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miércoles, 12 de agosto de 2020

Comentario de José Mármol sobre Rumor de río

Por José Mármol

Una novela no es corta solo por su escaso número de páginas, sino más bien, por la intensidad en el ritmo del relato, por la rápida definición arquitectónica de su atmósfera, bajo un tempo narrativo sin demasiada holgura y una caracterización con personajes de rasgos descriptivos y alientos sicológicos o lingüísticos muy precisos.

No se trata de un cuento dilatado, porque la novela exige, como sugiereUmberto Eco, que se amueble por completo todo un mundo. Maestros de la narrativa de habla hispana como Rulfo, García Márquez y Fuentes, para solo citar algunos clásicos, publicaron novelas cortas que honran las raíces del género conectadas con Miguel de Cervantes.

Entre nuestros escritores, hay quienes, buscando novelas cortas, se remontan a Galván, siendo oportuno resaltarautores más contemporáneos como Bosch, Veloz Maggiolo, Pedro Peix, Diógenes Valdez, Andrés L. Mateo, Piña Contreras, Avelino Stanley, Luis R. Santos, García Romero, Osiris Madera, Miguel Phipps, Rita Indiana y Rey Andújar, entre otros radicados en el lar nativo y de las diferentes diásporas.

A raíz de esa simple pincelada anterior, que en nada pretende agotar la vastedad de la cuestión, quisiera detenerme en una novela corta cuya lectura me atrapó, aun fuere en el contexto de la nostalgia y la memoria, me hizo sentirme parte de la pandilla de adolescentes que la protagonizan y del presunto diálogo central, de profundas y hermosas evocaciones poéticas, entre el narrador omnisciente y su padre.

Se trata de “Rumor de río” (Mar de Tinta, Santo Domingo, 2016) opera prima novelística de Luis Martín Gómez, destacado periodista y escritor, quien ya había publicado varios volúmenes de cuentos, entre los que figuran “Dialecto”, con el que obtuvo el Premio Nacional de Cuento en 1999, “Vellonera de sueños” (2002), “La destrucción de la muralla china” (2003) y “Memoria de la sangre” (2008), además de relatos infantiles como “Mamá a aquella caracola le está naciendo un mar”, con el cual logró en 2004 el Premio nacional de Literatura Infantil.

Aunque desde el punto de vista de la orquestación de la trama, el centro focal de la novela se sitúa en la aventura de un grupo de adolescentes del barrio capitalino Ensanche Ozama, ubicado en la margen oriental del río, que se dan a la tarea ilusoria de encontrar unas armas enterradas en un solar durante la Guerra de Abril de 1965, lo que desemboca en el acontecimiento sociopolítico y militar de Los Palmeros, en 1972, durante los llamados Doce años de Joaquín Balaguer, y las consecuencias de la guerrilla de 1973, hechos que, junto a las vivenciascotidianas, se reconstruyen en el plano de la ficción con un acierto ambientalque se aproxima al lenguaje de un guion cinematográfico, en mi experiencia como lector el rol protagónico se lo queda el río Ozama, como telón de fondo existencial de aquel intento de diálogo, o tal vez monólogo, templado por el hilo imaginario de Ariadna, que un hijo ansía sostener con su padre afectado por el mal de Alzheimer.

El rumor de ese río, espina dorsal de nuestra historia, que solo podía percibirse en una ciudad menos ruidosa y trepidante, más ajena al desarrollo industrial y a la movilidad propios de la modernización, constituye la metáfora central y de mayor fuerza poética del lenguaje narrativo que articula la historia. Mientras va tejiendo situaciones, personajes, accidentes, precariedades, el autor, consciente del oficio, experimenta con el lenguaje, subvirtiendo la gramática, al liberarla ocasionalmente de signos de puntuación.

Críticos como José Alcántara Almánzar y Danilo Manera celebran los aciertos de esta novela corta, un himno a la nostalgia, a la inocencia y un apuntalamiento al dolor de heridas históricas todavía abiertas.


Publicado en El Día, 12/08/2020. https://eldia.com.do/rumor-de-rio/
https://notaclave.com/comentario-de-jose-marmol-sobre-la-novela-rumor-de-rio-de-luis-martin-gomez/


domingo, 2 de octubre de 2016

Comentario de José Alcántara Almánzar sobre Rumor de río

Un padre que ha perdido la memoria y se halla extraviado en los laberintos del olvido; un hijo que intenta reconstruir un pasado compartido; una memoria propia que en parte es también la del padre; un colectivo signado durante décadas por una represión feroz que llevó a muchos a la tumba, y más tarde por la contrainsurgencia con la que se pretendía aplastar los últimos vestigios de rebeldía popular. Todos estos elementos confluyen en el meollo deRumor de río, de Luis Martín Gómez, un texto que cabalga entre el relato extenso y la novela corta, sin que importe mucho la clasificación genérica, pues lo que en verdad cuenta es el aliento poético de la pequeña obra, como se advierte desde el principio con “Remolino” y en otras muchas páginas, incluido el final (“Recuerdos”).


Conmovido por la desmemoria del padre amado, el personaje-narrador lleva a cabo una ardua empresa que consiste en rehacer lo que ocurrió en su niñez y adolescencia: recomponer el mapa barrial del Ensanche Ozama, urbanización modélica construida por Trujillo para militares y asimilados, con sus amplios solares arbolados, sus jardines con flores, sus viviendas modestas tan similares, que eran albergues de aspiraciones y sueños comunitarios que quedaron anclados en el tiempo. Pero nada hay tan inconstante y mutable que la memoria, la cual cambia y reacomoda los recuerdos. Nada es fijo allí, en ese territorio de emociones, sentimientos e imágenes que uno lleva más en el corazón que en la mente, y que nos empujan a modificar, sin quererlo, sin advertirlo siquiera, hechos y datos asentados en ese reservorio particular e intransferible.


Para traer al presente el escenario barrial de los años setenta del siglo pasado, el narrador descarta el método tradicional, que no es otra cosa que la crónica de unos sucesos que marcaron a su generación y a su grupo de amigos, para decantarse por una prosa que desdeña la puntuación convencional y en la que se enseñorea un humor regocijante, irónico casi siempre, que no evade el morbo sexual ni la descripción de intimidades escabrosas. Los personajes se comunican en su jerga barrial, con sus procacidades y detalles peculiares, sin pretensiones heroicas. Se llama a las cosas con los nombres que el pueblo emplea, y el autor ha evitado edulcorar su ficción sin transformarla en una estampa de urbanidad al gusto de ciertos lectores puntillosos.

Numerosas historias personales se entrecruzan en la obra, y un capítulo se encadena al siguiente, no como una sucesión de cuentos aislados –tendencia que el autor, ducho cuentista, ha eludido- sino como piezas de un tablero que asumen sus papeles con mayor o menor intensidad para formar un conjunto heterogéneo pero verosímil. Algunos son típicos de la vida barrial, como Miel de Abejas, Don Giácomo, Luis su Alteza, entre otros, y el trio que forman Felo, Chago e Ito, inseparables del narrador, núcleo que crea la intriga en torno a la búsqueda de supuestas armas y una caja de alimentos enlatados que soldados norteamericanos enterraron durante la Revolución de Abril del 65. Son antihéroes anónimos, cuyas aventuras y hazañas, impulsadas por la curiosidad y el gesto cómplice, colorean la vida barrial, sacándola de la rutina e intrascendencia de los años setenta del siglo XX.

La tesis central de la narración la expresa el propio narrador: “Un grupo de niños, padre, es la unidad más solidad de la sociedad. No es el matrimonio, ni las oenegés, ni los partidos, ni el ejército. Es la pandilla infantil, ese colectivo ingenuo y unido monolíticamente alrededor de la amistad sincera, pura, solidaria, que actúa movido por la imaginación y los sueños”. Rumor de río, título que el autor ha elegido para su obra, alude a la presencia sonora del río Ozama, en uno de los límites del barrio, y a su carácter de mudo testigo del acontecer cotidiano en esa parte de la ciudad. La imagen del río como una sucesión dialéctica que se transforma sin cesar es también un acierto narrativo, ya que el Ozama ha sido, desde la fundación de la ciudad hace más de quinientos años, hasta nuestros días, una masa de agua que pareciera eterna y que lo arrastra todo hacia el mar: la basura y los sueños, lo atroz y lo inconfesable, renovando su piel cada mañana, como si la contaminación y las algas no le afectaran; como si el detrito humano que la destruye sin remedio pudiera diluirse con las lluvias torrenciales del verano.

Pese a su brevedad, la obra hace acopio de un sinnúmero de referencias que permiten trazar al perfil sociocultural de un momento histórico definido por la frustración y la amargura de un cambio politico abortado por la ocupación norteamericana y los Doce Años de Balaguer. Cada capítulo ofrece imágenes de una ciudad insomne y de un barrio ubicado en la margen oriental del río Ozama como una especie de enclave, con su propio código y prácticas sociales, con sus hábitos y costumbres inconfundibles, donde un grupo de niños crecía tejiendo sueños, bajo la mirada de adultos inmersos en el trabajo y las banderías políticas del momento.

La intertextualidad, las citas de canciones, filmes, refranes, comics, la mención de lugares y prácticas sociales, sirven de apoyaturas válidas que enmarcan la acción de los personajes hasta desembocar en un final anticlimático, con la muerte de los guerrilleros en el kilómetro 14 de la autopista Las Américas, y el cierre poético, con un enunciado triste y resignado que lo dice todo: “Tú quisieras recordar y yo olvidar, pero no podemos. El recuerdo se te ha fugado como una novia infiel y a mí me persigue como una amante obsesionada. A ti te ha librado el Alzheimer, yo sigo prisionero del recuerdo”.

(Rumor de río está disponible en Amazon.com y en el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana).

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Comentario de José Rafael Sosa sobre Rumor de río

Cuando un escritor de cuentos, acostumbrado a la mecánica relativamente fácil de la narrativa
corta, la de los 100 metros planos, la de un solo esfuerzo sostenido, decide incursionar en los 150 metros con vallas, que podría representar el largo esfuerzo de escribir una novela, no sabe, generalmente, en lo que se está metiendo. Y el asunto es mayor, cuando no se trata de un escritor profesional dedicado exclusivamente a la creación, ideal que tienen en el fondo de su alma, todo aquel (o aquella) que teniendo la literatura como un eje fundamental de vida, tiene que alquilar su tiempo para ganar el pan de cada día.
Y hacer eso, con esas dos dificultades cruciales, y lograr una carta de presentación en novela, de forma que nos deje sin el aliento para reposar lo leído, entonces nos encontramos ante un fenómeno literario que hay que atender.
Es el caso del periodista y escritor Luis Martín Gómez, quien publica – casualmente dos días antes del inicio de la XIX Feria Internacional del Libro, esta, su primera novela, ambientada en los tiempos tumultuosos, trágicos e inolvidables de los primeros doce años del gobierno del doctor Joaquín Balaguer.
No es una novela extensa, por lo que podría calificarse de noveleta (desde la perspectiva de la extensión), pero su trascendencia no la otorga su número de páginas, sino el perfume a buen oficio literario en una narración demandante de investigación, rica en detalles, perfecta en la delineación de sus personajes y fiel a la época a la cual se refiere, poco conocida por las actuales generaciones jóvenes de lectores y que tiene en Martín Gómez un constante continuador, tras la publicación de un manojo de cuentos, igualmente bien escritos, sobre el mismo período histórico.
El cuadro ubica a los lectores en el ensanche Ozama, barrio de Santo Domingo localizado a orillas del río Ozama, (hoy Santo Domingo Este y para entonces un barrio “de clase media alta” en el cual un grupo de niños inicia la búsqueda de unas armas enterradas durante la Revolución de Abril de 1965, incidiendo, sin proponérselo, en el desenlace fatal de una célula guerrillera que luchaba contra el gobierno de los doce años de Balaguer.
Resalta el uso del recuerdo como instrumento de narración, la visión subjetiva que desarrolla de cada uno de sus personajes y la gracia con que inserta detalles y el manejo del lenguaje popular.
La novela nos llegó y se nos ocurrió leerla en la noche. No pudimos despegarnos. Luis Martín es responsable de una noche perdida del sueño y ganada por la imaginación creativa, al entregar a la sociedad un trabajo que permite el ingreso de un nuevo novelista, género literario que – junto a la poesía- constituye el fuerte de nuestra creación literaria.
(Rumor de río está disponible en el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana y en Amazon.com)

viernes, 16 de septiembre de 2016

Rumor de río, primera novela de Luis Martín Gómez

El periodista y escritor Luis Martín Gómez publicó Rumor de río, su primera novela, ambientada en los Doce Años de Balaguer.

“En el Ensanche Ozama, barrio de Santo Domingo localizado a orillas del río Ozama, un grupo de niños inicia la búsqueda de unas armas enterradas durante la Revolución de Abril de 1965, incidiendo, sin proponérselo, en el desenlace fatal de una célula guerrillera que luchaba contra el gobierno de los Doce Años de Balaguer”, informa el autor, dos veces premio nacional de cuento y premio nacional de literatura infantil.
Añade que “el lector se entera fragmentariamente de esta historia a través de los recuerdos que, muchos años después, uno de los participantes en aquella búsqueda rescata para su padre, que ha perdido la memoria. En ese recorrido hacia el pasado, surgen recuerdos reales e imaginarios, algunos de los cuales el narrador-protagonista desea olvidar”.

Rumor de río fue editada por Mar de tinta, bajo el cuidado de Laura Patricia Gómez. Está a la venta en el Museo Memorial de la Resistencia Dominicaca y en Amazon.com. en el enlace:
https://www.amazon.com/Rumor-Spanish-Luis-Mart%C3%ADn-G%C3%B3mez-ebook/dp/B01M02UNLT/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1474049033&sr=1-1&keywords=rumor+de+r%C3%ADo

Sobre la obra, el escritor y crítico José Alcántara Almánzar dice que “hace acopio de un sinnúmero de referencias que permiten trazar el perfil sociocultural de un momento histórico definido por la frustración y la amargura de un cambio político abortado por la ocupación norteamericana y los Doce Años de Balaguer”.

De su lado, el escritor y catedrático de literatura hispánica Danilo Manera afirma que “la primera novela de Luis Martín Gómez es sobrecogedora. El autor nos tenía acostumbrados a una escritura en gotas –de lluvia, de vinagre o de miel. Ahora fluye como un río, draga las voces del barrio, con el recuerdo que se escapa hacia el olvido disfrazándose de ficción. Es una bomba de relojería cargada de sardinas. Son palabras apresadas en una redada de chichiguas”.

Luis Martin Gómez ha publicado los libros de cuento Dialecto, La destrucción de la muralla China, Vellonera de sueños y Memoria de la sangre; y los libros de literatura infantil Mamá, a aquella caracola le está naciendo un mar; El hombre grama y Mami: operación elefante.

Notas relacionadas:
http://www.elinformador.net/2016/09/16/rumor-de-rio-primera-novela-de-luis-martin-gomez/
http://www.diariolibre.com/revista/cultura/el-periodista-y-escritor-luis-martin-gomez-publica-su-primera-novela-JJ4957795
http://www.diariodominicano.com/cultura/2016/09/16/230733/rumor-de-rio-primera-novela-de-luis-martin-gomez
http://www.revistabanca.com.do/articulo/2978/Rumor-de-rio-primera-novela-de-Luis-Martin-Gomez
http://almomento.net/rumor-de-rio-primera-novela-de-luis-martin-gomez/244819
http://www.proceso.com.do/noticias/2016/09/16/luis-mart%C3%ADn-g%C3%B3mez-publica-su-primera-novela-%E2%80%9Crumor-de-r%C3%ADo%E2%80%9D/
http://eltitular.do/et/rumor-rio-primera-novela-luis-martin-gomez/
http://elnacional.com.do/libros-y-lecturas76/
http://www.lainformacion.com.do/noticias/sociales/70504/rumor-de-rio:-primera-novela-de-luis-martin-gomez
http://elnacional.com.do/luis-martin-gomez-publica-rumor-de-rio/
http://elnacional.com.do/cojanlo-2528/
http://www.elcaribe.com.do/2016/10/12/rumor-rio-luis-martin-gomez




sábado, 23 de abril de 2016

Comentario de Rubén González sobre Memoria de la Sangre

Cercanas lejanías 

Comentario a “Historia de la sangre”. Cuentos de Luis Martín Gómez- República Dominicana. Letras de Chile, 21 de abril de 2016
Por Rubén González Lefno.
Una de las persistentes tendencias en la literatura latinoamericana lo constituye el desconocimiento de la producción literaria existente entre sus diversos países, salvo publicaciones y nombres canónicos o respaldados por estrategias comerciales.
El libro que esta vez comentamos se relaciona precisamente en dicha situación, esta vez en torno a la narrativa dominicana de la cual desconocemos parte importante (y mayoritaria) de su producción.
“Historia de la  sangre” (Santo Domingo 2008), del autor Luis Martín Gómez, recoge 11 cuentos (micro relatos algunos de ellos), ambientados en el periodo del gobierno de Joaquín Balaguer (1966 y 1978).
En este corpus de cuentos de comienzo a fin se respiran temores, crímenes y conductas propias de un mundo degradado y aplastante, por cuyas páginas desfilan personajes abyectos y martirizados: victimarios y víctimas. Poder y abusos constituyen las claves para resumir el carácter de las narraciones.
Estas temáticas resultan de larga data en la literatura hispanoamericana, generada en países y períodos diversos. En este sentido comprobamos que Luis Martín Gómez se desplaza con soltura en el mundo representado, haciendo gala de un estilo claro y ameno, donde el ritmo narrativo es manejado en directa relación con las necesidades que cada una de las historias lo exige.
Podemos afirmar que se trata de narraciones sin pretensiones mayores que –seguramente por eso mismo- alcanza solidez en una estética que se nutre del dolor y del horror, características reconocibles también en diversos autores chilenos.
En el libro se redacta una especie de acta de las condiciones que han debido enfrentar hombres, mujeres, niños y adultos de nuestros pueblos, cada vez que sus dictaduras dominan la vida de cada uno de ellos, con la secuela de crímenes y coacción que perfila conductas, destruye valores y somete la vida pública y privada de los dominados.
De esta forma, Luis Martín Gómez  conduce al lector por una suerte de feria/laberinto donde lo artero y el desprecio por la vida establecen lo perplejo y sobrecogedor.
Cuando el poder ostenta su omnipresencia hará de los hombres sujetos de omniaberraciones, parece decirnos el autor, cuestión que subraya una viga maestra de la infamia de la historia caribeña, sudamericana y de toda la humanidad, y que diversos autores como el de estos relatos han logrado retratar. 
Disponible en:


jueves, 25 de diciembre de 2014

El color de la Navidad

Por Luis Martin Gómez



La profe leyó la pregunta que ya había escrito en el pizarrón: ¿Cuál es el color de la Navidad?
-Esa es la tarea para el miércoles; pueden presentarla a través de un texto, un dibujo o una manualidad, dijo, y sonrió con alegría de diciembre.
El color de la Navidad, ¡qué pregunta la de la profe! ¿Acaso tiene la Navidad un color en especial?, me pregunté.
Era lunes de nochebuena y pensé aprovechar la reunión familiar de la cena para preguntar a cada quien cuál creía que era el color de la Navidad, y luego sacar mis propias conclusiones.
Los fuegos artificiales tendían una cortina multicolor sobre la terraza donde cenábamos cuando me atreví a preguntar a mi papá cuál era el color de la Navidad.
-¿El color de la Navidad? ¿Y qué pregunta es esa?
-Es la tarea de la escuela.
-No sabía que la Navidad tenía un color, pero ya que lo preguntas, creo que la Navidad es como el metal, gris.
Sé que mi papá respondió de esa forma porque trabaja en una industria metalúrgica.
Mi tío, quien es dueño de una lavandería, opinó que la Navidad es de color azul, como la pastilla de ese color, llamada ‘azul bolita’, que él usa en su negocio para resaltar los colores de la ropa.
Verde, dijo mi tía que era el color de la Navidad; “verde como las plantas de mi vivero”, expresó inspirada.
Roja, señaló mi hermano, muy enamorado de su novia, quien coincidió con él indicando que la Navidad es púrpura, como el amor. Blanca, dijo mi madrina mientras se acomodaba con las manos su pelo de algodón; negra, dijo mi padrino, quien es daltónico de nacimiento y sólo puede ver los colores blanco y negro; rosada, balbuceó mi hermanita más pequeña, mostrándome el vestido rosado de la muñeca que acunaba con gesto de madre experta.

Después de escuchar todas estas opiniones, me sentí confundido. Por fin, ¿de qué color era la Navidad? ¿Gris, azul, verde, roja, blanca, negra o rosada? Le expresé mi preocupación a mi madre, quien hasta ese momento no había dicho nada.
-No te aflijas, mi hija, sé quién puede ayudarte; hace muchos, muchos años, cuando era niña como tú, me pusieron una tarea similar a la que tienes ahora, ¿y a qué no sabes quién me ayudó a realizarla?
-¿Quién?, le pregunté.
-Pues Colorín colorado
-¿Colorín colorado? ¿Y no es esa la frase con la que se terminan los cuentos? “Colorín colorado, este cuento se ha acabado”.
-Así es, Colorín colorado fue quien la inventó para indicar el final de los cuentos, porque es él es un experto cuentacuentos.
-Pero yo no sabía que él era un personaje real.
-Bueno, tanto como real no, hay que tener imaginación o corazón de niño para poder verlo y hablar con él.
-¿Y crees que me quiera ayudar con mi tarea?
-Por supuesto que sí, y más si se trata de un tema tan hermoso como el de la Navidad.
-¿Cuándo podremos verlo?
-Desde que terminemos la cena de Nochebuena y nuestros invitados se hayan ido, me prometió, haciendo un guiño cómplice.

Y así fue. Desde que despedimos a mi madrina, quien no quería marcharse porque insistía en contar otra vez la historia de cuando conoció la nieve, mi madre me llevó hasta un viejo baúl que estaba oculto en su ropero. La tapa del baúl rechinó como si se desperezara después de un largo sueño. Dentro, pude ver viejas ediciones de cuentos como Las mil y una noche, Caperucita roja, La cenicienta, El sastrecillo valiente, El gato con botas, Alicia en el país de las maravillas, Pulgarcito, Cuentos de la nana Lupe y muchos otros. Noté que un reflejo dorado resaltaba los títulos de los libros, y quizás fuera mi imaginación, pero creí ver estrellitas plateadas volando sobre las letras. De repente, los libros se abrieron al mismo tiempo en la última página, un remolino luminoso tiñó el interior del baúl con todos los colores y las palabras se convirtieron en pinceles que dibujaron un simpático personaje que vestía un traje de rayas, parecido a un arco iris.
-Hola, soy Colorín colorado, el cuentacuentos que despide todas las historias, dijo emitiendo destellos lilas y amarillos.
-Mucho gusto, respondí, necesito saber cuál es el color de la Navidad.
-¡Ah!, la tarea de la escuela, dijo.
-¿Cómo lo supo?, le pregunté sorprendida.
-Hace muchos, muchos años, una niña parecida a ti me hizo una pregunta parecida, respondió él mirando con nostalgia a mi madre.
-Entonces, ¿puedes ayudarme con esto?
-Claro, como soy quien cierra los cuentos, o sea, que estoy al final de los libros, conozco todos los contenidos, incluyendo el del color de la Navidad. Sólo confía en mí, llévame a la escuela, y te prometo una respuesta que maravillará a tu profesora y a tus compañeros.

El martes fue día de fiesta por Navidad, y el miércoles regresamos a clase para presentar la tarea asignada por la profesora: ¿cuál es el color de la Navidad?
Mis compareños de aula presentaron sus trabajos con poesía, pequeñas obras de teatro, disfraces de Santa Claus y los Reyes Magos, y escenificaciones del nacimiento de Jesús. Yo, por supuesto, llevé el viejo baúl de mi madre, el cual trasladé a la escuela con ayuda de mi padre y mi hermano.
Cuando me tocó el turno de presentar, simplemente abrí el baúl. Al principio, algunos de los estudiantes rieron, porque no comprendían lo que yo estaba haciendo. Sentí que hasta la profe dudó un momento de mi trabajo. Entonces un arco iris, acaso el más hermoso que se haya formado, cruzó de un extremo a otro del aula. Los colores vibraron produciendo una voz que expresó este mensaje:

“La Navidad no tiene un solo color sino todos, porque el día que nació Jesús el mundo comenzó de nuevo. La Navidad es verde para el que tiene esperanza, roja para el que siente amor, blanca para el que mantiene las ilusiones, azul para el que sueña, negra para el que explora la profundidad del misterio. La Navidad es una fiesta de colores que nace de la mezcla de los más puros sentimientos, esos que cuando se expresan con sinceridad, abren el camino a un mundo mejor”.

La fascinación por los colores y el hermoso mensaje no me permitieron volver a ver al personaje que me
ayudó a presentar la mejor tarea de mi vida, pero sé que seguía allí, dentro del baúl, porque al final del arco iris un lápiz de luz escribió sobre la pizarra:
Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Luis Martin Gómez: El Hombre Grama y otros cuentos verdes y pintones, Mar de tinta, Santo Domingo, 2010.

*Ilustraciones del niño Jean Hamlet René Burgos, ganador del concurso Pinta un cuento de Navidad, organizado por la revista infantil Tinmarín, del periódico HOY.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Mami: Operación elefante (fragmento)

VIII


Cuando Carlitos tenía dudas sobre algo, cuando lo atormentaba alguna situación difícil, ordenaba su mente volando una chichigua. El vuelo de la chichigua le daba paz y le inspiraba actitudes positivas. Para empezar, la chichigua lo ayudaba a elegir un solo punto focal y eso le permitía concentrarse. Mirar hacia un mismo sitio, mirar una sola cosa: la chichigua, solo la chichigua contra el azul del cielo, la chichigua danzarina, bailando una canción que le susurra el viento, vueltas suaves a la derecha, como si bailara un vals o un merengue lento, vueltas suaves a la izquierda, como si bailara un danzón o un tango. A veces, un giro rápido, una voltereta inesperada, ¿un rock and roll, tal vez?

Carlitos no tenía edad suficiente para reflexionar sobre algunas cosas, pero de haberla tenido, hubiera pensado que una chichigua es un símbolo de confianza, porque es un papel que vuela pendiendo de un hilo fino; hubiera pensado que una chichigua es un símbolo de valentía, porque, tan frágil como es, se eleva contra el viento fuerte, desafía el calor del sol y resiste la humedad de las nubes; hubiera pensado que una chichigua es imaginación con frenillo y cola, sueño multicolor, lápiz que escribe poemas en el aire, pincel que dibuja sonrisas, barcos, naves espaciales, un pez, una flor, escuelas, mariposas, elefantes…

¡Elefantes! Carlitos aún no conocía las palabras necesarias para tener esos pensamientos, pero los sentía, los intuía, en el corazón, en el estómago, en la mano con la que halaba y soltaba hilo para que la chichigua subiera o bajara.

Sí, volar chichigua inspiraba a Carlitos, elevaba su espíritu.

Luis Martin Gómez: Mami: Operación Elefante. Mar de tinta, Santo Domingo, 2014.
www.elefantamami.com


sábado, 29 de noviembre de 2014

Noticias del vampiro

Por Luis Martin Gómez


Una
El vampiro  desespera ante el dilema de morirse de hambre o chuparse al sidoso, última víctima de su reinado sangriento.

Dos
La bioanalista está desconcertada, no sabe qué tipo de sangre ponerle al vampiro promiscuo, chupador de doncellas, estudiantes y poetas, quien quedó anémico tras la rebelión popular.

Tres
El vampiro repartió tierras, donó casas, construyó carreteras, levantó edificios, y nadie entiende por qué tanta bondad, si a cambio exigió la sangre de todos los beneficiarios.

Cuatro
Habiendo masacrado al pueblo, libado a su madre y chupado a sus hermanas, el vampiro, ante la escasez de alimento, está pensando seriamente beberse su propia sangre, para lo cual está leyendo sobre autotransfusión.

Cinco
El vampiro se estremece cada vez que lee en la prensa “Hubo un baño de sangre” y ha pedido a sus generales que sean más sutiles en el ejercicio de sus funciones.

Seis
Como a todo vampiro, le molestaba la luz del sol, de manera que ordenó que le sacaran los ojos. Ahora es un tierno vampiro ciego que a toda hora “chupa bien sin mirar a quien”.

Siete
El Cardenal conoce bien los gustos del vampiro y cuando le toca comulgar moja la hostia con sangre, en lugar de vino.

Ocho
Al vampiro le gusta la parte de la misa donde el cura dice: “tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre...” Excitado, en lugar del abrazo de la paz, reparte mordidas.

Nueve
La peor tragedia para el vampiro fue es ser daltónico y no poder distinguir el color rojo. La sangre de niño no le sabe igual, por aquello de que la comida entra por los ojos.

Diez
Al vampiro le gusta el helado rojo, las banderas rojas, los autos rojos, los vestidos rojos, los caramelos rojos, las pañoletas rojas, el refresco rojo, y por supuesto, la sangre (roja). Los médicos no se explican cómo es que tiene las entrañas negras.

Once
Celoso de su oficio, el vampiro ordenó eliminar a las sanguijuelas, los jejenes y los mosquitos. La comunidad internacional está preocupada ante la posibilidad de que el susodicho clausure la Cruz Roja.

Doce
Para que le concediera la legalidad, la oposición aceptó que el vampiro se chupara una sola víctima por día. A las nueve, hora de la cena del vampiro, la gente sube el volumen de la radio o reza en voz alta, para no escuchar los gritos del sacrificado.


Luis Martin Gómez: Memoria de la sangre. Mar de tinta, Santo Domingo, 2008.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Salvando a Mami

Por José Rafael Sosa *



Luis Martín Gómez es un escritor de esos que se han hecho una obra respetable y a ser juzgada por la posteridad literaria, cuando la critica serena de los años pasados, haga su balance.

Su obra se ha realizado sacando ratitos de calidad intensa a las productivas madrugadas y el sacrificio de los avatares que ofrece la vida nocturna, ya que las horas del día laboral no le pertenecen por su trabajo, capaces de lograr que sentimos la nostalgia y la ternura de sus historias, paridas de una pluma creativa, marcada por una hermosa corrección en sus figuras literarias y llevando, de paso, un mensaje de reencuentro con los valores de la belleza y la solidaridad con los seres vivos del planeta.

Acabo de leer su narración Mami: Operación Elefante (basado en la figura de Mami, la elefanta que fue la última especie en ser trasladada del zoológico de la Avenida Bolívar a la nueva sede del Zoo Nacional), elaborando una historia aleccionadora, sobre todo para el público infantil y juvenil a que se dirige.

La aventura de estos niños por salvar a Mami, la elefanta, que él ubica en condiciones de peligro para su calidad de vida y su existencia. Abandonada en una jaula pequeña, Mami deja de comer y cae en una depresión peligrosa.

Un grupo de niños, enterados de la emergencia, deciden por votación, salvarla, enfrentando las dificultades de una tarea de esa envergadura.

Puesta en este marco, la trama al parecer muy local, universaliza una perspectiva de valores de solidaridad y amor por las especies y el ambiente, que deja una aleccionadora fantasía que enternece y ofrece una moraleja, esa que resalta la validez del amor por la vida.

Luis Martín Gómez, experto sobre todo en las narraciones breves, esta vez se explaya en una historia más larga y probablemente la mejor ilustrada de las que ha producido hasta el momento.

*Publicado en Semana, de El Nacional, 14 de septiembre de 2014.
http://elnacional.com.do/como-cada-domingo-jose-rafael-sosa-25/

jueves, 11 de septiembre de 2014

Mami: Operación elefante

Nuevo libro de literatura infantil de Luis Martin Gómez


El periodista y escritor Luis Martin Gómez ha publicado un nuevo libro de literatura infantil titulado “Mami: Operación elefante”, inspirado en Mami, la elefanta que vivió decenas de años en Santo Domingo y fue motivo de alegría de niños y adultos de varias generaciones.


El libro, editado por Mar de tinta, tiene 73 páginas y 14 ilustraciones a color realizadas por el reconocido artista visual Elías Roedán. Contiene dos canciones musicalizadas por Pedro Pagán.

“Mami: Operación elefante” es la segunda obra de literatura infantil escrita por Luis Martin Gómez, dos veces premio nacional de cuento y premio nacional de literatura infantil.

Argumento:
Mientras construían chichiguas, como cada febrero, Carlitos y sus amigos se enteran de que Mami, la elefanta del zoológico, ha sido encerrada en una jaula tan estrecha que apenas la deja moverse. Deciden llevar a cabo una operación para salvarla, pero las cosas no resultan fáciles. La ayuda de un payaso callejero y su perro y de un viejo radiotécnico, les permitirán cumplir con su misión, durante la cual se fortalecerá la amistad entre ellos y destacarán cualidades como el amor al estudio, la disposición para el trabajo, el uso de la imaginación y la práctica de la solidaridad.


El libro refiere al enlace en la web www.elafantamami.com, que contiene canciones, videos y fotografías relacionadas con esta historia y sus personajes.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Cántale la cucaracha


Luis Martin Gómez
(A la memoria de Amín Abel Hasbún)
         Su instinto de trescientos veinte millones de años le indicó que debía huir y lo hizo en menos de un segundo hacia la esquina del peldaño. Sus sensores no se equivocaron. Alguien subía lentamente la escalera. Era Martín quien se preguntaba dónde comenzaba una escalera, si arriba o abajo. “Tal vez comience abajo, para el que sube. Pero para el que baja es obvio que comienza arriba”. Martín iba más o menos por la mitad de la escalera cuando vio a una cucaracha. Pudo aplastarla pero no lo hizo. Tenía sueño y estaba sucio después de su escurridiza caminata de tres días por montes y callejones. Mas cuando alcanzó el peldaño cuarenta y tocó la puerta, sintió revitalizarse. Una luz amarillenta se coló por las rendijas y le dejó ver sus botas rotas y húmedas. Del otro lado, alguien se acercó vacilante. Quién es. Soy Martín. La puerta se abrió. Una mujer se cubrió la boca tratando inútilmente de contener un grito de emoción. Era Irma y estaba embarazada. Se abrazaron sollozando. Víctor, el hijo de ambos, dormía.

            Que dónde están los compañeros, que quién denunció a Soto, que si Marino pudo asilarse, que cómo te sientes, amor mío, perdona tan larga ausencia, sabes que te amo pero antes está el compromiso con la patria, y el embarazo cómo va, estás comiendo, descansas suficiente, y qué opina Víctor del hermanito que viene, no te preocupes, amor, todo saldrá bien, el futuro nos pertenece, en primavera volverán las mariposas y los cuatro reiremos persiguiendo su vuelo de colores. Las preguntas, las promesas, los sueños revolotearon alrededor de sus cuerpos entrelazados en una danza de sudor y gozo. Apenas durmieron. Querían recuperar tantas caricias no dadas, tantos besos guardados. Levitaban en la laxitud del placer cuando golpearon la puerta.

            Qué hora es. Las seis. Quién será. Ha de ser uno de los compañeros que ya se enteró de que estoy aquí. Sólo se lo dije a Rafa, como acordamos. Ten cuidado, pide la contraseña antes de abrir. “Dulce y decoroso…”. No contesta. Quizás no te oyó, repítela un poco más fuerte. “Dulce y decoroso es…” ¡Abra la puerta, es la policía! Martín se vistió apresuradamente y trató de escapar por la puerta trasera pero no pudo pues tres agentes cubrían esa salida desde el techo de la casa contigua. Atisbó por la ventana de la sala y se dio cuenta de que numerosos agentes rodeaban la casa. Abreles, Irma, creo que no me harán nada, soy muy conocido y además estoy con ustedes. Irma abrió la puerta. Entraron dos cabos, un teniente y Teófilo, el ayudante del fiscal. Muéstreme la orden de cateo. Nadie respondió. Teófilo y el teniente sudaban copiosamente, miraban nerviosos hacia la escalera por la que subió Demóstenes, el jefe del servicio secreto. Muéstreme la orden de cateo, repitió Martín, o váyanse de mi casa. Tú siempre tan legalista, Martín, pero no te hagas el hombrecito que estás bien embarrado; revisen la casa. Por el ruido, Víctor se despertó, salió a la sala y se abrazó a sus padres. Irma lloraba. ¿Por qué lloras, mamá? Es que ella no es valiente como tú, dijo Martín; cántale La cucaracha para que ella vea que no tienes miedo. Víctor no cantó. Uno de los agentes regresó a la sala con una pistola que dijo haber encontrado en el baño de la casa. Ahora sí estás jodido, Martín, vas preso. No me venga con cuentos, esa arma la sembraron sus hombres ahora mismo, no soy idiota para andar armado en estas circunstancias. El teniente y Teófilo, el ayudante del fiscal, dijeron que se retiraban para consultar con sus superiores las acciones a tomar. No, no pueden irse, les gritó Martín, ustedes son mi seguro de vida, si se van mi familia corre peligro, no se vayan, no pueden irse. Se fueron. Bueno, Martín, ya no tienes quién te defienda, señaló Demóstenes; camina. No voy a ningún lado sin una orden judicial, sabe muy bien que es ilegal lo que está haciendo. Déjate de vainas legales, Martín, debiste pensarlo mejor antes de secuestrar al coronel gringo, con los americanos no se juega, tú lo sabes; camina, no te pasará nada, tú conoces al viejo, es incapaz de matar a nadie. ¿Y Soto, cómo explica lo de Soto? Eso fue un accidente, los policías que lo fueron a buscar eran pinos nuevos, estaban nerviosos y se le escaparon algunos tiritos; por eso me mandaron a mí a buscarte, yo soy un zorro viejo, no ves cómo te estoy tratando; camina, te digo. No, busque al ayudante del fiscal o al fiscal, sólo me entregaré a un representante de la justicia. Qué joder, quería que todo fuera por las buenas, pero no pones de tu parte; ¡llévenselo! Martín se abrazó a Irma y a Víctor pero los policías lo halaron y empujaron hacia la puerta.

            El destello se coló por la rendija e iluminó fugazmente el rostro de Víctor apoyado en el vientre preñado de su madre. Sin que pudieran llorar, sin que pudieran quejarse, los obligaron a bajar la escalera y pasar por encima del cadáver que yacía más o menos en el medio, los pies descalzos en el peldaño veinte, la cabeza destrozada en el doce. Víctor volteó la cabeza intentando no ver a su padre y descubrió a una cucaracha arrinconada en un peldaño. Recordó el encargo de su padre para que su madre fuera valiente como él y no llorara. “Porque le falta, porque no tiene, la patica principal…” murmuró apretando la mano de su madre. La sangre dibujaba un rastro escarlata que se perdía en la acera. Vista desde arriba, la sangre parecía bajar la escalera; desde abajo, daba la impresión de subirla.

Del libro Memoria de la sangre, 2008