso fue abriendo el apetito a nuevas visiones de la poesía”.

El concepto “Poética del pensar”, creado por él, no fue, por tanto, fortuito, sino resultado de sus estudios de la poesía dominicana y universal, y de su propósito de romper con la poesía ideológica.

JM Creí que era necesario establecer esa diferenciación respecto a la forma de entender, concebir y ejercitar la poesía por parte de los integrantes del movimiento de postguerra o la nueva poesía. Para mi, ellos eran lo que Ortega y Gasset llama “la generación precedente decisiva”, con la cual hay que romper, si en verdad uno quiere poner una piedra de diferenciación, un punto de mira distinto, o al menos una mirada oblicua al fenómeno poético.

Lo esencial es el lenguaje

Mármol tuvo la valentía de desafiar el tono y tema de una poesía que no siempre logró mezclar bien reclamo social y calidad literaria, pero no para imponer otra moda condicionada por la coyuntura, sino para reivindicar lo que para él es la esencia de la literatura: el lenguaje.

JM Desde mi perspectiva, lo fundamental no es lo ideológico ni lo social, sino el lenguaje, las propiedades simbólicas de la lengua como sistema de símbolos y como significante mayor de todos los símbolos de una cultura. De ahí surge la Poética del pensar, del hecho poético en su propio proceso de gestación, del poema desde la creación del poema mismo, como una especie de metafísica del lenguaje.

LMG Pero esa poética comprometida solo con su misión estética, ¿no la haría aséptica, incapaz de transformar o modificar algo?

JM Yo creo que el arte, en cuanto es el resultado de esa facultad humana extraordinaria que es el lenguaje, es un ente social, es decir, no es un ente puro; la lengua es una entidad viva que se desarrolla, modifica, amplía, a la que le nacen y mueren términos. Sin embargo, no me parece que el contexto social sea determinante y reduzca el sentido y la capacidad de la obra poética. Sostengo que el arte tiene una condición esencial que es su naturaleza simbólica, resultado del lenguaje, que es a su vez, una entidad histórica y social. Luego, el compromiso histórico y social del escritor tiene que serlo con el lenguaje, porque es su esencia para trabajar. Como decía Julio Cortázar: “hacen falta los revolucionarios de la literatura, no los literatos de la revolución”.

Conversación en la yola

Aproveché la amabilidad de José Mármol para confesarle que robé a tinta armada, para usar descaradamente en uno de mis cuentos, un par de versos de su celebrado poema Esquicio del vuelo. Como lo esperaba, me indultó por el delito, pese a lo cual le recriminé por haberme dejado solo en los menesteres de la televisión cultural, al haber retirado del aire su excelente programa Conversación en la catedral.

LMG Mira que la catedral resiste hasta terremotos pero una yola como la mía puede zozobrar en cualquier momento.

JM Pues debo hacer una confesión, hacía tiempo que venía pensando en transformar Conversación en la catedral o dejarlo y abrir un compás de espera para replantearme el programa. Así que cuando vi la Yola yelou supe que podía cerrar el ciclo. Pero no renuncio a la idea de volver, aunque tendría que ser bajo otras condiciones de producción.

Ojalá no se tarde.

El autor es periodista y escritor

sábado, 9 de julio de 2011

Charamicos, de Angela Hernández: El apasionado fuego de la escritura

Por Luis Martin Gómez


Angela Hernández descorre las cortinas de su habitación y los árboles que se cuelan por la ventana acentúan el verde de sus ojos. Son las siete de la mañana y está en Ledig’s House, en el Valle del Rio Hudson, a algo más de dos horas de Nueva York, como beneficiaria de una beca que la ha regalado dos meses de tiempo libre para concluir su nueva novela, Charamicos. El canto de las aves que se posan en las gigantescas esculturas que han echado raíces en los 40 acres que bordean la hermosa casa colonial donde residen temporalmente otros nueve artistas, no la distraen; está acostumbrada a tanta belleza porque nació y creció en Jarabacoa, otra sucursal del paraíso. Así que cede al llamado de sus personajes y se sienta otra vez a la computadora para vivir con ellos una historia ambientada durante los doce años del presidente Joaquín Balaguer.

“La novela retrata ese aire de represión militar y al mismo tiempo de utopía revolucionaria que caracterizaron los doce años”, explica Angela y de inmediato aclara: “No es una novela histórica; es la historia de un momento vista a través de la mirada normal, cotidiana, de dos muchachas, una del Cibao y otra del Sur de la isla”. Sin embargo, personajes notables como el comandante revolucionario y líder guerrillero Francisco Alberto Caamaño y el dirigente político y guerrillero urbano Amaury Germán Aristy reclaman parte del argumento a tiro limpio. El nombre de la novela, Charamicos, es una alegoría de lo que para Angela Hernández distingue a la generación de los sesenta y setenta: “Charamicos es una rama que se enciende y apaga rápidamente, como creo que sucedió con esos hombres y esas mujeres que lucharon y murieron, y en algunos casos claudicaron, por su idea de una sociedad más justa”.

Diez años y trescientos cincuenta páginas

Aunque la terminó de escribir durante su estadía de ocho semanas en Ledig’s House, Angela Hernández planeó Charamicos durante diez años. “Tenía la idea pero no la madurez para acometer el proyecto”, confiesa. Relata que mientras trabajaba en otra idea de novela, encontró un cuaderno de notas de los años setenta, cuando estudiaba en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, que le proporcionó la pauta para Charamicos. El resto fue trabajar frenéticamente, casi obsesivamente, para armar una estructura que le tomó seis meses y que corrigió y pulió durante su bimestre sabático en Nueva York. El resultado final son trescientos cincuenta páginas que Angela ha rematado con el entusiasmo de quien escala de un solo tirón el Pico de la Cotorra, camino al Pico Duarte. “La novela te permite una mayor expansión del universo creativo que el cuento y la poesía, te ofrece mayores niveles de complejidad, un más amplio repertorio de matices; es, definitivamente, un género más complejo”.

Y también requiere mucha más dedicación. A juicio de Angela Hernández, el país carece de tradición novelística porque los escritores dominicanos no tienen tiempo para escribir, por las múltiples actividades que deben realizar para sobrevivir, o porque suelen agotar sus energías buscando desesperadamente reconocimiento intelectual con espectacularidad farandulera. “Tampoco el ambiente que vive el país te ayuda; nadie con un mínimo de sensibilidad puede abstraerse de la intolerancia y la corrupción que afectan a nuestra sociedad y resulta casi inmoral dedicarse a escribir mientras un grupo dispendia el erario descaradamente”.

Superando esos obstáculos comunes a casi todos los escritores dominicanos, Angela Hernández nos entrega su segunda novela. La primera, Mudanza de los sentidos, ganadora del Premio Cole de novela, abrió para ella nuevos caminos que los ya recorridos con la poesía y el cuento, géneros en los que ha ganado importantes premios en el país y el extranjero. “Charamicos es diferente a Mudanza de los sentidos sobre todo en la estructura; mientras en Mudanza la historia es contada por un solo personaje, una niña, en Charamicos hay numerosos personajes, ambientes y planos que se entrecruzan, se pierden y encuentran, formando una arquitectura hecha con palabras”.

Del Valle del Hudson a Buena Vista Jarabacoa

Angela escribe la palabra “fin”, se levanta del escritorio y se asoma nuevamente a la ventana. En el jardín, sentados a una ingeniosa mesa octagonal, nueve escritores de distintas nacionalidades intercambian información sobre sus países y hablan de lo que han hecho durante las ocho semanas de vacaciones creativas que han disfrutado gracias a la beca de Ledig’s House, institución no lucrativa que acoge durante el año a literatos, músicos y escultores. Más allá, un riachuelo dibuja una sonrisa en el paisaje antes de esconderse bajo una tupida fronda. Angela se descalza y mete bajo el agua. Cuando emerge, otros son los olores y otros los ruidos. Huele a flores y a fresa. Huele a pino y rocío. Camina y escucha quejas sobre la reforma agraria, escucha una discusión sobre beisbol, escucha una bachata. Llega, luminosa y húmeda, a Casa Hernández, el negocio familiar donde su hermano Lucas corta víveres para un sancocho. Enciende el fogón con charamicos. Viéndolos arder, Angela comprueba satisfecha la validez de su flamígera metáfora. Arder y extinguirse, como la inspiración, como la pasión de escribir.

El autor es periodista y escritor

sábado, 2 de julio de 2011

Luis Toirac:“El círculo del INTEC me ayudó a disciplinarme”



Por Luis Martin Gómez
Narrador y poeta, autor de La hiedra interior y Las ramas del viento
Iba disfrutando los textos de uno de los libros mejor escrito que he leído en los últimos tiempos y cuando terminé el que se titula Sobrevolando el cráter, páginas 93 a 95, debí ponerme en pie por la emoción. Luego me ganó ese sentimiento mezquino del artista que envidia la excelencia del otro y que se deja entrever en la pregunta: “¿Y por qué no fui yo quien hizo esa obra?”; tras lo cual, debí practicar unos ejercicios espirituales que me ayudaron a recuperar la calma y me devolvieron la esperanza de lograr alguna vez unas líneas similares a las escritas por Luis Toirac en su segundo libro Las ramas del viento.

LMG Tu amigo escritor residente en Chile Aldo Iván Rodríguez dice en el prólogo que tu libro es “ese momento irrepetible cuando miraste por una ventanilla (...) y viste eso que fue solamente para ti”; y el escritor y crítico José Alcántara Almánzar admitió en la puesta en circulación realizada en el Banco Central no estar seguro de si los textos que componen Las ramas del viento son cuento, relato o prosa poética; tú que eres el autor, ¿qué dices que son?

LT Si te soy sincero, ni yo estoy seguro de lo que son. Pero de esos comentarios generosos de Aldo Iván y de José se desprende una intención de narrar un evento, un rostro, una escena de una novela o de una película, que provoca una serie de sensaciones instantáneas que yo busco rescatar y transmitir. Creo que el libro es una mezcla porque tiene dos partes, la primera contiene narraciones, cuentos, microcuentos, y la segunda es propiamente prosa poética. En la primera parte, lo poético sucede, simplemente, no es algo intencional; en la segunda, en cambio, la poesía busca un lugar a través de la prosa.

Toirac es de la ‘escuadra’ de José Alcántara, una especie de Jack Veneno de la literatura, campeón de la bolita del mundo y el potecito de sangre, con un discipulado numeroso fruto de su largo ejercicio como profesor y de su excelente labor como animador literario a través del ahora legendario Círculo Literario de la Universidad INTEC. Se puede decir que Toirac formaría, junto a Pablo Jorge Mustonen y Aldo Iván Rodríguez, todos egresados del INTEC, un grupo (no articulado) con una estética similar, consecuencia de lecturas comunes, música escuchada en reuniones, y películas compartidas con pizzas y gaseosas.

LMG ¿Cómo influyó en tu decisión de ser escritor el haber pertenecido al Círculo Literario de INTEC liderado por José Alcántara?

LT Para mi tuvo una importancia capital porque ese mundo que se creó entorno a la literatura, integrado por compañeros de diferentes carreras, me sirvió para contrastar lecturas y textos, para disciplinarme, porque allí íbamos a disfrutar pero también había un método, un rigor (todos los que conocen a José Alcántara saben de lo que estoy hablando); recuerdo esa experiencia muy gratamente, porque hasta entonces yo había escrito algo en el bachillerato, había leído algunas cosas, especialmente ciencia ficción; pero asumir la literatura seriamente, empezar a escribir con criterio, como tuve la oportunidad de hacer en el círculo, me sirvió como zapata para el trabajo que he venido haciendo después en cuento y poesía.

Ya e’ le lía...

Igual que sus amigos Aldo Iván y Pablo Jorge, Luis Toirac tiene predilección por los epígrafes. Tanto los usó en Las ramas del viento, que al final del libro les dedicó tres páginas para traducirlos.

LT Debo reconocer que tengo esa manía. Pienso que los epígrafes son una clave para el texto. Muchos no son referentes literarios sino musicales, del rock de los 60 y 70, y operan como una llave que abre una puerta y marca el inicio a una próxima lectura. En algunos casos se trata de una complicidad con otro escritor o con alguien de la familia o un amigo; pueden ser citas de uno de mis hijos, o de mi esposa, o de un amigo cercano.

En su libro, Toirac incluye citas de Poe, Bradbury, Borges, Mishima, Rueda, Neruda... ninguna de las cuales logra superar a la anónima “ya e’ le lía...” Explícame.

LT Eso era lo que decía textualmente mi hijo Liam Ernesto cuando se levantaba en las mañanas, siendo pequeño. “Ya e’ le lía” significa “ya es de día” y quiere decir “hay que levantarse, qué hacemos acostados si ya salió el sol”, lo cual podía suceder a las cinco y cuarenticinco o a las seis de la mañana de un sábado o de un domingo. Y nada, que había que tirarse de la cama, para lo cual tuvimos que crear turnos, aunque a veces no había escapatoria, todos teníamos que levantarnos a jugar.

Winston y Montag

La poesía está presente en los textos de Toirac, casi siempre adrede, a veces subrepticiamente; también lo inesperado dentro de la cotidianidad, lo maravilloso que se cuela en la rutina, a la manera de Ray Bradbury, autor estadounidense a quien rinde homenaje, junto a George Orwell, en el texto Winston y Montag. ¿Te marcaron?

LT Uno quisiera estar influenciado por algunos autores. En mi caso, Poe, por ejemplo, y Bradbury, uno de cuyos libros: Fahrenheit 451, me hizo buscar otros libros y autores similares, como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y 1984, de George Orwell, razón por la cual ese cuento titulado Winston y Montag tiene un entramado entre los dos protagonistas de esas dos obras, Fahrenheit 451 y 1984. También me marcaron Cortázar, García Márquez, Borges, Bioy Casares, y Hermann Hesse, autor muy importante para mí que tiene muchos cuentos que me influyeron, no tanto por la técnica sino por los temas, por los personajes, que me dieron pautas de lo que había que hacer para mejorar el mundo.

Durante la entrevista, realizada en el segundo piso de librería Cuesta, Luis Toirac fue tejiendo con banditas de goma una red multicolor. Terminada la conversación, bajó riendo y dando saltos detrás de un zumbador que libaba en la portada de Las flores del mal, cinco pasillos más allá del área infantil donde unos niños hacían cosquillas a un unicornio.

El autor es periodista y escritor
Entrevista en video disponible en
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