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lunes, 26 de enero de 2015

Duarte y dos poemas reveladores

                                   Por Luis Martin Gómez

Entrada a Achaguas, Apure, Venezuela

(Fotografias de Luis Jorge Gómez)

La poesia, esa desquiciada, es la que hasta el  momento revela con más fuerza la presencia del Padre de la Patria dominicana, Juan Pablo Duarte, en Apure, Venezuela.  La poesia de Duarte y no los documentos legales y eclesiales sobre él que fueron rastreados infructuosamente por el historiador dominicano Roberto Marte, enviado en 1985 a Venezuela por el Banco Central de la República Dominicana para investigar más a fondo la vida del Patricio en en ese país, misión en la que recibió la ayuda del periodista venezolano Luis Cordero, Relacionista Público del Banco Central de Venezuela en ese entonces, y de Argenis Méndez Echenique, historiador venezolano y actual cronista de Apure.

Uno de los poemas que sitúa a Duarte en el inmenso llano del suroeste venezolano es “Súplica”, el único amoroso rescatado hasta ahora de la dispersa poesia duartiana,  y que, según el historiador dominicano Pedro Troncoso Sánchez, en su biografia novelada “Vida de Juan Pablo Duarte” (1), habría sido inspirado “por una beldad apureña que fue capaz de apartarlo un tanto de su monacal comportamiento”. Duarte escribió:

“Si amorosos me vieran tus ojos

acabarían mis penas en bien
pues quitaras así de mi sien

la corona que ciñe de abrojos.

Y a mi pecho volvieras la calma
que otro tiempo gozó placentero
y hoy le niega el destino severo
insensible a las penas del alma...” (Fragmento)

El otro poema es una elegia que Juan Pablo Duarte leyó en las honras fúnebres a Marcelino Muñoz, hombre notable de Achaguas y gran amigo y protector del Patricio durante los casi diez años que se estima vivió en ese municipio de Apure. Duarte leyó:

“Dígalo, ay!, sino la augusta sombra
que ya la tumba para siempre esconde
de aquel que en vano nuestros labios nombra
de a quien llamamos y que no responde.

De honor dechado y de virtud modelo
llamóle suyo aquese mundo impío
y el cielo dijo, sin piedad, sin duelo,
con voz tremenda “Marcelino es mío”.

Y oyó aquel fallo, y sin gemir doliente,
con faz tranquila, religioso y pío
adiós nos dijo con serena frente
aquel que fuera del Apure el brío…” (Fragmento)

Busto de Duarte en Achaguas
Ambos poemas permiten situar a Duarte en el Apure, o más bien, confirman lo dictado por él mismo a su hermana Rosa para sus fundamentales “Apuntes...” (2): “Por gratitud a él (Padre Juan Bautista Sangenis) me avecindé en el Apure”. La elegía, sin embargo, es prueba más contundente de la presencia de Duarte en Achaguas, pues figura en el folleto “Honores póstumos del Señor Marcelino Muñoz”, editado en 1856 y considerado el primer impreso de Apure. Argenis Méndez Echenique lo descubrió en la Biblioteca Nacional de Venezuela y lo incorporó integro, en formato facsimilar, en su obra “Aportes a una bibliografía sobre el Estado Apure” (3).
Estudiante de Achaguas
El otro poema, “Súplica”, es menos probatorio de los pasos del Patricio por el Apure y podría tratarse de una inferencia de Troncoso Sánchez en esa “interpretación viva del pasado”, al decir de Pedro Henriquez Ureña, que es su “Vida de Juan Pablo Duarte”.  Ciertamente, el poema, en el que Duarte promete amor a una mujer que se le muestra indiferente y manifiesta su esperanza en que su correspondencia le ayudará a sobrellevar la carga de sufrimiento que el destino le ha impuesto, no parece haber sido escrito en Santo Domingo, donde el Padre de la Patria apenas tuvo tiempo de disfrutar los logros de su labor revolucionaria; pero sí pudo haber sido compuesto en cualquier otro lugar de su extenso peregrinaje de 30 años, luego de su condena a muerte y destierro a perpetuidad de la patria que acababa de fundar, que lo llevó por Hamburgo, Saint Thomas, Caracas y los poblados a orillas del Orinoco y Río Negro en la amazonia venezolana. De manera que la mujer de sus desvelos  pudo ser tanto una apureña como una alemana, una caraqueña o una sancarleña (si finalmente es cierto que Duarte penetró hasta San Carlos de Río Negro, poblado fronterizo con Brasil y Colombia, hecho que pone en duda la antropóloga Cecilia Ayala, sobrina-tataranieta de Juan Pablo Duarte, en su ensayo “Duarte y la leyenda de San Carlos de Río Negro” (4).

Lo que no encontró Roberto Marte en los archivos públicos y eclesiales de San Fernando, San Juan de Payara, el Paso Arauca, Achaguas y sus alrededores (5); lo que imaginó Troncoso Sánchez en su recreación de la vida de Duarte; el vacío “inhistórico” creado por la parquedad del testimonio del mismo Duarte, y la destrucción por el fuego de sus apuntes de viaje; lo reveló, de manera insospechada, la poesía.

Río Matiyure, Achaguas
Parece que tenía que ser así. Esa planicie inconmensurable que son los llanos venezolanos, esa “tierra de más lejos que más nunca” (6) que retuvo por unos diez años a Duarte, en ocasiones sólo permite hablar a través de la literatura.

El autor es periodista y escritor



Referencias:
  1.  Pedro Troncoso Sánchez: Vida de Juan Pablo Duarte. Instituto Duartiano, Santo Domingo, 1980, segunda edición.
  2. Apuntes de Rosa Duarte: Archivo y versos de Juan Pablo Duarte. Secretaría de Estado de Educación, Santo Domingo, 1994, segunda edición.
  3. Argenis Méndez Echenique: Aportes a una bibliografía sobre el Estado de Apure. San Fernando de Apure, 1979.
  4. Cecilia Ayala Lafée: Juan Pablo Duarte en la Venezuela del siglo XIX: historia y leyenda. Colección Banco Central de la República Dominicana, Santo Domingo, 2014.
  5. Roberto Marte y Luis Cordero: Juan Pablo Duarte y la Venezuela de su época. Colección del Banco Central de la República Dominicana, Santo Domingo, 1987.
  6. La palabra Apure sería una derivación de una voz indígena con ese significado, según Argenis Méndez Echenique. 
Fotografías:

  1. Entrada a Achaguas, municipio del Estado Apure, Venezuela, donde Juan Pablo Duarte habría vivido alrededor de diez años.
  2. Busto del Patricio dominicano Juan Pablo Duarte en el bulevar del municipio de Achaguas, Estado Apure, Venezuela.
  3. Estudiante en la Plaza Bolívar, Achaguas, Venezuela.
  4. Río Matiyure, Achaguas, Venezuela.

sábado, 13 de abril de 2013

Argenis Méndez Echenique: “Que Achaguas sea ruta de peregrinaje patriótico”


Historiador, miembro de la Academia Venezolana de la Historia, cronista de Apure


Por Luis Martin Gómez

Pese a que vivió en Achaguas unos diez años durante su segundo exilio en Venezuela, pocas personas en ese remoto municipio del Apure saben quién es ese señor del busto ubicado en el pequeño bulevar de la ciudad, al lado del hospital y cerca del cementerio.

La tarja que identifica el busto dice escuetamente: “General Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria Dominicana, Miembro de la Sociedad Joven Achaguas”. No hay más información sobre él en el resto del pueblo.

Si poco se conoce ahora sobre el Patricio en Achaguas, casi nada se sabe de cuando estuvo aquí entre 1852 y 1862. No hay registros legales ni eclesiales; solo una elegía que Duarte escribió y leyó en 1856 en el sepelio de su amigo y protector Marcelino Muñoz.

“Dígalo, ay!, sino la augusta sombra
que ya la tumba para siempre esconde

de aquel que en vano nuestros labios nombra

de a quien llamamos y que no responde.
De honor dechado y de virtud modelo
llamóle suyo aquese mundo impío
y el cielo dijo, sin piedad, sin duelo,
con voz tremenda “Marcelino es mío”.
Y oyó aquel fallo, y sin gemir doliente,
con faz tranquila, religioso y pío
adiós nos dijo con serena frente
aquel que fuera del Apure el brío…”


La elegía escrita por Duarte está incluida en el folleto titulado Honores póstumos del señor Marcelino Muñoz, editado en 1856 y considerado el primer impreso de Apure. Se trata, hasta ahora, del único documento probatorio de la presencia del Patricio en Achaguas. Su descubrimiento se lo debemos al historiador Argenis Méndez Echenique, miembro de la Academia Venezolana de la Historia y cronista oficial de Apure, quien localizó el texto de Duarte mientras llevaba a cabo una investigación en la Biblioteca Nacional de Venezuela.

AME En el año 1983, en un evento internacional de historia, le mostré al periodista y escritor dominicano Pedro Ramón Vásquez y Vásquez el primer impreso publicado en Apure, que yo había encontrado haciendo un trabajo sobre autores nativos, y dio la casualidad de que allí apareció inserto un texto de Duarte, fechado en Achaguas, que habla de la muerte de su amigo Marcelino Muñoz,  hijo mayor de José Cornelio Muñoz, un prócer de la independencia venezolana.

El folleto, de 35 páginas, incluido como apéndice en la obra Aportes a una bibliografía sobre el Estado Apure, publicada por Argenis Méndez en 1979, contiene el acta de la reunión de la Sociedad Joven Achaguas en la que se acordó rendir tributo al fallecido Marcelino Muñoz; la oración fúnebre pronunciada por el orador Lucindo Antonio López; discursos de los señores Pedro M. Conde, Federico Montolieu, Juan Pablo Duarte y Vicente Aguirre; y una carta de agradecimiento al sacerdote Juan Bautista Sangenis, también protector de Duarte y quien lo habría convencido de salir de la región de Río Negro y “avecindarse en el Apure”.

AME Marcelino Muñoz, protector material y moral de Duarte, era una persona muy querida en Achaguas; fue Secretario de Gobierno de la Provincia de Apure en la época de los Monagas, representante de Apure ante el Congreso Nacional, y fundador de la Sociedad Joven Achaguas, agrupación de tipo cultural y de difusión del pensamiento liberal donde se discutían asuntos religiosos, filosóficos y relativos a la masonería, en la que participó activamente Juan Pablo Duarte.

Además de haber encontrado la única huella palpable de Duarte en Achaguas, el historiador Méndez
Echenique colaboró con el historiador dominicano Roberto Marte y el periodista venezolano Luis Cordero Velásquez en la investigación auspiciada conjuntamente por los bancos centrales de República Dominicana y Venezuela, que dio como resultado el libro Juan Pablo Duarte y la Venezuela de su época, publicado en 1985; participó en la colocación del busto de Duarte en Achaguas, obsequiado por el gobierno dominicano a mediados de los 90, por iniciativa de Kart Sonni Rojas, agregado cultural de la embajada dominicana en Venezuela; y publicó varios artículos sobre el Patricio que ha reunido en un folleto titulado El peregrinaje de Juan Pablo Duarte por Apure. Por sus aportes al conocimiento de Duarte en Venezuela, el Instituto Duartiano lo hizo Miembro Activo.

AME Mi deseo es que todo esto cuaje en una relación permanente con nuestros fraternos amigos dominicanos y que ellos vean en Achaguas un lugar de peregrinaje patriótico, como sucede en lo religioso con la imagen del Nazareno, para estrechar nexos culturales, históricos, comerciales y turísticos entre ambos pueblos.

Testimonio

“Tenemos la intención de mejorar el bulevar donde está el busto de Juan Pablo Duarte y bautizarlo con su nombre. Es un honor para nosotros que Duarte haya estado en Achaguas y nuestro compromiso es dar a conocer mejor esa parte de nuestra historia para que se aprecie el esfuerzo, el sacrificio del Patricio dominicano”. Argelia Aguirre, alcaldesa de Achaguas.
El autor es periodista y escritorNOTA: Esta entrevista ha sido realizada gracias a la colaboración de la empresa Odebrecht y la Fundación García Arévalo.



sábado, 23 de marzo de 2013

Antonio José Pérez Cardozo: “Duarte habría orado al Cristo de Achaguas”


Vicario General de la Diócesis de San Fernando de Apure, Párroco del Santuario Nacional Cristo de Achaguas

Por Luis Martin Gómez

En Achaguas, municipio del Estado Apure, Venezuela, donde Juan Pablo Duarte habría vivido diez años durante su segundo exilio, dos personajes le disputan la atención al Patricio: el Libertador Simón Bolívar, omnipresente en calles y plazas, y el Milagroso Cristo de Achaguas, símbolo espiritual de esta pequeña ciudad localizada a unos 500 kilómetros de Caracas.

Este Cristo, tallado en cedro amargo por el artista español Merced Rada, mide 1 metro 80 de altura y carga una cruz de 1 metro 40 de largo, al pie de la cual está la figura de Simón de Cirene, el campesino que, según las Escrituras, ayudó a Jesús a cargar la cruz hasta el Gólgota.

Según nos cuenta el sacerdote Antonio José Pérez Cardozo, Vicario General de la Diócesis de San Fernando de Apure y párroco de la iglesia de Achaguas,  la llegada de este Cristo a Achaguas fue fruto de una promesa que hiciera el General José Antonio Páez, patriota y dos veces Presidente de Venezuela, de obsequiar un Cristo a la población de Achaguas si él y sus tropas resultaban vencedores en la batalla de Carabobo, decisiva para la independencia venezolana.

AJPC El 10 de mayo de 1821, antes de partir de Achaguas al mando de 2,500 hombres, Páez oró en la iglesia del pueblo e hizo la promesa de volver con la imagen del Nazareno. Por tanto, la historia del Cristo de Achaguas está estrechamente ligada a la lucha por la independencia venezolana y a la fe del pueblo en su soberanía.

Páez tardaría varios años en cumplir su promesa, tras su triunfo en Carabobo, donde tuvo una destacada participación, bajo las órdenes de Simón Bolivar. En 1833 encargó tallar la figura que finalmente fue entregada a la población de Achaguas en 1835.


Se presume que el Padre de la Patria dominicana Juan Pablo Duarte habría estado en Achaguas, según los pocos documentos existentes sobre su etapa venezolana, entre 1852 y 1862, de manera que a su llegada a esta ciudad, procedente de Rio Negro y de manos de su protector el sacerdote Juan Bautista Sangenis, ya el Cristo estaba instalado.

AJPC Suponemos que Duarte habría tenido sus momentos de oración ante el Cristo pero no tenemos ninguna constancia documental de su presencia en esta parroquia. Es seguro que el misionero capuchino de aquella época fue escribiendo todo lo que sucedía en la iglesia pero al parecer la humedad y los insectos destruyeron esos documentos.  No tenemos ningún registro desde 1774 hasta 1912. Habría que investigar en los archivos de la iglesia en Caracas para ver si se puede encontrar algo del periodo en que Duarte estuvo aquí.

Un Cristo milagroso

Aunque su nombre oficial es Nazareno de Achaguas, este Cristo ha sido bautizado como El Milagroso Cristo de Achaguas, debido a los numerosos milagros que los fieles aseguran haber recibido por su intermedio.

AJPC Hemos visto sanaciones de cáncer de garganta, de próstata, de mamas; gente que ha recuperado la visión y parejas con problemas para procrear que han podido tener sus hijos después de pedirlo al Cristo.   Una vez vino desde Caracas un señor con problemas del corazón a quien los médicos habían desahuciado y a los que él había dicho: “yo tengo un médico que me va a sanar”; se arrodilló ante el Nazareno y se curó de esa dolencia. Dos sobrinas que lo acompañaban aseguran que en el momento de la petición el Cristo movió la mano derecha; luego se comprobó que la manga de la túnica del Cristo se había bajado, y no pudo ser el viento, porque la figura está encerrada en una caja de cristal.

El Cristo de Achaguas es venerado por los fieles durante todo el año pero en Semana Santa la afluencia de fieles a la iglesia donde se encuentra se torna masiva. El miércoles Santo, la iglesia celebra 12 misas, comenzando a las 4 de la madrugada. A las 5 de la tarde, el Cristo es paseado por todo el pueblo en una procesión que termina a medianoche.

AJPC  El Cristo de Achaguas es un resorte de Fe, una fuerza misteriosa que une a los pueblos llaneros de Venezuela.

Este Cristo, que simboliza uno de los dolorosos momentos de Jesús en su calvario, pudo haber servido de consuelo a Duarte, muy creyente en Dios, sin dudas, como lo evidencia la invocación al Señor en el juramento trinitario, sus estudios de historia sagrada con el Padre Sangenis, y su casi entrega al sacerdocio, que declinó por su consagración a la Patria.

Uno imagina que algunas tardes, terminada su labor comercial, o después de haber participado en una de las reuniones de la Sociedad Joven Achaguas, de la que era miembro activo, el Patricio se inclinaba ante el Nazareno para pedir por muchas cosas, pero especialmente por su familia y por su amada Patria, siempre por su Patria.

Oración al Cristo de Achaguas (fragmento)

"Misericordioso Jesús Nazareno de Achaguas, te suplicamos por las necesidades del mundo entero, por la paz y la concordia entre los pueblos, que cese la violencia para que todos los hombres caminemos por sendas de progreso material y espiritual… ¡Oh! Jesús Nazareno, que al cargar con la cruz camino del calvario llevaste sobre tus hombros el peso de nuestros pecados para darnos la Salvación, te imploro perdones mi extravío, pues arrepentido vengo a ti confiado en que aceptes esta plegaria…"

NOTA: Esta entrevista fue realizada gracias a la colaboración de la empresa Odebrecht y la Fundación García Arévalo

El autor es periodista y escritor


      

sábado, 2 de marzo de 2013

Cecilia Ayala: Duarte, ni tan solo ni tan pobre


Cecilia Ayala
Antropóloga e historiadora, autora de los ensayos La familia de Juan Pablo Duarte en la Caracas de 1845-1890, y Duarte y la leyenda de San Carlos de Río Negro

Por Luis Martin Gómez
Desde pequeños, nos enseñan que Juan Pablo Duarte murió solo y pobre en Venezuela. Cecilia Ayala, sobrina tataranieta del Patricio, sostiene que ni una cosa ni la otra.
CA Murió rodeado de sus hermanos y demás familiares que estaban con él en Venezuela. ¿Pobre? Tenemos documentación de que la familia tenía una casa respetable, considerable en tamaño, en una de las principales esquinas de Caracas, a una cuadra de la casa de Bolívar.
En su ensayo La familia de Juan Pablo Duarte en la Caracas de 1845-1890: un análisis socioeconómico, Cecilia Ayala muestra el acto de compra de una casa ubicada en la llamada Esquina del Chorro, firmado por Rosa Duarte el 8 de agosto de 1855; el precio de compra fue de 2,300 pesos venezolanos, “cifra considerable para aquellas fechas”.
Aunque la investigadora no ha podido hallar ninguna fotografía o dibujo de la casa de los Duarte Diez, establece, a partir de un plano topográfico de Caracas de 1874, que la vivienda pudo haber ocupado un tercio de la cuadra donde estaba situada. “El solo hecho de que su fachada principal colindara con el frente de tres casas, puede darnos una idea del espacioso frontis que tenía esta propiedad”, señala Ayala, quien hizo una recreación de lo que pudo haber sido esta vivienda, basándose en las características de las casas coloniales que existían para la fecha en que Duarte y sus hermanos vivieron en la capital de Venezuela.
Cecilia Ayala indica en su ensayo que los tíos maternos de Juan Pablo Duarte tenían varias propiedades en Venezuela. Mariano Diez poesía desde 1841 una estancia de unos 8 mil metros en Maiquetía, donde posiblemente se guareció la familia Duarte Diez los primeros días después de llegar como exiliados a ese país; y tenía varias casas en Caracas, en una de las cuales, situada entre las esquinas Pájaro y Zamuro, habría muerto Duarte. También José Prudencio Duarte poseía varias viviendas en Caracas.
“Sin ser gente acaudalada, los Duarte Diez sí contaron con los recursos económicos suficientes para llevar una vida sin mayores privaciones y mantener excelentes relaciones en el ámbito social”
Sin embargo, son las mismas hermanas de Juan Pablo quienes se quejan de su situación económica calamitosa. En carta al Comisionado del Ayuntamiento de Santo Domingo con motivo de las gestiones del traslado de los restos del Patricio a República Dominicana, en octubre de 1879, Rosa y Francisca revelan que, tres años después de la muerte de su hermano, no han podido pagar los gastos por su enfermedad y entierro. Posteriormente, en mayo de 1883, José Prudencio Diez expuso ante el Congreso Nacional de República Dominicana la situación de precariedad de las hermanas de Duarte, “solas en tierra extranjera, sin abrigo y sin pan…”. Y en otra carta al Ayuntamiento de Santo Domingo, en 1884, las hermanas hablan de penurias y martirios.
 LMG ¿No hay una contradicción entre lo que denuncian las hermanas de Duarte y la situación de relativa bonanza que, según su investigación, disfrutaba el Patricio y su familia?
 CA Cuando muere Manuel, el último de ellos, le dejan la casa familiar a mi bisabuela, Matilde Duarte. Y si se la dejaron en herencia, quiere decir que eran dueños de la misma, así que no me explico por qué ellas dicen en la carta que estaban en una situación calamitosa.
Cecilia Ayala piensa que las dificultades de que se quejan las hermanas del Patricio habrían tenido que ver más con la demencia de Manuel, el menor de los hermanos, a quien ellas tuvieron que cuidar mientras vivieron.  “A esta situación familiar debió haberse referido Emiliano Tejera cuando llamó al hogar de los Duarte “Mansión de dolores”.
La leyenda de Río Negro
En otro ensayo, Duarte y la leyenda de San Carlos de Río Negro: análisis crítico, Cecilia Ayala pone en duda que el Patricio haya estado alguna vez en San Carlos de Río Negro, remoto poblado venezolano localizado cerca de la frontera con Brasil. Según esta investigadora, se trata de una leyenda que pudo haberse originado en la interpretación metafórica de las palabras del Padre Fernando Arturo de Meriño  ante los restos repatriados de Juan Pablo Duarte, el 27 de febrero de 1884.
 Ayala presume que la frase “… se encaminó a las selvas de Río Negro, lugar impenetrable de la República de Venezuela sólo habitado en aquel tiempo por tribus salvajes…”, fue tergiversada dos días después, el 1 de marzo de 1884, por el historiador José Gabriel García al reseñar en el periódico El Mensajero que Duarte “…dedicado al comercio en las costas orientales de (Venezuela), fue alejándose poco a poco, hasta que internándose por el Orinoco y por el Río Negro, llegó a los  confines de Brasil, donde se perdieron las huellas de su itinerario hasta para los miembros de su propia familia…”, una frase sin ningún sustento documental que más bien parece, según la investigadora, inspiración de García.
 El trabajo de Ayala contiene un cuadro comparativo de las reseñas sobre el tema hechas por distintos autores durante los siglos XIX y XX, en las que tienden a repetirse, a veces poéticamente, la crónica de José Gabriel García. La autora señala que, si bien Duarte pudo haber relatado a Meriño y a García su periplo por la selva venezolana, es improbable que el Patricio se refiriera específicamente al poblado de San Carlos de Río Negro, aunque sí a esta Región, que es muy amplia y ocupa lo que hoy es el Estado Bolívar.
“Duarte estuvo muy lejos de ser ese hombre desencantado, agobiado por la indigencia y el peso de los sufrimientos y fracasos, que algunos han querido presentar”
Ayala recuerda que lo único conocido y documentado sobre los 32 años que Juan Pablo Duarte vivió en Venezuela, según los Apuntes de Rosa Duarte, las cartas del Patricio y una elegía escrita por él a la muerte de su amigo Marcelino Muñoz, es que anduvo doce años por la selva, que estuvo en Achaguas, Estado Apure, y que residió en Caracas. Todo lo demás es especulación. La falta de información, a juicio de la antropóloga, ha dado paso a esa leyenda y también a la que habla de un Duarte deprimido, derrotado, perdido en los montes.
CA Por supuesto que Duarte estuvo haciendo actividad comercial; un individuo como él, que encabezó una gesta como la dominicana, no pudo luego cruzarse de brazos y echarse a morir en la selva. En una oportunidad, alguien me informó que Duarte habría trabajado como gerente de unos vapores en el Orinoco, pero no se ha buscado constancia en los archivos de la zona.
Ni solitario, ni pobre, ni deprimido. La visión de Cecilia Ayala sobre Juan Pablo Duarte contrasta con el discurso oficial y abre la posibilidad al debate acerca de esta etapa insuficientemente explorada de la vida del Patricio.

NOTA: Esta entrevista ha sido realizada gracias a la colaboración de Odebrecht y la Fundación García Arévalo.
El autor es periodista y escritor