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sábado, 4 de enero de 2020

Un cenotafio para Rosa


En el bicentenario de su nacimiento, Rosa Duarte Díez merece volver a su Patria


Por Luis Martín Gómez


Rosa Duarte no pudo volver a Santo Domingo. Lo intentó hacia el final de su vida, pero la negativa a retornar de Manuel, el hermano menor con trastorno mental, hizo que desistiera. Solidaria, decidió quedarse en Caracas, Venezuela, para cuidar al hermano enfermo, igual que había hecho antes con su hermano héroe, Juan Pablo, y con su sacrificada madre, Manuela.

Era 1884. El ayuntamiento de Santo Domingo había concedido a Rosa y sus hermanos Francisca y Manuel, los Duarte Díez sobrevivientes en Caracas, un aporte de dos mil pesos para adquirir una casa en la capital dominicana y una pensión vitalicia de 45 pesos mensuales.

El gesto, tardío, no fue espontáneo. Llegó después de la dramática exposición que en 1883 hiciera uno de los tíos materno de los Duarte Díez, José Prudencio Díez, ante el Congreso Nacional dominicano, en la que informaba de la precaria situación económica de sus parientes y su deseo de regresar a la patria fundada por su hermano Juan Pablo, de la cual habían sido expulsados a perpetuidad treinta y ocho años antes.

Cabe recordar que Juan Pablo Duarte, en su labor independentista, tanto en 1844 contra los haitianos como en 1864 contra los españoles, había comprometido buena parte de su patrimonio y el de su familia; que su enfermedad menguó considerablemente los recursos de que disponía la misma; y que después de su muerte, en 1876, sus hermanos se quedaron sin su apoyo económico. De manera que, aunque no eran pobres de solemnidad, como afirma la antropóloga e historiadora Cecilia Ayala (1), los Duarte Díez atravesaban quizás su peor momento económico.

También vale mencionar que antes de la solicitud de José Prudencio al Congreso Nacional, los Duarte Díez jamás pidieron nada al gobierno dominicano a cambio de su labor patriótica. Por el contrario, vendieron varios de sus bienes para contribuir a la causa libertaria. Un ejemplo de esa generosidad quedó testimoniado en la carta que en 1844 escribiera desde Curazao Juan Pablo a su familia pidiéndole vender lo que poseía para destinar recursos a la lucha por la separación de Haití.



Invitación previa

Casi una década antes del ofrecimiento del ayuntamiento de Santo Domingo a los hermanos Duarte Díez, Juan Pablo había recibido, el 19 de febrero de 1875, una carta del presidente dominicano Ignacio María González, en la que le expresaba su deseo de que regresara a la Patria junto con su familia, para lo cual autorizó que le facilitaran los recursos correspondientes. La carta, que Juan Pablo no contestó, fue encontrada debajo de su almohada, aún dentro de su sobre, el día de su muerte. El historiador Pedro Troncoso Sánchez cree que Juan Pablo leyó la carta pero no pudo contestarla por el agravamiento de su quebranto de salud; en cambio, Crispín Ayala Duarte, descendiente de esta ilustre familia, piensa que ni siquiera quiso abrirla, aparentemente desencantado por la indiferencia de que había sido objeto y por las recurrentes crisis políticas del país.

Por otra parte, el 11 de diciembre de ese mismo año, el héroe de la Restauración de la República, general Gregorio Luperón, propuso a la membrecía de la Sociedad Liga de la Paz, de Puerto Plata, reunir fondos para facilitar el regreso al país de Juan Pablo Duarte, “benemeritísimo patriota, Padre de la Patria y mártir de todas nuestras contiendas”. Treinta un años después de la Independencia Nacional, despertaba el interés por el retorno de Duarte a su Patria, pero era tarde para él: moriría unos meses después.



Morir donde se meció mi cuna        

Rosa sí quería volver. En carta de 1885 a Emiliano Tejera, escritor, político y gran amigo de la familia Duarte Díez, las hermanas manifiestan su deseo de que “vayamos a morir en donde se meció mi cuna, en donde únicamente se encuentra el verdadero reposo, la verdadera felicidad”. En otra misiva al mismo Tejera, pero de 1888, en la que lamentan “la deplorable situación que está atravesando el país”, reconocen que “en particular somos nosotros (los culpables), que en lugar de andar errantes debíamos haber vuelto a morir al pie de nuestra bandera”.

Pero se quedó para cuidar a Manuel. Rosa Duarte Díez murió de disentería a las 10 de la noche del 25 de octubre de 1888, en la calle Sur, casa nº129, de la parroquia Santa Rosalía, Caracas, y fue sepultada al día siguiente en la fosa nº 1428, 2º cuartel de la sección 77, Cementerio General del Sur, también conocido como Tierra de Jugo, de la capital venezolana (2).

Durante décadas, varios gobiernos dominicanos pudieron haber hecho el esfuerzo de exhumar sus restos y trasladarlos a Santo Domingo, como merecen ella y todos los Duarte Díez. Ya es imposible. Según Cecilia Ayala, la sección 77 del citado cementerio fue removida con fines de ampliación. Los restos venerables de Rosa están esparcidos junto a los de numerosos hermanos venezolanos.


El cenotafio, una forma de regreso

La historia permite el cenotafio o tumba vacía para rendir tributo a los héroes y personas prominentes cuyos cuerpos no se hayan encontrado. Rosa Duarte, hermana predilecta del Padre de la Patria, colaboradora de la sociedad secreta La Trinitaria fundada por Juan Pablo para independizarnos de Haití, fabricante de balas junto a su maestro balero y novio trinitario Tomás de la Concha, soporte espiritual y económico de su familia en el país y en el extranjero, cuidadora de la obra y del legado de su insigne hermano, autora de los valiosos “Apuntes” a través de los cuales se conoce documentalmente a Juan Pablo Duarte, y por todo esto, declarada Heroína de la Patria por la Cámara de Diputados de la República Dominicana; merece un cenotafio que cumpla, aunque sea simbólicamente, su deseo de retornar a la Patria que ayudó a liberar. Esa tumba, vacía de huesos pero llena de agradecimiento, deberá estar en el Panteón de la Patria.

En el 200 aniversario del nacimiento de Rosa Duarte Díez, que se cumple este año 2020, queda en manos del actual gobierno propiciar su regreso.

Referencias:


1.     “Duarte, ni tan solo ni tan pobre”. Entrevista de Luis Martín Gómez a Cecilia Ayala. Periódico HOY, Santo Domingo, 1 de marzo de 2013.


2.    Ayala, Cecilia, Werner Wilbert y Ariany Calles: “Juan Pablo Duarte en la Venezuela del siglo XIX. Historia y Leyenda”. Banco Central de la República Dominicana, Santo Domingo, 2014.



El autor es periodista y escritor. 

También disponible en:
http://www.jacquesponty.com/rosa-duarte-y-diez/
http://eltitular.do/et/un-cenotafio-para-rosa/
https://almomento.net/un-cenotafio-para-rosa/
https://acento.com.do/2020/cultura/8766586-un-cenotafio-para-rosa-en-el-bicentenario-de-su-nacimiento-rosa-duarte-diez-merece-volver-a-su-patria/
https://www.notiultimas.com/analisis-opiniones/un-cenotafio-para-rosa-duarte/
https://elnuevodiario.com.do/en-el-bicentenario-de-su-nacimiento-rosa-duarte-diez-merece-volver-a-su-patria/

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sábado, 16 de marzo de 2013

Gustavo Wiese: Cambiar “el pobre Duarte” por el “glorioso Duarte”


Diplomático, historiador, Presidente ad vitam del Instituto Duartiano de Venezuela

Por Luis Martin Gómez

A sus noventa y tantos años, don Gustavo Wiese está, como decía mi octogenaria e inolvidable maestra de primaria Blanca Patín, “al pie del cañón”. Donde se requiera hablar de Juan Pablo Duarte, allí va él y su prédica apasionada sobre el Patricio. Según me contó el historiador Juan Daniel Balcácer, don Gustavo ha viajado de Caracas a Barcelona sólo para dar una conferencia acerca de Duarte. A ese nivel llega su consagración a este tema.

Ese duartismo a ultranza le ha hecho merecedor de la presidencia vitalicia del Instituto Duartiano de Venezuela, donde el resto de sus integrantes, algunos de ellos descendientes del Fundador de la República Dominicana, le dispensan un respeto cercano a la veneración. Con ese señor Wiese, frágil por la edad, ingenuo como casi todos los duartistas, y encantador por condición propia, conversé sobre Duarte en la Embajada Dominicana en Caracas, en presencia de otros miembros del instituto y la embajadora Adonaida Medina.

Don Gustavo coincide con la antropóloga e historiadora Cecilia Ayala en que la pobreza extrema de Duarte y su familia es una leyenda.

GW Los enemigos del duartismo en Santo Domingo, los llamados conservadores, con Santana a la cabeza, se ocuparon de crear la leyenda de la miseria de Duarte, para desacreditarlo.

Igualmente, don Gustavo está de acuerdo con Ayala en que Duarte no erró sin sentido por la selva venezolana, alegadamente deprimimido o desencantado, sino que estuvo haciendo comercio, trabajando
.
GW Específicamente qué hacía, no lo sé... Pero absolutamente no tuvo nada que ver con desencanto o depresión; él se dedicó a actividades económicas importantes, de las cuales vivía.

En el prólogo a la obra La familia de Juan Pablo Duarte en la Caracas de 1845-1890: un análisis socioeconómico, de la mencionada investigadora, don Gustavo Wiese considera que las leyendas de la indigencia y de la huida, al afectar la imagen de Duarte, dañan la autoestima del pueblo dominicano y el necesario orgullo que debe sentir por sus héroes e ideales. "El pueblo dominicano tiene en Juan Pablo Duarte, en su ideario y en el ejemplo de su vida, una base de valor incomparable. No tiene que inventar pero tiene que ocuparse de desmentir las falsedades que propagaron los enemigos de Duarte"
.
Don Gustavo reconoce que, pese a los importantes esfuerzos que han hecho historiadores para clarificar algunos aspectos confusos de la vida de Duarte, aún persisten dudas e infundios, sobre todo de su etapa venezolana, de la que hay escasa documentación. Al respecto, él propone profundizar las investigaciones y cambiar la la visión de mártir que tenemos de Juan Pablo Duarte. "Queremos que de ahora en adelante no se vuelva a decir "el pobre Duarte" sino que con orgullo pleno de la nacionalidad dominicana digamos "el glorioso Duarte".

Testimonios

“Es un gran orgullo (ser descendiente de Duarte). A nosotros, desde que nacemos, nos enseñan que somos descendientes de Vicente Celestino Duarte, hermano del Padre de la Patria Dominicana. Mis hijos, cuando se les vence el pasaporte venezolano, procuran que le pongan la visa especial por ser descendientes del Padre de la Patria.
En mi familia todo el mundo es esgrimista, porque Duarte era esgrimista. Tambien se transmitió mucho lo de la música, el amor a la literatura, porque para nosotros Duarte no solo era General, sino escritor, hombre de teatro.
Para mí, el mejor Duarte es el ideólogo, el sembrador de la civilidad, de la dominicanidad, de ideas morales intachables; creo que ese fue el gran servicio de Duarte a República Dominicana”. Armando Michelangeli  Ayala, abogado y ensayista, sobrino tataranieto de Duarte




“Yo pienso que hoy más que nunca el pensamiento de Duarte debe formar parte de los valores de la sociedad dominicana, porque Duarte fue, de todos los próceres, quien tuvo más claro el concepto de soberanía y autodeterminacion de los pueblos.
Creo que la obra de Duarte está inconclusa y que él no ha sido suficientemente dimensionado como el gran pensador que fue. Luchar con las armas es imporante, pero las ideas muchas veces son más importantes que aquéllas; la lucha exige tener una visión clara, y Duarte confió siempre en que los dominicanos podian conducirse por si mismos, sin injerencias; ahi está su gran aporte, que debemos siempre tener presente”. Adonaida Medina, Embajadora Dominicana en Venezuela

NOTA: Esta entrevista ha sido realizada gracias a la colaboración de Odebrecht y la Fundación García Arévalo

El autor es periodista y escritor